The Classic Tales of Yes Tour 2024
YES
Sala Paral·lel 62

3.05.24

Quién me iba a decir que volvería a asistir a un concierto de YES, trascurridos 24 años desde que los vi en la sala Zeleste, y nada menos que la friolera de 40 años que nos encontramos, por primera vez, en La Monumental. Si a todo ello le sumamos las dos suspensiones que se han producido en los últimos años, por la cuarentena del COVID, más tarde por problemas de salud, el tembleque era más que lógico.

Cosas que hay que saber sobre YES, antes de llegar a cualquier otra conclusión. Primero y muy importante, de las cinco visitas que han realizado a nuestra ciudad, en ninguna han repetido formación, siendo un vaivén de músicos, que despista al más ordenado. Evidentemente, para esa suma, no contamos la visita como Howe/Squire/White, aunque si lo hacemos, tenemos que sumar otra alineación distinta.
Segundo y no menos trascendental, actualmente no queda ninguno de los componentes de la formación original, repito, ninguno. Y te preguntarás como es posible eso, pues lo explicamos con sumo gusto. El propietario del nombre de la banda, siempre ha sido Chris Squire, bajista que fundó YES junto con Ian Anderson, vocalista, en un incipiente y psicodélico 1968, pero que, además, ha sido el único miembro de la agrupación, que ha participado en todos los discos grabados hasta su fallecimiento, el 27 de junio de 2015.
Por último y cuarto punto. Chris Squire, antes de desvanecerse, dejo todo muy bien atado, dejando como propietario del nombre a Steve Howe, que si bien no es un componente original, y ha desaparecido de los titulares, en dos temporadas bastante largas, es el músico con más experiencia de las múltiples combinaciones del equipo. Por otro lado, Squire, dispuso quién debería ser su sustituto, si congeniaba con Howe, que es ahora quien corta el bacalao, el bajista en cuestión es Billy Sherwood, quien desde 1997, compartía tareas de bajista con Squire, quien ya acumulaba numerosos problemas de salud.

Dicho esto, el resto de la formación, con todos los respetos del mundo, atesorando una tremenda calidad como músicos, pasan a formar parte de los asalariados, temporeros o como prefieras llamarles, para lo corta o larga vida que le quede al grupo, qué visto lo visto, pueden seguir deambulando por este planeta durante años. Actualmente, quien está girando y grabando bajo el apelativo de YES, son, Steve Howe (guitarras, voces), Geoff Downes (teclados), Jon Davison (voces y guitarra acústica), Billy Sherwood (bajo, voces) y el batería Jay Schellen.

Nada más entrar en Paral·lel 62, en el hall, te encontrabas un batiburrillo de cuadros, a modo de exposición, tipo Els Encants de Glorias, donde la firma de Roger Dean abrumaba por encima de los precios, que sobrepasaban en la mayoría de los casos los 500 €. Una representación de gran calidad, sobre su enorme obra, que ciertamente no le hacía justicia.
Ya dentro de la sala, comprobamos que si bien la pista, registraba tres cuartos de aforo, los pisos superiores estaban a rebosar. Se nota una media de edad que iguala la de los músicos, que ya es mucho decir, y ante el anuncio de más de dos horas y media de concierto, estar de pie, puede malgastar nuestro maltrecho esqueleto, el mío el primero.

A nivel musical no cabe apuntar ni un solo reproche, más allá del que en una obra tan extensa y maravillosa, siempre faltan títulos que a uno u otro nos han llegado al corazón. Sin ir más lejos, ya sabía que no caería ningún tema del fabuloso «90125» de 1983, uno de mis discos favoritos de YES, pero como contrapartida, el más odiado por Steve Howe, que no participó en el mismo y siempre ha echado pestes de la modernización y comercialización que produjo el álbum.

La formación actual lleva unida desde 2015, cuando se produjo la muerte de Chris Squire, y con la obligada incorporación de un batería nuevo, Jay Schellen, tras la defunción, el 26 de mayo de 2022, de Alan White, a los tambores desde 1972, en todas las reencarnaciones de YES. Es casi una década, consolidando un sonido, que tampoco deja mucho a la improvisación y donde las reglas marcadas por Howe, van a misa.
Anunciaban la gira como un homenaje al medio siglo de un disco, ya clásico, «Tales From Topoghrafics Oceans», y cumplieron la palabra, con una segunda parte dedicada íntegramente a ese trabajo, que fue una verdadera gozada para los oídos. Un álbum complicado y sin apenas concesiones a la comercialidad, con enormes dificultades interpretativas, recargado de giros, cambios de ritmo, escaso en melodías y proclive a largas instrumentaciones que combinan diálogos entre instrumentos; enorme.
La otra promesa anunciada, que afortunadamente no cumplieron, era presentar temas de su último trabajo, «Mirrow To The Sky», un disco de gran calidad, pero que es un punto ínfimo en la gran discografía de la banda, y del que solo tocaron el tema que da nombre al disco. Más importante, de obra editada en las últimas cuatro décadas, nada más recurrieron a dos temas, el nombrado anteriormente y la segunda interpretación de la noche, «It Will Be A Good Day -The River» del disco «The Ladder» de 1999. La frontera marcada fue «Drama», editado en 1980, y eso, amigos míos, para un fan de YES, es una gozada.

Steve Howe está inmenso, y es el centro de atención, jugando con su colección de guitarras eléctricas, mandolina, pedal steel, o guitarra flamenca, todo lo que se le ponía entre las manos, escupía magia. A pesar de su edad, 77 años hasta la fecha y el desgaste de los años psicotrópicos, se encuentra en plena forma, moviéndose por medio entarimado —a ver, dichosamente, no era un concierto de Guns’n’Roses—, que ya es mucho, ordenando, interactuando con el público e incluso arengando al jolgorio controlado, como procede una ceremonia de estas características. Una gozada era comprobar que allí no se escuchaban conversaciones estúpidas, algo que, lamentablemente, viene siendo habitual cuando vas de bolo, allí el personal estaba para lo que estaba, escuchar y disfrutar.

Con el cuarto tema, estalló la alegría, pues se trataba de «I’ve Seen All Good People» del «Yes Album» del 71, fusionado sin pestañear con la versión de Paul Simon, «America», publicada en «Close To The Edge» del 72, y que el público recibió como un regalo de cumpleaños adelantado. Estos dos discos forman la base de la pirámide creativa de YES, en la cual, la cúspide es, sin la menor duda, «Fragile», también del 71.
Tres discos que formaron un nexo de unión entre la primera parte del concierto, donde los temas iban intercambiando discos, la segunda que se dedicó enteramente al «Tales From…» y el bis, que viene siendo obligado, o puede haber lapidación generalizada. «Roundabout» y una extensa interpretación de «Straship Trouper», para acabar con más de dos horas y media de levitación sonora.
La voz de Jon Davison es fantástica, muy cercana al registro de Anderson —recomiendo escuchar su anterior banda, Glass Hammer, todavía en activo—, Billy Sherwood, es un motor de precisión a las cuatro cuerdas y un perfecto apoyo vocal en las segundas voces, uno de los encantos del sonido YES, donde Howe colabora de forma espléndida. El resto de la banda, sin fisuras, en su sitio, a tempo, como un reloj suizo.

Datos negativos, primero de todo, y es una opinión muy personal, siempre me ha faltado volumen en esta sala, ya me lo parecía cuando se llamaba Barts, y la época de Studio 54, estaba muy vitaminado para recordarlo con claridad. Segunda opinión negativa y cierro; la luminotecnia era correcta, punto, nada espectacular, pero las proyecciones fueron un asco, lo que se dice una auténtica mediocridad, medio concierto o más, viendo la sombra de los herrajes de la batería, supongo que le puede poner cachondo a un baterista, pero al resto de los mortales, nos la trae al pairo. Digo esto, porque de las tres ocasiones que he disfrutado de su música en vivo, ha sido la más pobre, con diferencia, y en este género, siempre ha sido muy importante el aspecto visual, más con una banda como YES, y con el cacareado acompañamiento de Roger Dean. ¡Mete ahí unas proyecciones del hombre y quedas como un señor!
Por lo demás, una maravillosa noche, con parte de la música que nos insufló alegría, meditación, levitación o simplemente orgasmos sonoros, en las últimas tres décadas del maravilloso siglo pasado, musicalmente hablando, claro está.
Texto: JLBad
Fotos: Joan Ventosa


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