
FLAMINGO TOURS
Estraperlo, Badalona
Sábado 22 de junio
Se anunciaba como único concierto en Barcelona de Flamingo Tours, durante un tiempo, pero lo que suponía ser una mala noticia, se transformó en una noche mágica de energía, buen rollo y alto octanaje sónico.
Flamingo Tours salieron a escena con una rabia inusitada, porque mira que los he disfrutado en conciertos, una pila, pero como este sábado pasado pocas. Myriam Swanson estaba desbocada, que para qué nos vamos a engañar, nunca ha sido comedida, modosita y recatada, pero esta noche, era un torbellino iracundo, un arma con silenciador humeante, una bomba a punto de estallar, ¡perfecta!

Sus comentarios iban a muerte y directamente al corazón, sin piedad, sus miradas a primera fila, impregnadas del sadismo escénico que gasta, te hacían temblar, no sé muy bien si de miedo o placer… será que el público de Flamingo, tenemos un punto masoquista, pero But I Like It! Todo arreglado con esa sonrisa a lo Norman Bates, y ese bozarrón que te atraviesa las venas, y que hace de ella una maravillosa frontwomen.
El grupo está engrasado de igual manera que un hot rod de los años cincuenta, desmontado, pieza a pieza, mejorado, lubricado, reconstruido y engrasado a gusto. Suena atronador, a escape libre, quemando ruedas y derrapando en las curvas. El poderío de guitarra de Pere Puertas es aplastante, incluso en alguna canción suena con tal ferocidad, que apoyado en el bajo de Joan Vigo, quema bielas con ascendente stoner… ¡Fantástico!

Salva, desde atrás, con su batería, empuja y persigue a la banda como los acólitos punks apocalípticos de Mad Max, de las cintas buenas, no las de pega y croma de postproducción, que hacen ahora. Castigado a no aparecer en las fotos y ser tapado de la visión del público, en muchas ocasiones, por sus compinches de escenario, se subleva escondido y a mala leche, castiga con sus percutaciones, a los traidores y nuestros oídos, empujando al resto de forajidos al precipicio del cada vez menos respetable, pues ya habíamos perdido los papeles, bailando, gritando, aullando y chorreando sudor.
Todo esto contemplado por un Artem, que aun siendo un pedazo de pan, parece un asesino en serie con su saxo, bailando, saltando, amenazando al personal de mala manera, creando un Grupo Salvaje con Pere y Joan en ocasiones, que al igual que cuando Pike, mira y les dice a Tector y Lyle, «Let’s Go!», se devuelven miradas y silencio, para que este último conteste «Why Not?», sabiendo que llega el final y caminan hacia una muerte segura, la nuestra, cargada de violencia sonora y saña.
Qué más dará el repertorio, cuando vives esto, qué más dará esta o la otra canción, cuando levantas la mirada hacia el tablado y vez a Myriam, en medio del escenario, vapuleando la jirafa del micro, como si la quisiera estrangular. Te abandonas, te lubricas por dentro y sigues la ceremonia de la autodestrucción hasta el final.
¡Qué gran noche la de aquel sábado! ¡Joder! ¡Qué buena!
Texto y fotos: JL Bad


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