
JEFF TWEEDY
Sala Paral·lel 62, Barcelona
12.01.26
Amaneció un jueves en Barcelona con una alerta por vientos fuertes y la amenaza real de suspender el concierto de Jeff Tweedy en la sala Paral·lel 62. Finalmente, el temporal amainó y la gente salió a la calle. Había ganas. Al otro lado de la avenida, colas para ver a Depresión Sonora en el Apolo. A este lado, una sala prácticamente llena. Gente guapa del “Upper Diagonal” (la zona de pasta de Barcelona), modernos y habituales.
Abrió la noche Sima Cunningham, compositora y productora de Chicago. Acompañada únicamente de su guitarra hollow body, ofreció un repertorio indie-folk agradable y tranquilo. Amenizó la espera con solvencia y regresó más tarde al escenario como bajista de la banda cabeza de cartel.

Apareció Jeff Tweedy acompañado de un quinteto de jóvenes músicos, entre los que se encontraban dos de sus hijos: Spencer y Sammy, a la batería y los teclados respectivamente. Completan la formación Liam Kazar, multiinstrumentista, la violinista Macie Stewart y, como ya he dicho, Sima Cunningham al bajo. Una banda que, de forma ordenada y aplicada, reinterpretaba principalmente los temas del último trabajo de Tweedy, Twilight Override.
Desde el aclamado Yankee Hotel Foxtrot que quería ver en directo a Wilco. A veces por temas de agenda, otras por temas de pasta, no había visto el directo del de Chicago. Tengo que decir que la música indie nunca me ha atraído especialmente: los arreglos naïf y la falta de garra en muchos directos me han mantenido siempre a cierta distancia de ese mundo. La música va de emociones, y no he asistido a un concierto más aséptico en mi vida.

Así puedo resumir cómo me sentí durante las casi dos horas de concierto y veinticinco temas después. Era un concierto para contemplar sentado. Complaciente con las composiciones y el sonido preciosista, Jeff Tweedy y su banda de jóvenes bien intencionados no emocionan.
Twilight Override es un buen disco. Podéis leer la reseña que hice en esta misma publicación. La gira europea se apoya claramente en los temas del álbum: quince de los veinticinco interpretados pertenecen a él. Y así se ejecutan. El concierto suena exactamente como el disco. Todo en su sitio. No echas nada en falta: ni coros ni arreglos. Incluso el sonido se parece. Un sonido comprimido que evita que el bombo te oprima el pecho o que haya una nota por encima de otra. Tan perfecto que nada te sorprende.
Visto que el concierto iba de eso, el público se dedicó a escuchar lo que se ofrecía. Hubo un breve coro colectivo en Feel Free y algunos pocos saltaron al escuchar la versión de Spanish Bombs de The Clash en los bises. El resto del repertorio se repartió entre su carrera en solitario: Flowering o Family Ghost fueron dos de los momentos más destacables de un cantante preocupado por que todo suene bien y por ser recordado como un gran escritor de canciones.
Salí del Paral·lel 62 y me eché un trago para animarme un poco. Concierto visto y olvidado. Seguiré escuchando sus preciosas composiciones en sus discos.
Texto y fotos: Xavi Malacara


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