
Springsteen: Deliver Me From Nowhere
Scott Cooper. 2025
Reparto: Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Paul Walter Hauser, Odessa Young, Stephen Graham y Gaby Hoffman.
El biopic es un género cinematográfico complicado, aunque parece que al menos es rentable desde que Queen lanzó el suyo, con más fantasía que realidad en su interior. El caso es que el género se ha revitalizado, al menos a nivel comercial.
En este caso, tan solo nos presenta una época de Bruce Springsteen, la que navega entre el músico que quiere mantener su identidad como creador, al mismo tiempo que lucha con la mochila de demonios que lleva a la espalda. Todo ello enmarcado en la creación del álbum más arriesgado, Nebraska, que dicho sea de paso, es el único que puedo escuchar de un tirón -no soy fan del Boss-.
El film está basado en el libro del mismo título del escritor Warren Zanes, guitarrista de The Del Fuegos y Tom Petty, así como redactor de numerosas revistas musicales.
La fotografía del film es fantástica al igual que la música, aunque hay que tener en cuanta que no se recrea mucho en actuaciones, algo que es de agradecer, ya tuvimos bastante con el de Bob Dylan. La interpretación de Jeremy Allen White es buena, incluso notable en algunas fases de la cinta, así como la recreación de los entresijos del negocio musical que aparecen. Sin embargo, la película se diluye en dos partes muy diferentes. Una primera excesivamente lenta que cubre las composiciones de Nebraska en un cuarto, a la que añadimos la lentitud de un romance muy pausado y sin substancia. Todo eso se pierde en la segunda, que es más vital; su desenfreno por conservar la identidad y su lucha contra la depresión, que no hace falta ser muy fan para saber que le ha perseguido toda la vida. Y, en cambio, esta segunda parte se desvanece en la velocidad de la narración, pasando como un relámpago es una parte que podría haber dado mucho más de sí.
Un buen film que, con veinte minutos menos, hubiera sido excelente.
Un aviso importante. No vayáis a los Cines Aribau a verla, parece mentira que una multisala que acaba de acoger una nueva edición del Festival In-Edit, hiciera ayer un pase vergonzoso de la cinta, con un volumen penoso que permitía que se escuchara más las bolsas de palomitas y ronquidos de algún espectador, que los diálogos de la pantalla. Inaceptable.


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