KING SAPO
Sala Laut
, Barcelona
8.11.25

Había ganas por ver a King Sapo en directo, la última vez fue en La Traviesa y como siempre nos dejaron con un estupendo sabor de boca, pues en realidad es una de las bandas con mejor directo del estado.
En esta ocasión contaban con la presencia para abrir la noche de la banda Cable Suelto, a la que no pudimos ver por el horario; cuando entramos en la sala ya se había terminado su set.
King Sapo subieron puntuales al entarimado de Laut, que dicho sea de paso, es una pena que no hayan corregido el error de iluminación que arrastran desde que comenzaron a hacer conciertos; dejar completamente oscuro el lateral izquierdo del escenario. Aun así, lo cortés no quita lo valiente y es bueno remarcar que es una sala con un sonido magnífico, del que pudimos disfrutar durante todo el concierto, en esta ocasión con Henry Paez, amigo de la banda, a los mandos.

Comenzaron fuerte con «Desorden», tema que en otras ocasiones reservaban para las postrimerías del set list y que hacía presagiar, tal y como nos contó José Alberto Solís, bajista de la banda, en el programa Bad Music Radio #535, que iba a ser un concierto contundente y energético.

Rápidamente, nos dimos cuenta que el repertorio seleccionado no era precisamente convencional, o dicho de otro modo, el esperado para la presentación del álbum El Dios de América, tal y como marcan los cánones de la ortodoxia promocional, lo cual es de agradecer sin desmerecer ese estupendo disco. Cuatro temas de Sexo en Marte y uno de Niño Gurú, antes de que apareciera el primer tema de los cuatro que interpretaron de El Dios de América, da una idea de lo explicado.
Y es que la cosa se repartió a tres partes iguales para que no hubiera discusión, cuatro canciones por cada uno de los elepés que tiene el grupo, configurados en un set list que personalmente me pareció una auténtica gozada, aunque sí que hay peros que dejo para el final.

A veces se repite demasiadas veces, pero eso no quiere decir que no sea una verdad como un templo, si la banda se divierte encima del escenario el bolo sube de intensidad y no es solo cuestión de que los músicos se esmeren, ahí juega el factor emocional del público y esa noche en Laut, los fans que llenaron más de tres cuartas parte de entrada estaban insultantes, pletóricos y entregados a la causa. Saltábamos cada vez que José Alberto nos arengaba, vibrando con cada solo de Andrés Duende, o intentando intuir dónde estaba Rami Unceta y su batería que pasó escondido por la luz casi todo el concierto, pero sobre todo empapándonos de Jesús Trujillo y su gran personalidad escénica; saltando, disparando balas ficticias al infinito, ejerciendo de director de orquesta con nosotros… o cuando se detiene, se enfunda la guitarra acústica y todos gritan porque saben lo que viene; uno de los momentos más intensos del concierto.

Jesús se deshace del micro y comienza a cantar a capela con el resto del grupo fuera del escenario, es «Libre», posiblemente la canción más emblemática de King Sapo. Poco a poco se van sumando los compañeros hasta llegar al estribillo, que ya es propiedad de sus fans: «Eres la gran estafa/ Oh-oh, no/ Siempre libre». Llegado ese punto, la comunión banda-público es perfecta, indestructible, y las caras de felicidad no se pueden describir, y menos por este reportero tribulete que estaba hipnotizado por la magia.
Antes de «Libre» cayeron tres temas de El Dios de América, «Tren en una postal», «Hasta nunca» con la participación de Daniel Pons del grupo Los Eléctricos y «El Dios de América», otro tema de los cantados por el público sin ningún tipo de vergüenza, ni ajena ni propia. Nueva y agradable sorpresa fue la inclusión de «Afrodita Blues», una de las canciones que más me gustan del disco Niño Gurú y que sonó antes de «Libre», todo un acierto inmenso, aunque sea en detrimento de temas esperados.

Tras ese momento cumbre que supone «Libre» en sus conciertos, llega el final con la versión de «Trouble So Hard», tema que Moby le birló al gran bluesman Vera Hall, forrándose con total impunidad y de la que King Sapo hacen un estupendo cover que aparece como bonus track en El Dios de América.
Ya está, finiquitado el show con cuarenta minutos de bolo, ese es el gran pero de este concierto, su duración. Volvieron a aparecer para regalarnos un soberbio «Niño Gurú» y despedirse definitivamente hasta la próxima vez, que allí estaremos. Un gran concierto, con un repertorio diferente, con muchísima comunicación y magia, pero corto y solo un imbécil pudo sacar aquello de que lo bueno si breve dos veces bueno. Desconozco si se debió a horarios de la sala, al hecho de incluir una banda telonera o como comentó la banda en redes, a que la tarde comenzara de forma un tanto atropellada… El caso es que salimos con una sonrisa de felicidad enorme y eso es lo que te puede aportar la música en directo, sobre todo en salas de pequeño y mediano aforo que es donde se crea cultura, los grandes estadios solo son negocio y no puedes encontrar los hechizos de noches como este sábado. Nos vemos en la siguiente estación.

Texto y fotos: JL Bad


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