
GLENN HUGHES
Sala Razzmatazz. Barcelona
17/05/2023
Envuelto en el halo de los muy grandes, en una forma física envidiable y con el poderío vocal intacto, se presentaba en Barcelona GLENN HUGHES, una de las últimas y verdaderas estrellas de Rock que quedan. La excusa era, aunque no hacía falta, la celebración de los cincuenta años del «Burn» de DEEP PURPLE, aunque como cualquier rocker@ bien documentad@ sabe, el álbum está fechado a principios de 1974. Tampoco fue una revisión como las que se estilan en plan interpretar el disco entero y en el mismo orden. No. Glenn no es así y ha armado un setlist para esta gira en el que además de algunas delicatessen de «Burn» añade otras, todo de DEEP PURPLE eso sí.

En cualquier caso, un repertorio que tira de espaldas, pocas canciones, pero estiradas hasta el infinito, aprovechando «No fool no one» para el lucimiento de la banda, momento bluesy en el que pudimos apreciar la calidad de Soren Andersen a la guitarra o la contundencia y precisión a la batería de Ash Sheenan, el cual hasta hizo entretenido el solo de batería, esa rémora de los setenta, generalmente aburrida, pero que en este caso fue muy disfrutable con detalles de majorette incluidos. Unos músicos que llevan ya muchos años tocando juntos y que se entienden a la perfección, mención muy positiva también para el teclista Bob Fridzema, que pese a llevar poco en la formación se destapó como un sagaz e imaginativo músico. Todos ellos conforman el mejor homenaje en vivo que se puede ver hoy en día a DEEP PURPLE, para mi gusto mucho más entretenidos que la banda madre, la cual se arrastra desde hace años por los escenarios cuál diplodocus enfermo. La banda suena potente y fresca y a Glenn se le ve feliz y disfrutando con lo que hace, no vive preso del repertorio Purple, su música en solitario o la cantidad de proyectos en los que se embarca (BLACK COUNTRY COMMUNION, THE DEAD DAISIES, etc.) dan cuenta de ello, pero de tanto en tanto le da por montar una gira con material clásico de la banda que lo hizo famoso, ningún problema, tiene todo el derecho del mundo a hacerlo, él compuso también esos temas.

Su estado de forma merece párrafo aparte, delgado hasta la envidia, recuperando melena y con una dentadura que por perfecta parece irreal se pavoneaba con su bajo colgando por el escenario de Razzmatazz con la majestuosidad e insolencia de los grandes. La voz, a pleno rendimiento, no faltaron, finalizando el bolo, sus característicos excesos con los agudos, que parece ser que a algun@s les chirrían un poco, pero que bien se los puede permitir. Una exhibición física y vocal ante una abarrotada sala, lo cual es un triunfo en una noche entre semana con partido de la Champions League, habida cuenta también de las muchas veces que ha actuado en la ciudad condal. No faltó esa joya que es «Mistreated», canción que debería exponerse en el Louvre de la música en el caso de que existiera algo así, ni el maravilloso ritmo machacón de «Sail away», un par de temas también del enorme álbum «Come taste the band» o esa licencia que se tomó ya en el bis con «Highway star», siempre matadora en vivo, en la que se incorporó a la banda Marco Mendoza. Para rematar «Burn», primer corte del disco homenajeado y en este caso última canción de la noche, fiel reflejo de como hace las cosas Glenn Hugues: como le da la gana. Que así sea.
Texto: Nico García
Fotos: Pili Pimpinela



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