
TH’ BOOTY HUNTERS. CONCIERTO DE NAVIDAD
La [2] de Apolo. Barcelona
25/12/2024
Casi cuatrocientas personas nos reunimos en la sala del Poble Sec para disfrutar del tradicional concierto de Navidad de TH’ BOOTY HUNTERS. Una cita en el sobrecargado calendario navideño de festejos que cada vez atrae a más gente. Los del Baix Llobregat nunca decepcionan sobre las tablas y, año tras año, se las ingenian para ofrecer algo nuevo, ya sea variando el setlist o con invitad@s en el escenario.

En esta ocasión tiraron de fondo de armario con canciones de su primera época como «Two hells», «Son of evil», «The ghost of my daddy» o la muy poética «El folla cerdas». Unas cuantas colaboraciones, como decíamos, de gente que se subió al escenario a cantar con los Booty, como Natchet Taylor en «Weeping gun», Mad Chica en «Rage» o un tío que se parecía a Jesucristo, de nombre Pol, en «It mets as black». Pero el momento más bizarro fue cuando, tras preguntar Xavi si habíamos tomado drogas alucinógenas, dio la bienvenida a cuatro mariachis (dos guitarras y dos trompetas), con los que interpretaron un par de temas. El momentazo de la noche.

Más allá de esto, el concierto fue muy oscuro, caótico (había momentos en los que no sonaba muy bien) y con el público totalmente desenfrenado. En formación de seis, con el añadido de un teclista, y con un Xavi Ollé que lucía una frondosa barba en vez de su habitual bigote, nos dieron lo que esperábamos de ellos, una descarga irresistible de Anti-Country, como dicen ellos, en la que la batería Honky Tonk de Jordi, el Contrabajo del pirado de Javi y la guitarra de Dani dan cuerpo al sonido TH’ BOOTY HUNTERS. Y sobrevolando este armazón sonoro está el violín de Marc, que les da ese toque zíngaro característico y que los hace únicos. A Xavi hay que darle de comer aparte, es el frontman ideal para esta disfuncional banda. Un hacha con el banjo y con la acústica, no para de cantar, berrear o maldecir, según lo requiera el tema, de sacarle extraños sonidos a un peculiar micrófono con sonido vocoder y, sobre todo, a sudar la ropa, de la cual se va desprendiendo a lo largo del bolo. El final de sus shows, no por conocido, menos impactante, es cuando la banda en pleno baja a pie de pista, se hace un corro alrededor de ellos, y allí, tocan un tema más mientras todos nos bañamos en sudor y cerveza.

Otra noche para el recuerdo, un oasis en medio de tanta tontería y tanto gasto, una única noche en la que las calles iluminadas se convierten en caminos polvorientos y los putos villancicos se transforman en canciones sobre la mala vida, los demonios interiores y el consumo de drogas y carne magra. Una suerte de reverso tenebroso de la Navidad que, esperemos, dure muchos años, pues yo ya no me imagino una Navidad sin el concierto especial de TH’ BOOTY HUNTERS.
Texto: Nico García
Fotos: Pili Pimpinela


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