
The Main Squeezee. Aniversario Rocksound
Sala Upload
6.06.2023
Id a verlos. La próxima vez, id a verlos. Merece la pena. Son frescos y te llevan donde quieren. La banda está de gira presentando su sexto álbum, es decir, no son unos recién llegados. Esta vez, el Upload presentaba una entrada pobre para lo que merecen estos Angelinos. A penas había media entrada, pero eso sí, y no exagero, un público entregado a más no poder y muy ruidoso. Público diverso y con ganas de divertirse. No había visto antes esta sala con un público tan enfervorizado. Ya, desde el primer tema auparon a la banda de forma escandalosa. Tanto, que por momentos parecía una noche de sold out. Y los tipos respondieron con un gran concierto.
Esta vez me acompañaba Maxi Moscardi, mi compañero de escenario desde hace casi veinte años. Él lo sabe todo sobre música. Y él fue el primero que me habló de lo buenos que eran los Squeeze. Y los definió como los Pink Funk. Y no se equivoca. Inexplicablemente, esta banda que mezcla soul con hip-hop, funk con rock, son admiradores de la obra de Pink Floyd y de tanto en tanto te cuelan un pasaje de guitarra y teclado que recuerda los mejores solos de Gilmour o las hipnóticas atmósferas Richard Wright.

Y así arrancó un show, de hora y media, ecléctico y non stop. Enlazaban tema tras tema con unos efectivos arreglos de batería. Corey Frye, su frontman, es un tipo simpático que empatiza con la audiencia y con sus colegas de escenario, a la primera. Y es lo que te dan a entender. Que son un grupo de colegas haciendo lo que más les gusta. Buen rollo, miradas cómplices y buena, muy buena música. Puedes embelesarte un buen rato observando a cada uno de sus componentes. Maxi me dijo que me fijara en Max Newman. Guitarrista de los buenos. Muy joven y que apunta muy buenas maneras. Un sonido nítido de Gibson SG y saber estar. Magnánimo en los solos, disciplinado con la rítmica y sin duda, admirador de David Gilmour. Una delicia. Rob Walker, una maravilla con el bajo y también al teclado. Produciendo unos graves que hacían temblar la sala. Reuben Gringrich batería, es una locomotora. Lleva el peso de un gran setlist. Muy elaborado, con permanentes cambios de ritmo y estilo. Una máquina. Y finalmente, Smiley, el teclista. Un entusiasta contagioso. Mucha actitud y muchos recursos.
En definitiva, una gran banda con un setlist muy sólido. De esos directos que hacen fans. Cuando crees que te han ofrecido lo mejor, te suben la apuesta. Y finalizan, con una guerra entre el Keytar del teclista y el guitarrista. Un final apoteósico con una versión de «Have a Cigar» estratosférico. La próxima Id a verlos.
Texto y fotos: Xavi Malacara


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