TRADING ACES
Sala La Deskomunal
. Barcelona 
12/01/2024

Desangelado, esa es la palabra que se le viene a uno a la cabeza al intentar relatar lo vivido el pasado viernes en la sala de Sants. Ya experimentamos un pequeño bajón cuando se anunció que lo que era en un principio una fiesta Rocksound con LOS PERLAS como artistas invitados y sesión de Djs rockeros tras los conciertos, y que se quedaba en un concierto de TRADING ACES a secas. Por si fuera poco a la gente tampoco parece que le sedujera mucho la propuesta y nos juntamos en la Desko poco más de cincuenta almas. El sonido?, pues no muy bueno, faltaba volumen y la batería sonaba a bote de Colón, el inexistente juego de luces y la desnudez del escenario (ni un mísero telón negro) tampoco ayudaban. Todo esto sería anecdótico si al escenario subiera una banda increíble con canciones grandes como montañas, pero tampoco era el caso.


El único momento en el que mi corazón latió con fuerza fue cuando, mientras la banda se disponía a empezar, subieron a tope el volumen de la música de la sala y empezó a sonar el «Let there be rock» de AC/DC, eso anima a un muerto. Arrancaron con fuerza al ritmo de «Napalm bombs» pero fue un espejismo, al segundo o tercer tema se le empezaron a ver las costuras a la banda. Banda por decir algo, todos mis respetos para los músicos, pero se ve claramente que este es un proyecto personal del culo inquieto de Frank Meyer, daba la sensación de un concierto en solitario del de Los Angeles con músicos fichados para la ocasión de aquí y de allá. De hecho, el guitarrista es sueco, el bajista de escocés y el batería español, han grabado el disco «Rock ‘n’ roll homicide» (2023) a distancia y falta esa sensación de unidad, de complicidad entre ellos que se nota en bandas más rodadas.

Frank Meyer es un buen músico, un rockero de pies a cabeza, fan a muerte de los mismos artistas que me encantan, su banda de toda la vida, THE STREETWALKIN’ CHEETAHS, es cojonuda, pero este proyecto no me termina de cuajar, las canciones se mueven en los parámetros del Rock and roll más pendenciero con muchos «Bitch», «Hangover», «Dynamite», «Homicide», «Riot» o «Bombs», lugares comunes que, de tan obvios, pierden su esencia. Rascando mucho destaca, tanto en disco como en directo, «California schemin’», un buen tema, pero que se antoja insuficiente para levantar un concierto. Al tiempo que repasaban casi en su totalidad el citado «Rock ‘n’ roll homicide» metieron algunas canciones de los muchos proyectos y colaboraciones de Frank, como ese «Kiss me twice goodnight» de los STREETWALKIN’ CHEETAHS (quienes según dijo nos visitarán en primavera), «Knock my teeth out» de su disco compartido con Eddie Spaghetti de SUPERSUCKERS o «Riot on the strip», de cuando trabajó con James Williamson, guitarrista de la segunda época de los STOOGES. Canciones acompañadas de sus correspondientes anécdotas, de como conoció a los protagonistas de las mismas, fue la parte más entretenida del bolo sin duda. Tras algunos temas propios más, se despidieron con «Social disease» para volver con un bis de tres temas en el que apostaron a caballo ganador recurriendo, ahí es nada, a THE DICTATORS, THE STOOGES y MC5. La siempre efectiva «Kick out the jams» puso el punto final y le proporcionó a Frank el contexto necesario de locura para bajar a rockear entre el público, reventar una mediana contra el suelo y tocar su guitarra utilizando un pedazo de cristal como púa. Potente final que no fue suficiente para arreglar el desaguisado. Una pena, pues la noche prometía.
Texto: Nico García
Fotos: Pili Pimpinela 


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