
GARY MOORE
FROM BALOISE SESSION
Artone Label Group
23.05.25
Gary Moore fue un extraordinario guitarrista, con un curriculum impresionante, bien en su primera etapa en el hard rock, después en la frontera del heavy y más tarde, cuando se le cruzaron los cables en el blues eléctrico. Tiene como mérito que fue el último y creo que único boom del blues, atrayendo a muchos aficionados al género que hasta el momento consideraban aburrido y desfasado. Todo esto ocurrió en 1990 con el fabuloso Still Got The Blues, y aunque se sumergió en proyectos progresivos, de jazz fusión en incluso de psicodelia rock con el supergrupo BBM, junto a Jack Bruce y Ginger Baker, fue al blues a quien dedicó los últimos veintiún años de su vida.
Gozó de una extraordinaria popularidad en Europa, pero siempre se le negó el éxito en los Estados Unidos, y por más que lo intentó, no pudo penetrar en el negocio americano, incluso teniendo padrinos tan efectivos como BB King o Albert Collins. Es muy probable que su forma de tocar el blues fuera demasiado estridente, violenta y con una potente carga hardrockera, pero es que el guitarrista era de los que ponían en alma en cada nota. Es muy probable que, por eso, la familia haya escogido uno de los conciertos del viejo continente, en concreto Suiza 2008, donde la complicidad del público es un añadido más a la edición de este álbum y DVD. Según su hijo Jack Moore, que además de gestionar el catálogo del padre, tiene una banda tributo al mismo, este es el mejor disco en directo del irlandés; afirmación que no me atrevo a aseverar, pues su discografía tiene multitud de directos y muy buenos.
Aquí nos encontramos a un Moore en su mejor momento, tres años antes de que el corazón le fallara en un hotel de Estepona. Comenzamos el recorrido con «Oh Pretty Woman» de Albert King, uno de los temas que le abrieron las puertas del blues, interpretado con esa rabia con la que atacaba las cuerdas, como si fueran su peor enemigo, seguido del diabólico «Sice I Met You Baby» en el que maltrata y estira las cuerdas al máximo, con esa contundencia de hard rock que hacía su blues tan especial. Rinde homenaje a sus ídolos, como a Chuck Berry en «Thirty Days (To Come Back Home)», un rock and roll perfecto que desboca con un ejercicio de dedos que volvería blanco al viejo Berry.
Incluso cuando baja la velocidad y se adentra en temas más sufridos como «I Love You More Than You’ll Ever Know» de Al Kooper, termina ejecutando una suerte de rebelde anarquía en las cuerdas que te perfora el alma, ni mejor ni peor que el original, simplemente más Moore, con cerca de trece minutos de éxtasis.
Resulta del todo agradecido el tributo rendido a Thin Lizzy, banda en la que militó, con un soberbio «Don’t Believe a Word», y aunque su voz no es la de Phil Lynott, es un pedazo de historia condensado que resulta precioso.
Quizás el tema menos vitoreado por servidor sea de cosecha propia, «Still Got the Blues», quizás cansado del bombardeo que se hizo del mismo en las emisoras de radio, quizás por ser una balada de su etapa heavy, que se coló como polizón en esta etapa más negra. El final del disco es perfecto y habitual en los conciertos de Moore, «Walking by Myself» de Jimmy Rogers, donde el público enloquece haciendo coros y el consabido «The Blues Is Allright» de Milton Campbell, que llegué a odiarlo al chuparme verdaderos esperpentos en formato cover en las jams sessions de Barcelona, pero que aquí con nueve minutos coloca un broche de oro al álbum.
No sé si es el mejor, pero es un gran directo del añorado irlandés.
JLBad


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