
Henrik Freischlader
Razzmatazz 3, Barcelona
8/06/2023
En casa nunca te pasa nada. Es algo que llevo por bandera. Salir para que me pasen cosas. Y ahora os contaré que esa noche pasaron cosas. Llegué muy pronto al Razzmatazz 3. Hacía años que no lo pisaba. Antes, observé un edificio de oficinas, sobre el solar que ocupaba mi amado Rocksound. Una pena, ver cómo pasa el tiempo para según que cosas. Al subir las escaleras observé que Henrik y su banda, estaban sentados en los escalones que te llevan a la sala. Recibían al público con una sonrisa. Y esta vez la sala presentaba una buena entrada. No sé como la gente se entera de las cosas buenas. Yo suelo enterarme cuando ya ha pasado y no hay remedio.
La banda saltó al escenario donde les esperaban un Hammond enfundado en una caja de madera que parecía recogida del confesionario de alguna iglesia presbiteriana. Las fundas de las guitarras de Henrik abiertas y con su nombre pintado, permanecían cara al público. Dentro, una preciosa Strato y una Les Paul que sonaban cómo el mismo cielo. Poderosas y nítidas a partes iguales.
Fue una noche de auténtico blues. Y cómo se agradece la ortodoxia cuando está bien ejecutada. Fue un tratado de ritmos clásicos. Buen gusto y sin adornos. No hacía falta. Cíñete al clásico twelve-bar y llévate al respetable contigo. Y eso es lo que hicieron. Un setlist compuesto de solo nueve temas para hora y media. Contundente la base rítmica. Un batería, Hardy Fischötter, carismático y al bajo, Armin Alic que no miró al mástil ni una sola vez. Mientras, el Leslie del Hammond giraba para ofrecer armonías y melodías cuando el bueno de Henrik ofrecía un repertorio inacabable de solos y ritmos preciosos.
Gustaron mucho. Los que estábamos allí disfrutamos de lo lindo. El techo del escenario del pequeño Razz estuvo iluminado de rojo todo el concierto y ellos incendiaron el ambiente. Y esa es la mejor definición. Una velada de blues de muchos grados. Temas como Free de su último disco, sonaron contundentes. The Bridge o I wanna go, son verdaderas joyas.

Como os decía, cuando sales de casa ocurren cosas. Estuve un buen rato bailando con la Big Mamma Montse, disfrutando del show. Y cuando parecía todo el pescado vendido, la sorpresa de la noche. Sube un joven a tocar la guitarra con la banda, The Sky is Crying de Elmore James y nos deja con la boca abierta. Qué maravilla de guitarrista. Fui a buscarlo al final de la sala para preguntarle su nombre. Lo apuntó en mi móvil. Y ahora en casa he buscado de quién se trata. Pues queridos lectores, nada más y nada menos que Jack Moore, hijo de Gary Moore. Casi me caigo de la silla. Es muy bueno! buscarlo por Google. En definitiva, fue una noche para el recuerdo.
Texto y fotos: Xavi Malacara
Video: Salva «PotablabaBlues»


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