El 8 de febrero de 1964, una versión de «Louie Louie» de Richard Berry, interpretada por The Kingsmen, fue investigada por el FBI por obscenidad, a pesar de la letra ininteligible de la grabación. La investigación duró 31 meses, y el FBI concluyó que no pudieron interpretar el texto de la grabación. Mientras tanto, los editores de la canción ofrecieron 1000 dólares a quien pudiera distinguir con certeza el lenguaje «vulgar». Durante un tiempo fue declarada la canción más peligrosa de todos los tiempos.

La asociación de padres de un instituto escribe una carta a Robert F. Kennedy, por aquel entonces fiscal general, denunciando la letra de Louie, Louie, un éxito del rhythm and blues que no paraba de sonar en las emisoras de todo el país, llegando al #2 de la lista Billboard. Según la denuncia, la canción estaba llena de improperios, incitaciones al sexo desenfrenado y demás transgresiones sencillamente inaceptables para la música popular de la época. “Estimado Sr. Kennedy: ¿A quién recurre uno cuando su hija adolescente compra y trae a casa materiales pornográficos u obscenos que se venden junto a otros objetos destinados al mercado juvenil de cada ciudad, pueblo y tienda de discos en este país?». Tras confesar que las frases pronunciadas por el cantante del grupo The Kingsmen en Louie, Louie eran tan fuertes que ni siquiera se atrevía a transcribirlas en la misiva, concluía con un oscuro pronóstico:  “Esta nación nuestra se dirige hacia un estado de degradación moral extrema”.

Esta y otras reacciones desproporcionadas provocaron un clima de pánico moral que el FBI se vio obligado a investigar: tras hacerse con tantas copias del single como pudieron, pusieron a todos sus efectivos a estudiar la letra de esta versión de un tema que el músico afroamericano Richard Berry había compuesto y grabado una década antes, sin ningún tipo de problema. Nadie fue capaz de ponerse de acuerdo en qué demonios era lo que decía aquel condenado muchacho que gritaba en el single.

Incapaces de establecer un consenso con respecto a la supuesta obscenidad de la letra, los agentes del FBI se dedicaron a perseguir a los Kingsmen durante su gira por Estados Unidos, asistiendo a varios conciertos celebrados ante un público al que no le podían dar más igual las palabras concretas de Louie, Louie: se trataba de dejarse llevar por aquel ritmo que Berry creó en 1955 y que sigue resultando altamente infeccioso a día de hoy. Los miembros del grupo recuerdan incluso cómo los federales intentaban tenderles una trampa detrás de otra en habitaciones de hotel, solo para culminar cada redada con la imagen de unos chavales bebiendo refrescos y viendo la tele… Al final, el mismísimo J. Edgar Hoover, el cazabrujas y comunistas, se vio obligado a dar carpetazo a una investigación no demasiado brillante, pues ninguno de los sabuesos que se pasaron horas buscando referencias libidinosas en la letra de Louie, Louie pudo escuchar cómo, en el minuto 0:54 de la canción, el batería Lynn Easton grita un sonoro “Fuck!” cuando se le cae al suelo una de sus baquetas.

Décadas más tarde, Motörhead realizó una nueva versión del tema.


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