JARED JAMES NICHOLS
Razz 3, Barcelona
6.11.2025

Con una entrada generosa en la pequeña del Razz, se presentó Jared James Nichols con muchas ganas de conectar y es que, en la última visita de presentación de su último trabajo, vino muy mermado de voz y no lucieron como debían los temas de su álbum homónimo, grabado en vivo y producido por Eddie Spear, “Jared James Nichols”. Aunque es cierto que, en su siguiente visita teloneando a Mr Big, sí pudo desquitarse algo en los minutos que disfrutó encima del escenario. Con esa premisa, repasó en la parte inicial tres temas de su último trabajo, el primero «Easy Come Easy Go» con su distorsión inicial que recuerda levemente a Gallagher aunque no en las líneas generales del tema que viró enseguida con cierto músculo. Esta vez sí que sus dejes vocales sonaban con la contundencia habitual. Le acompañaba Byron Fox, un bajista muy de su estilo que junto al baterista habitual, Dennis Holm, tejía el colchón perfecto para que su jefe de filas entrara, riff tras riff, a hilvanar uno de los primeros solos de la noche en un tema que sonó con mucha frescura pero sin perder cierto poso clásico.

El zurdo está cada vez más imponente físicamente y sus aires resultan ciertamente salvajes en cuanto desata sus pesados riffs, mientras sus muecas destilan sentimiento. Posee una marca propia forjada por su sonido desnudo, casi sin efectos, que engrosa dándole músculo a su pulgar y el resto de sus dedos. Su particular estilo, como todos los que tocan desprovistos de púa, hace que te fijes en la gran habilidad con la que teje los pesados y fornidos compases al inicio de sus temas, como en «Down The Drain», un tema que caldeó el ambiente mientras los asistentes vibraban a golpe de wah wah, alargando el final hasta arrancar la sonrisa de todos los presentes. Sin pausa enlazó con la intro de «Hard Wired», enfangada y cruda, mientras la base rítmica entraba capa a capa arropando en intensidad para entrar en el solo, comedido en un inicio, pero virando con una velocidad humeante. Estaba a gusto con el público y se notaba. Nos presentó a la banda, y también el siguiente tema «Threw me to the Wolves» con una amplia sonrisa.

Y es que es un tipo generoso y cercano, que tuvo un entrañable momento para acordarse de su buen amigo, Jordi Portnoy (viejo conocido de la parroquia rockera y ausente por enfermedad) y dedicarle el completo set list de la noche. También tocó unos acordes del Happy Birthday para uno de los asistentes. Inmediatamente entraron en una fase de desarrollo un tanto Stoniana con un mini solo de batería que acabaron empalmando con los ya habituales acordes de «Miss You» de Sus Satánicas Majestades, obviamente, coreados por todos los presentes. Se sentía absolutamente contento y presentó «Way Back» que nos dijo que recoge todas las cosas que le gustan: Old school music, amigos, coches y guitarras.

El ritmo no bajaba, empalmaba un tema tras otro, muy en esa onda de endiablados solos, con un Dennis Holm muy protagonista en las transiciones de los temas, donde intercalaron el nuevo «Ghost» con muy buena acogida.

Pisando su pedalera encaraba los pegadizos riffs que anunciaban «Good Time Girl», de fácil estribillo donde se le veía muy cómodo mientras el público, ya entregado, le secundaba a los coros y lo arropaba en todo momento. Lo mismo que con su cover de «Keep Your Lights On Mama» de Blues Traveler, sin olvidar su baño de público cuando bajó del entarimado, resultando una gozada tener a ese gigante (es alto de narices) mostrándote a pie de pista, las habilidades en su mástil. La intensa «Bad Roots» con un solo que no dejó indiferente a nadie y esa rabia contenida y salvaje que tan bien lo define, fue uno de los momentos más álgidos de la noche junto con la posterior «Mississippí Queen» de Mountain que, ciertamente, le va como anillo al dedo

De pautas más sosegadas e intimistas fue «Nail and Coffin» donde calmó su garganta y jugó hábilmente con los tonos de su guitarra en un efectivo solo, y es que el tipo siente cada una de las notas que desgrana.

Estábamos llegando a la traca final y sonaba «Honey Forgive Me» con ese contagioso groove y con los asistentes completamente a su merced, dio una vuelta más de tuerca intercalando un «Medley» de clásicos:
«Smoke On The Water», Depp Purple/ «Man of TheSilver Mountain», Rainbow/ «Jessica», The Allman Brothers/ «Black Sabbath», Black Sabbath y hasta «La Pantera Rosa» de Mancini.

Finalizó, una vez más, con un «War Pigs» oscuro e intenso, dedicado, como no, a Ozzy que puso la sala patas arriba. Y es que el de Wisconsin no puede negar que lleva a Sabbath en vena.

Sigue con sus escarceos metálicos y su velocidad de vértigo cuando deja de estirar hasta lo imposible las cuerdas en sus pantanosos riffs, que lo sitúan en el Blues Power de raíces. Es obvio que sus escarceos más hardrockeros, en los que despliega todo un abanico de influencias, te llevan a tiempos pasados, cuando gigantes de parecida propuesta te sacudían tal y como él hace ahora. Es un animal de directo sin duda, con sonido y estilo propio, a la antigua usanza que, a menudo, recuerda a los directos salvajes y desgarrados de Nugent o Winter.

Una vez más pudimos bajar a las particulares entrañas de su Blues Power, disfrutando de un engrasado directo, visceral, sin maquillar, muy crudo y rudo, desprovisto de artificios, como a él le gusta mostrar. Como siempre un placer, Jared. Nos encantó charlar contigo y recordar cada concierto. El tiempo pasa, nos hace pisar siempre más fuerte y está claro que tú pisas con tal intensidad que tus directos no pueden dejar indiferente a nadie.

Texto: Lady P
Fotos: C Wojtyla


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