Medina Azahara
Palau de la Música Catalana
, Barcelona
2/03/22

Marco incomparable para un concierto homenaje a Triana, aunque para ser sincero albergaba mis dudas sobre el sonido que podría encontrarme con una banda como la protagonista, desde el primer tema pudimos disfrutar de un sonido espectacular, que si bien es cierto, al principio fue poco generoso en volumen, se consiguió arreglar al segundo tema; lástima que fueran los mejores de la noche.
Era de esperar que Medina Azahara presentara el disco «Llegó el día», de una manufacturación perfecta, pero quizás no con un listado de canciones similar, es decir, que ignora temas emblemáticos de Triana para decantarse de otros quizás más prescindibles, por lo tanto no extrañó a nadie que el disco se deshojara al completo, aunque la esperanza de una generosidad más espléndida se vio alentada con el comienzo del concierto, el resto fue previsible.

Aparece el grupo arropado por una audición homenaje al trío andaluz que fue completamente tapada por el respetable que abarrotaba el maravilloso anfiteatro y que desde el inicio se comprobó que idolatraba a los músicos. No acababa la ovación de extinguirse cuando todos reconocimos la atmósfera que recrea el principio el «Hijos del agobio», himno emblemático de Triana, del rock andaluz y a la postre, de aquella mentira cruel llamada Transición. La piel de gallina se aceleraba por brotar sin dar tiempo al descanso al comprobar que el segundo clásico era «El Lago», otro himno generacional últimamente rescatado por bandas como A ContraBlues y DePedro y Los Coronas, pero que han interpretado entre otros, con más o menos desgracia, Mägo de Oz, Ketama o los propios Medina Azahara, aunque en esta ocasión se amoldaron al sonido Triana.
Desde ese momento, se presentan y Manuel Martínez comienza a desplegar una a una todas las canciones del disco, regalando una primera parte del concierto espectacular, donde el público de Medina y Triana, que no tiene porque ser el mismo, no paró de corear los estribillos como si de una ceremonia religiosa se tratara. Tras la prescindible «Desnuda la mañana», temas como «Una noche de amor desesperada», «Sentimiento de amor», «Se de un lugar», el maravilloso «Sr. Troncoso» y la no menos magistral «Quiero contarte», configuraron una de las citas musicales más emotivas a las que he asistido últimamente y trajeron a mi malgastada memoria las dos ocasiones en las que pude disfrutar de los auténticos Triana, algo que no podré agradecer nunca a Medina Azahara como se merece.

Pero aquí comenzó otro concierto más alejado de las grandes sensaciones vividas, posiblemente porque ya había agotado el cupo de las mismas. «Llegó el día» siempre ha sido un tema que no he soportado, por lo triste y por ser desde el principio un mal augurio que se cumplió, «Tu frialdad» fue aquella canción de Triana que colocaban en todas las emisoras y que terminó siendo pasto de recopilatorios cutres y temas para bailar agarrados en las discotecas, mientras que se intentaba arrimar cebolleta, en medio, «Cae fina la lluvia» y «Recuerdos de una noche», que perfectamente podrían haber sido sustituidas por numerosas canciones más identitarias, fundamentales y valiosas, pero no fue así.
Como si de un bis se tratara, se acabó Triana y comenzó Medina Azahara, lo que provocó la locura colectiva en el Palau con la épica «Paseando por la Mezquita», el clásico de Los Módulos «Todo tiene su fin» y el reivindicatorio «Necesito respirar», que me pareció más largo que un día sin pan, aunque el respetable se desgañitaba en cantar una y mil veces el estribillo, lo cual como es respetable, me hizo sentir fuera de lugar, al ser el único que no abrió la boca, ni debajo del bozal, que era obligatorio llevarlo, al menos colgado de las orejas. Tampoco dije ni esta boca es mía con la despedida y presentación de los músicos, con largos y tediosos solos de AC/DC, Europe o Michael Jackson entre otros, con algo de más de veinte minutos que aguanté estoicamente sin moverme del sitio para no molestar al, repito, respetable público.
En definitiva un buen concierto, sobre todo si tengo en cuenta que siendo la segunda vez que veía a la banda, me gustó muchísimo más que la primera, cosa que achaco al marco incomparable por encima de todo. Eso sí, llevo desde entonces enganchado a mis discos de Triana, y haber provocado eso no tiene precio… ¡Gracias Medina!
Texto: Jlbad
Fotos: Laura Mont


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