SIENA ROOT + CACHEMIRA
Razzmatazz 3. Barcelona
10.12.24

Gran noche de domingo, para despedir un largo puente, que sin moverse a cientos de kilómetros, hemos disfrutado, musicalmente hablando. Para cerrar esta transición festiva entre la religión y la política, en un país supuestamente laico y presuntamente democrático, guitarras poderosas, blues, psicodelia y buen hard rock.

Abrieron la noche Cachimira, que tras su retorno en 2020 y la edición de «Ambos mundos», ha crecido exponencialmente y es, hoy en día, una maravillosa máquina de acid rock. Así lo demostraron en la sala pequeña del Razz, con los escasos tres cuartos de hora que tenían concedidos.
Un set list aprovechado y exprimido con el álbum mencionado anteriormente, que le sirvió para crear una atmósfera mordaz, fermentando en miles de iones de hidrógeno entre la audiencia, y de esta forma, generando un ambiente propicio para la interacción con el público.

La propuesta es sólida y contundente, el peso de la misma orbita en la figura de Claudia, ex-Mothercrow, que apoderándose de la voz, aporta una personalidad omnipresente, ejerciendo de auténtica Marie Laveau en el entarimado. De esta forma, reparte sus ritos, repartidos a diestro y siniestro, comenzando la ceremonia con «Mujer Vudú», a modo de tarjeta de visita en castellano, para dejar fluir el repertorio de tal manera que al acabar con la psicotrópica «Ambos mundos», con aires aflamencados en una disertación cercana a la jam. Muchos nos preguntamos, si esta es la banda que abre, y nos ha dejado completamente envenenados, qué podemos esperar de la que cierra.
Atrás dejaron ocho temas lisérgicos, con algún apunte beatle y repasando su último disco, del que abandonaron «Keep An Eye On Me». Una actuación magnífica, cargada de buenas vibraciones, guitarras punzantes y ambientaciones efervescentes.

Tenía muchas ganas de ver a Siena Root, sobre todo porque su álbum «Revelation», editado a principios de año, me parece de lo mejor que he escuchado de la cosecha actual. La sala 3 del Razz, mostraba una entrada casi plena, de público entusiasta, como habían demostrado con Chachimira. Curioso que en la sala mediana del complejo, actuaban unos suecos muy monos que provocaron colas en la manzana, cargados con banderitas a modo de Eurovisión, que me trajeron retortijones al estómago, al doblar la esquina que antaño ocupaba el Rocksound y ahora unas columnas asquerosas de un edificio no menos tétrico y sin personalidad. Afortunadamente, la fauna de la larga línea humana, no era el público que me iba a encontrar, cosa que era de agradecer.
El cuarteto de Estocolmo salió casi puntual a las 20:30, para desprender un show casi idéntico al que habían presentado la noche anterior en Euskadi. Comenzaron con «Time Will Tell», dejando que la poderosa voz de la joven y simpática Zubaida, comenzara su particular fiesta de cumpleaños.

Si no te habías enterado con el primer tema, estaba «Ridin´Slow» para aclarar las cosas. Los temas del disco se transforman en grandes interpretaciones, que los acercan a las jam bands muy a menudo. El sonido sigue marcado por efluvios de los 60’s y 70’s, pero consiguen que suene actual al mismo tiempo que nostálgico, pero nada de añoranzas melódicas. Sus influencias marcadas de Jethro Tull en estudio, desaparecen en parte, para dejar paso a otras más eficaces como Jefferson Airplane o It’s A Beautiful Day, entre otros. La voz de Zubaida, en ocasiones, nos recuerda a una joven Grace Slick o una Christine McVie con los Chicken Shack. Con el cuarto tema, «Coincidence & Fate» y el quinto, «Dusty Roads», se adentran en el último álbum y el público ya está poseído por su mágica ceremonia lisérgica, la voz se vuelve dulce, la guitarra garabatea el aire cargado de la sala, como el LSD lo hace con la mente, la atmósfera te invita a volar sin levantar los pies del suelo, pues en el fondo estás enfangado hasta la médula en un sonido pantanoso.

La flauta de estudio es sustituida por un teclado, pero las ratas siguen en procesión a la música de Hamelin, mientras que la cosa se torna más pedregosa con «Wishing For More», cercanos al blues psicodélico de bandas como Country Joe & The Fish, Ten Years After, Canned Heat o los olvidados Jethro del «Dharma For One».
Aunque la banda viajaba para presentar su álbum «Revelation», como ya hemos dicho, tan sólo interpretaron tres temas del mismo, convalidando la asignatura pendiente con temas de seis de sus discos, en un repert generoso, que alcanzó las dos horas de actuación, selladas con un gran colofón, «Long Way from Home», interpretación de más de quince minutos, que les permitió jugar con el ambiente, los desarrollos y el hipnotismo que desprenden.
Una noche muy especial, un gran viaje psicodélico al fondo de la mente, a través de la música, sin aditivos artificiales, que segregó grandes dosis de dopamina… es decir, que me fui a casa, más contento que unas pascuas.
Texto: JLBad
Fotos: Cecilia Blues


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2 respuestas a «UN GRAN VIAJE PSICODÉLICO»

  1. […] en directo, se distorsionan y fluyen en el ambiente, como pudimos comprobar en su visita en Razz 3. La voz de Zubaida eleva la música de Siena Root al olimpo de los […]

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  2. […] fría, entré en la sala, que ya registraba una buena entrada. De hecho, desde el concierto de Siena Root y Cachimira, de diciembre de 2023, no había visto la pequeña de Razzmatazz tan llena como esta noche, con […]

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