
No todos los días tienes la oportunidad de ver una leyenda en tu ciudad. Aunque este año está siendo de una cosecha inolvidable. Creo que anotaré el 23 como el año en que pude asistir a los mejores conciertos de mi playlist. Llegué a La [2] del Apolo. Acalorado, en otra noche de este verano interminable. No sabía que nos iba a ofrecer este rockero neoyorquino afincado en París. Apareció sobre el escenario Elliott Murphy y su banda. Los grandes tienen un halo que los diferencia. Una mirada penetrante y afilada. Una sonrisa cálida y distante a partes iguales. Sobre su ropaje, su icónica cola blanca que asoma de forma traviesa bajo su sombrero. Imagen del paso del tiempo que cuenta. El oficio del músico de carretera. Del escritor incansable. Del tenaz buscador de historias y versos.

Este rockero ha alcanzado el Olimpo. Ese lugar reservado para unos cuantos elegidos. Elliott Murphy da categoría de religión a sus composiciones y a su interpretación en el escenario. Se muestra como un predicador. Levanta como un templo cada pieza del repertorio. Combativo sin exceso, pasa de la noche del trovador a la luz cegadora del rockero. Echa raíz en la mística del folk para esculpir la palabra. Y para qué se entienda, en formato acústico.
Le acompañan a la guitarra, su escudero Olivier Durand. La violinista Melissa Cox y el batería Alan Fatras. Un combo de ensueño. Murphy reparte el mérito entre sus colegas que se adornan en preciosos coros y encendidos solos de violín y guitarra. Sin bajista, el batería le da al cajón para no echar ningún grave de menos. Y funciona. Pasas de la trascendencia de temas como el de su estrenado single “Summertime” donde Elliott te atrapa con hermosas armonías, a verte de repente en un Pub Irlandés de Boston, celebrando Sr Patrick. Porque aunque lleve treinta años en Europa, sigue siendo Yankee y tiene claro el sentido del espectáculo.

Y así, bordando canción tras canción y ante un público rendido por completo, pasó una noche entrañable. Elliott Murphy te conquista y no te deja ir. Generoso y agradecido se mostró toda la velada. Dos bises y firma de discos desde el escenario al acabar. Tengo que reconocer que me llevó con él y aún sigo ahí. Dándole vueltas a su extensa discografía en otra calurosa mañana de domingo.
Texto y fotos: Xavi Malacara

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