Bob Weir, guitarrista rítmico, vocalista y miembro fundador de Grateful Dead, falleció el 10 de enero a los 78 años tras no poder superar «problemas pulmonares subyacentes» derivados de un cáncer diagnosticado en julio de 2025. Su muerte marca el final de una era para una de las figuras más influyentes del rock estadounidense, un músico cuya visión moldeó la contracultura de los 60 y cuyo impacto se extendió durante seis décadas de actividad ininterrumpida.

El comunicado oficial destacó que Weir «falleció en paz, rodeado de sus seres queridos», apenas unos meses después de haber regresado a los escenarios para celebrar los 60 años de la banda en tres noches históricas en Golden Gate Park, sus últimos conciertos públicos. Aquellas actuaciones con Dead & Company —la formación que mantuvo vivo el espíritu del grupo junto a Mickey Hart, Bill Kreutzmann, Oteil Burbridge, Jeff Chimenti y John Mayer— ya se percibían como un homenaje en vida a una trayectoria irrepetible.

Nacido en San Francisco en 1947, Weir cofundó Grateful Dead a los 17 años junto a Jerry Garcia, Phil Lesh, Bill Kreutzmann y Ron “Pigpen” McKernan. Desde entonces, su guitarra rítmica se convirtió en una pieza esencial del sonido Dead: un híbrido de folk, psicodelia, blues, improvisación jazzística y un espíritu comunitario que definió a generaciones enteras. La forma de tocar la rítmica de Weir era un colchón de aire puro para las improvisaciones de sus compañeros; por otro lado, fue el elemento cohesionador del grupo, el epicentro alrededor del que giraba todo y soporte emocional de Jerry García. Con más de 2.000 conciertos a sus espaldas y una legión de seguidores —los legendarios Deadheads—, la banda se convirtió en un fenómeno cultural sin precedentes, un laboratorio musical en constante mutación que Rolling Stone ha descrito repetidamente como «la institución jam más influyente de la historia del rock».

Tras la muerte de Jerry Garcia en 1995, Weir se negó a dejar que la llama se apagara. Participó en proyectos como The Other Ones, The Dead, Furthur, RatDog y Bobby Weir & Wolf Bros, además de colaborar con orquestas sinfónicas y artistas de múltiples generaciones. Su último gran hito llegó en 2025, cuando reinterpretó el repertorio de los Dead junto a la Royal Philharmonic Concert Orchestra en Londres, su primera actuación en la ciudad en más de dos décadas.

Espléndido documental sobre Bob Weir

La familia de Bob Weir ha emitido un comunicado sobre su fallecimiento que pasamos a ofreceros íntegramente:
«Con profunda tristeza compartimos el fallecimiento de Bobby Weir. Transformó su vida en paz, rodeado de sus seres queridos, tras vencer valientemente el cáncer como solo… Bobby pudo. Desafortunadamente, falleció debido a problemas pulmonares subyacentes.

Durante más de sesenta años, Bobby estuvo de gira. Guitarrista, vocalista, narrador y miembro fundador de Grateful Dead. Bobby siempre será una fuerza inspiradora cuyo arte único transformó la música estadounidense. Su trabajo hizo más que llenar salas de música; fue la cálida luz del sol que llenó el alma, forjando una comunidad, un lenguaje y un sentimiento de familia que generaciones de fans llevan consigo. Cada acorde que tocaba, cada palabra que cantaba, era parte integral de las historias que tejía. Era una invitación: a sentir, a cuestionar, a vagar y a pertenecer.

Los últimos meses de Bobby reflejaron el mismo espíritu que definió su vida. Diagnosticado en julio, comenzó el tratamiento solo unas semanas antes de regresar al escenario de su ciudad natal para una celebración de tres noches por 60 años de música en el Golden Gate Park. Esas actuaciones, emotivas, conmovedoras y llenas de luz, no fueron despedidas, sino regalos. Otro acto de resiliencia. Un artista que eligió, incluso entonces, seguir adelante por su propia cuenta. Al recordar a Bobby, es difícil no sentir el eco de su forma de vida. Un hombre a la deriva y soñando, sin preocuparse nunca de si el camino lo llevaría a casa. Un hijo de innumerables árboles. Un hijo de mares infinitos.

No hay un telón final aquí, en realidad no. Solo la sensación de alguien que parte de nuevo. A menudo hablaba de un legado de trescientos años, decidido a asegurar que el cancionero perdurara mucho después de él. Que ese sueño perdure en las futuras generaciones de Dead Heads. Y así lo despedimos como él nos despidió a tantos de nosotros: con una despedida que no es un final, sino una bendición. Una recompensa por una vida que vale la pena vivir.

Su querida familia, Natascha, Monet y Chloe, solicitan privacidad durante este momento difícil y agradecen las muestras de amor, apoyo y recuerdo. Que lo honremos no solo con dolor, sino con la valentía con la que continuamos con el corazón abierto, paso firme y la música que nos guía a casa. Cuélguenlo y vean qué pasa mañana.»

Gracias Bob por tu música y por la humanidad que siempre desprendiste.
JLBad


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