XVII ANIVERSARIO DE ROCKSOUND
WHITE COVEN
THE RIVEN
THE MOTHERCROW

Razz 3, Barcelona
6.06.25

El primer fin de semana de junio estaba reservado para el décimo séptimo aniversario de Rocksound, la sala más grande del mundo. No era precisamente el fin de semana adecuado para la celebración, en medio del primer puente del pre verano y uno de los macrofestivales más multitudinarios del estado, el Primavera Sound, pero no es el sentido práctico el que mueve a los hermanos Celeiro a programar, ni mucho menos, es esa enorme pasión que le ponen, ese tremendo cariño y esa incombustible vitalidad que contagia. Si ves a los Celeiro meneando la alopecia como enanos, cómo no vas a hacer lo propio con los cuatro pelos que esconde tu gorra.

Pillas en Tram hasta empalmar con el metro en Cornellà, y sorprendentemente, se llena en la primera estación de gambas coloradas a punto de pelarse y que hablan en idiomas dispares que no entiendes o le prestas nula atención. Se sienta al ladito un órgano traslúcido en estado pre ampollas, que te da miedo tocarle con el hombro no vaya a ser que se inmole en el acto; al tufillo a sobaco permanente del metropolitano se le une el de ambientador de crema solar caducada, y el aliento generalizado de algún alcohol destilado de marca blanca con bebida energética, lo que hace del tránsito una pesadilla en tres dimensiones insufrible. Antes de llegar a la primera parada de lo que antes era Barcelona y ahora es un escaparate low cost, el metro está abarrotado de esos seres quemados como torreznos en una barbacoa, lo que demuestra que el puto Airbnb se ha instalado en el Baix Llobregat. Horror, todos se bajan para hacer el transbordo a la línea roja, pues me voy por la calle y al menos pillo aire para lo que queda, que era mucho y peor todavía. Todos o al menos la mayoría se bajan en Marina, para volver al Tram y llegar a las puertas del festival de guiris del Fórum de la Cultura del Capitalismo Caníbal, pero yo me refugio en mi bar de referencia de bolos de la zona, Bar Andalucía, donde una amable y simpática familia china te sirve cerveza fresca que engulles como elixir dental para quitarte el mal sabor de boca.
Ahí te das cuenta de que eres un bicho raro en una ciudad más cosmopolita de lo que puedes soportar, que perteneces a una clase de la post juventud -por ser educados- que se bajó del tren del progreso cultural y sigue autoaislado en su zona de confort, en la que unos francotiradores como Rocksound siguen manteniendo la llama de la pasión, y este fin de semana, en el que celebran sus diecisiete años, más que nunca se ha transformado en un auténtico aniversario de militancia y resistencia urbana, sonora y cultural.


WHITE COVEN. OH, MY GOD
Llegábamos tarde y apenas saludar al capo Antonio Celeiro, comienza la batería a escaparse por la puerta, así que las felicitaciones oportunas sin tirones de oreja y fuimos engullidos a gran velocidad en el zulo de la resistencia barcelonesa del rock sin etiquetas.
Público de media sala, no está mal tal y como pintaba el patio, pero me esperaba más gentío. En el escenario ya descargaban White Coven y sonaba de maravilla, así que me apresuré a colocarme en el punto de la sala en el cual se escucha todo perfectamente, y que me permitís que no revele para que no esté más concurrido que el lavabo de un festival, la próxima vez.
Era mi primera vez con White Coven y la verdad es que no me hubiera perdonado perderme este concierto. Los llevamos degustando en disco desde hace unos años en Bad Music Radio, pero a día de hoy puedo asegurar que la calidad que atesoran sus temas de estudio dista mucho de plasmar lo que la banda es capaz de hacer encima del entarimado. Una sólida banda en formato sexteto, con dos guitarras a los laterales, Juan Cervera y David Buila, el bajo poderoso de Carlos Viejo, las teclas de Josete Meléndez en un punto intermedio, más la batería de Daniel Penón en retaguardia, todo ello al servicio del torbellino de simpatía, buen rollo y sensualidad de Sara Lapiedra, frontwoman del elenco de músicos, porque esa es otra, hoy se reivindicaba el rock de guitarras, con un pie puesto en los clásicos de los setenta, y en algunos casos en los sesenta y dependiendo a principios de los ochenta, pero todos ellos, tres bandas, con voz femenina al frente, y no hablamos de voces cualesquiera, ni mucho menos.


Sara no para ni un momento, bailando, arengando al público que iba llenando la sala a medida que caían los minutos, para llenar la sala al final de su actuación. La banda sonaba robusta, con aires de rock progresivo en ocasiones, introduciéndose en el universo paralelo de las jambands y dejando pinceladas de cierta psicodelia colorista.
Sara lo comentaba tras el temazo que supone «Inglorius Diva», «hay gente que cuando nos ve por primera vez exclama: Oh! My God», y doy fe de que es cierto, porque la banda es impresionante en vivo. Las disertaciones guitarreras son de un calibre sensorial magnífico y te transportan a pasajes imaginarios infinitos, como en «Jungle Trip Of The Seventh Samba’s Seed» de pura psicodelia rock, que eternizan en un buen viaje cósmico y durante la cual, Sara me recordó a la alucinante Grace Slick. Esta chica tiene una voz prodigiosa, que sabe explotar de forma magnífica.

Por si todo lo mostrado en el concierto no hubiera sido maravilloso, se despiden con un cover de Deep Purple, «Highway Star», en la que salen a cantar junto a Sara, Claudia (Cachemira, Rosalie Cunningham) y Karen (The Mothercrow).
Final de fiesta perfecto para dejar el listón muy alto a la siguiente banda. Un consejo, si alguno de los conciertos de la extensa gira de White Coven os pilla cerca, no dudarlo ni un segundo.


THE RIVEN. SALIENDO A MATAR
Curioso fue el hecho de que salieran en segundo lugar The Riven, que según parece, fue el resultado de un sorteo celebrado durante la prueba de sonido, pero que, desgraciadamente, dejó a una parte del público sin poder ver a la banda que en principio más les interesaba, como a una avanzadilla rebelde del barrio de Sants, que llegaron cuando la actuación estaba finiquitándose. No debemos olvidar que en este país los viernes se trabaja por la tarde… ahí no somos Europa.
Mala suerte, pero ya se sabe que los concursos y los sorteos siempre son traicioneros e injustos.


The Riven son los culpables de uno de los mejores discos de hard rock que se han editado en lo que llevamos de año, Visions Of Tomorrow, y había expectación por ver la defensa de tal cañonazo en vivo… Ya puedo asegurar que no defraudaron, al contrario.
La banda salió a muerte, sin presentaciones y con la consigna de no hacer prisioneros, con su frontwoman, Tota Ekeberg, abalanzándose en el primer tema a cantar delante de los monitores, lo que provocó una estampida de júbilo inmediata del público, que ahora sí rozaba el sold out. «Travelling Great Distance», «Crystals» y ya estábamos todos babeando a sus pies.


Tota posee un registro muy diferente a Sara de White Coven y una aptitud mucho más agresiva, dos posturas diferenciadas para una maravillosa noche, donde no hay dos sin tres.
Ella maneja a su antojo a los fans, mientras que los dos guitarristas de lujo del combo, Arnau Díaz a nuestra izquierda y Joakim Sandergárd a la diestra, se intercambian las tareas de arruinar cualquier cúmulo de resistencia a su música, a base de riffs desgarradores y solos afilados que cortan el ambiente, alcanzando la pasión contenida y desatándola.
«On Time», tercer tema de su actuación, fue la única concesión al resto de su discografía –Peace and Conflict, 2022-, dejando el set list de la noche para un repaso exhaustivo y generoso del álbum Visions Of Tomorrow, durante 55 minutos de pura adrenalina, sin atreverme a pedir una cerveza por no perder detalle, necesitaba engullir toda la energía que desprendían desde el entarimado.

Repasaron nueve temas de los once que lleva el álbum, y pudimos comprobar in situ, que si en disco son muy pegadizos sin perder la esencia, en directo son contagiosos, sobre todo por la mayor aportación de coros al conjunto de los temas. Tanto Max Ternerbring al bajo y Jussi Kalla a la batería, se desgañitan haciendo voces. Hubo tres momentos más que memorables en el concierto, «Killing Machine» posiblemente el mejor tema del álbum, «Visions of Tomorrow» que da título al disco y que posee un intercambio de punteos de guitarra colosales, y «Holding Out For a Hero», cover de Bonnie Tyler, que los suecos supieron hacer suya, robándole la cartera a la buena de Bonnie.
Uno de los mejores conciertos que he disfrutado en lo que va de año, llevando ya 75 biolos a mis espaldas.
Concierto espectacular, curativo, reponedor, extraordinario. Todavía están girando por la Península, si no me creéis acudir a comprobarlo.


THE MOTHERCROW. DESATANDO LA FIERA QUE LLEVAS DENTRO

Más de dos horas después del inicio del aniversario de Rocksound, se podía ver a los hermanos Celeiro contentos y orgullosos, sudando como el que más, en una sala que perdió fuelle de público, y hay que reconocer que cierta parte del mismo desapareció con la excusa de salir a fumar.
The Mothercrow es la banda de la casa, y la que más veces hemos podido ver, la última acompañando a Graveyard en el Razz 2, donde por cierto sonaron mucho peor que en la sala pequeña del complejo Razz.


Tercera frontwoman de la noche, Karen Asensio, poseedora de un registro poderoso que siempre lleva al límite, allí donde una colonia de mujer se la juega, pero ella es pura energía, y lo derrocha desde el primer minuto. La banda suena perfecta, con un Max Eriksson -guitarra- en estado de gracia y que repetiría escenario al día siguiente con Saturna, Víctor Sancho al bajo y Mike Cassinello a la batería.

Venían a celebrar el aniversario de Rocksound, y de esta manera repartieron el set list con seis temas de Foráneo, cuatro de Magara, su primer disco, un formidable cover de Grand Funk Railroad, «Sin’s A Good Man’s Brother» y para despedirse, jugaron la baza de un tema nuevo que no recuerdo el nombre.

En una hora y poco se despacharon con su contundencia habitual, haciendo que el sudor se palpara en el ambiente. Karen se bajó a cantar entre el público y jadear a su banda en una posición superior, saltó, se tiró por el suelo, como un auténtico monstruo de escenario. Nadie puede discutir la entrega y desgaste de esta chica en concierto, y el público lo agradece. A mí me embarga la duda sobre qué nos podría ofrecer una Karen que no estuviera siempre arriba del todo; estoy convencido de que sería mucho y muy satisfactorio.
Estupendo fin de fiesta de la primera noche, que para ser viernes, ya dio con nuestros huesos en la más triste de las miserias, pero el alma no cabía en el pecho, que eso es lo importante.
Mañana más, aunque no sé si mejor, pues es muy complicado.
Felicidades, Rocksound.
Texto: JL Bad
Fotos: Peter Pank Rock


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