
THE STEEPWATER BAND
XVI Aniversario de Rocksound
Sala Laut. Barcelona
30.06.24
Menudo cumpleaños se ha montado este año, la gente de Rocksound-Acaraperro Producciones, tres noches de rock blues, hard rock y southern rock a degüello, sin fisuras, no concesiones a la galería. Pero si lo de Robert Jon & The Wreck, del jueves pasado, se debe enmarcar en letras mayúsculas, lo de The Steepwater Band, ya no sé como denominarlo, porque simplemente me pareció estar en el infierno, disfrutando y gozando como si no hubiera un mañana.
Dos días seguidos, que desgraciadamente, y teniendo reservada nuestra presencia, por vicisitudes y desgracias de la vida, no pude asistir a la primera cita, del sábado por la noche. De la misma, os dejamos una lista con el repertorio de la banda.
El domingo, era la última cita con el aniversario y con el cuarteto de Chicago. Las cosas estaban muy en contra, domingo, dos días seguidos de concierto, primer turno de vacaciones de verano y, por si fuera poco, el puto futbol, pero muy al contrario de lo que auguraban todas las apuestas, la sala Laut registró una entrada cómoda, pero no deprimente, todo un éxito.
Muchos eran los que repetían de la noche anterior, y la verdad sea dicha, que casi todos con los que hablé, me confesaron que la del domingo había sido de lejos la mejor noche. Son opiniones que no puedo contrastar, pero sí que tengo que decir, que es de largo, la vez que más he disfrutado con The Steepwater Band, y eso que contando, era la octava vez que asistía a uno de sus mágicos conciertos.

Otro dato destacado, sería mencionar que cada vez que vengo a la sala Laut, salgo más entusiasmado con ella, mediano aforo, buena visibilidad y sonido extraordinario, como el domingo, que no pude evitar, por deformación profesional, felicitar al técnico, de los cuales solo nos acordamos cuando hay problemas. Debería haber más salas de este tipo, se necesita.
El concierto comenzó con una banda entregada en agradecimientos, sobre todo a las primeras filas, donde reconocían caras de la noche anterior. Ya nos habían chivado el set lits del sábado, con lo que la expectación era máxima.
Comenzaron con «Indiana Line», tema que abre el doble directo Live At The Double Door, Jeff Massey se erigía como maestro de ceremonias, cantando y tocando su Gibson, pero con la tranquilidad, solvencia y fuerza que le da a la banda el segundo guitarra, Eric Saylors, quien desde finales de 2012, que se unió a la banda, ha reforzado de forma extraordinaria el sonido de la banda, más en directo si cabe.
Las dos guitarras se repartían los temas, para que cada uno de los propietarios brillara en su justa medida, aunque cierto es que en algunos momentos de la noche, se echó en falta ese cruce de guitarras típico de southern rock y que Steepwater no usan en demasía. Tan solo al final del bolo, se entremezclaron las guitarras para el éxtasis del personal.

Joe Bishop, con su pinta de cavernícola repudiado y bonachón, no se movió ni un momento, de un radio que no llegaba más allá del mástil de su bajo, mientras que Joe Winters, detrás de los tambores y herrajes, es en realidad quien marca los tiempos y por dónde deben ir los derroteros de la actuación. Algo que demostró, por si no se hubiera dado cuenta alguno, cuando al terminar la lista de temas, sus compañeros marcharon escopeteados y él, se quedó arengando al personal, para que obligáramos a salir a los demás. Joe tiene una energía y un sentido del humor envidiable.
La conexión con el público barcelonés es real y muy intensa, es cierto que decimos y afirmamos, que somos pocos, pero la pasión que desprendemos con ciertas bandas, es un crédito memorable. El caso de The Steepwater Band es un claro ejemplo, sin necesidad de ser el Boss y llenar estadios, su conexión es muy parecida e íntima, eso se nota a la hora de comunicarse con nosotros, por la mirada, las sonrisas, los gestos y los aplausos, si aplausos de la banda al público, en más de una ocasión. Quizás por eso el set se alargó casi a las dos horas, dejando en el aire, sin rellenar, escasos diez minutos.

La primera sorpresa agradable del repertorio llegó pronto, y no quiero decir con ello, que el principio fuera misero, muy al contrario, nada puede ser moroso con «Sharp Tongue», «Turn Of The Wheel» y de nuevo incursión en el álbum Re-Turn Of The Wheel, para dejarnos «Salvation Time», tema que define perfectamente el sonido y espíritu de la banda y que sonó atronador esa noche. La sorpresa fue sin duda «Walk In My Shadow», sabiendo que adoran Bad Company, se adentraron en el universo Free, con uno de los mejores temas del disco Tons Of Sobs, ampliando el minutaje y arrancado los primeros aleluyas de la noche.
Salimos del espejismo para caer en el encantamiento de «Vanishing Girl», donde no pude evitar molestar a un colega con un comentario sobrante, «cada vez suenan más a Tom Petty y Neil Young». ¡Zasca en toda la boca!, ya que dos temas más, y aparece el Rubio Triste, pero no con un tema de los queridísimos Heartbreakers, esta noche era para juegos de arqueología, con otro sorpresón en toda regla, «Dreams Of Flying», del disco 2 de Mudcrutch, banda anterior de Tom Petty. Si cerrabas los ojos, la voz de Jeff sonaba de maravilla, parecida a la Petty… ¡Vaya puta noche!
A partir de ese momento, locura total, desparrame generalizado, corrió la birra, saltaron algunos flashes, se fundió el olor a sobaco con el de perfume del ambiente, regado con pequeñas dosis de la máquina de humo, que esa noche estaba comedida.
Se marcaron un «Key To The Highway» antológico, con el primer cruce de guitarras de la noche. El clásico de Charlie Segar, interpretado por centenares de músicos, es agradecido y peligroso, lo agradecen hasta los neófitos del blues, porque al menos les suena, y resulta aventura arriesgada, porque las comparaciones son odiosas y le han pillado el pulso figuras insignes del blues guitarrero. Nada de nada, subidón de adrenalina, con más proyección que las anfetaminas.
Pero no terminan de sonar las notas en la guitarra de Jeff, que Joe marca el bombo y Eric, deja caer los acordes cansinos de «Love In Vain» del diabólico Robert Johnson —en la lista de Spotify hemos colocado la versión de New Barbarians, al asemejarse más a la que interpretaron—. La sala era, un ir y venir de cabezas, como una marea descompensada, pero eficaz y contagiosa, pues el marcapasos del tema y la dulzura del slide de Jeff, dejaban un ambiente perfecto para surfear con la cabeza y la cintura, sin más, silencio sepulcral hasta que al final del blues, arrancan los dos guitarristas a modo jam band… ¡Locura!
¡Qué puta noche!
The Steepwater Band sabía de sobras, que muchos veníamos a disfrutar, pero a dejarnos sorprender también, para ello, tiran de background y se sacan de la chistera un genuino southern de JJ Cale, «Nowhere To Run», donde a falta de piano, es Eric quien deposita la mágica guitarra del maestro. Inyectan más adrenalina con «All The Way Nowhere», para degollar con la traca final…
La poca energía que nos quedaba, se escapa con el sudor que provoca «Cortez The Killer»; era obligado, necesario diría yo, los derroteros de Steepwater, les llevan inexorablemente al viejo canadiense testarudo, maestro de todo lo que toca, profesor de músicos de rock, folk, grunge, southern, indispensable en la cultura musical americana. Fue sonar las primeras notas y el respetable dejó de serlo, porque se perdieron las formas y no volvieron a aparecer en toda la noche, daba igual que salieran gallos colorados de las gargantas, allí estábamos para cantarle al asesino de Hernan Cortés, y de paso a todos los seguidores del «gallego y enano cabrón de un solo huevo», que prohibió esa canción en nuestro país. Les va redonda, es una de las mejores interpretaciones que les he visto domar y cada vez la llevan más por donde quieren, sin caerse de su propio caballo loco. ¡Fantástico! Si finiquitan el concierto en ese momento, me hubiera ido a casa más feliz que una perdiz que se ha librado de la parrilla, pero es que no acabó.
Nos quedaba un antológico «Revelation Sunday», profético, casi litúrgico, con sus casi diez minutos de reloj, porque Jeff pedía una vuelta más, y otra más, hasta que la revelación del domingo se acabó, saludaron y marcharon del entarimado, creo que como nosotros, cansados, chorreando, pero satisfechos, muy satisfechos.

Como he contado al principio, Joe nos arengó a pedir más, no es que no lo fuéramos a hacer, pero sí que es verdad, que al tardar tanto en salir, el aliento desaparece y el vigor deja de ser contundente.
Salieron y nos dieron dos temas más para las agujetas, un pantanoso y arenoso «Little Queenie» de Chuck Berry, más cercano a las interpretaciones que hemos podido escuchar de gente como Eric Clapton —por eso va en la lista—, que la original del tacaño y usurero de Berry.
Terminaron con un extenso «World Keeps Moving On» que pasó de los diez minutos largos, en una jam de desenfreno guitarrero, donde Jeff y Eric disfrutaron como niños con un juguete nuevo. Un final precioso para una noche tremenda de rock, emoción y alegría. Dieciséis años, bien vale una celebración como la de esta semana, pero ojo, que el año que viene se debe superar, y cuando lleguen la mayoría de edad, ni te cuento.
¡Qué puta noche la de aquel día!
Texto y fotos: JL Bad


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