SANTAKO BLUES FESTIVAL
LAS BALAS PERDIDAS

Teatre Sagarra, Santa Coloma de Gramenet
20.02.26

El XIII Festival de Blues de Santako vuelve un año más con un cartel de lujo. Organización impecable, público fiel y una ciudad que ya ha hecho de esta cita un ritual anual. El primer gran acto de esta edición arrancaba en el Teatro Segarra de Santa Coloma, y media hora antes de la inauguración ya había gente abarrotando la entrada. Y es que el aforo estaba completo.

En el hall, Las Balas Perdidas departían tranquilamente con la gente.  Santa Coloma es un pueblo y ellos son el pueblo. Preparaban la venta de su vinilo y apuraban una última cerveza antes de subir al escenario. Conocí a estos tipos cuando empezaban, hace ya casi diez años. Yo abría la noche con mi guitarra en el London Bar del Raval. Entraban por la puerta con el contrabajo, las guitarras, la caja y el dobro, abriéndose paso entre el público, y acababan los cuatro hacinados en un espacio donde apenas cabía yo solo y mi guitarra. Eran una especie de Aristogatos: una jug band de vagabundos recorriendo pueblos y ciudades y contagiando alegría.

Esta vez el escenario era magnífico. Iluminado en rojo fuego y presidido por el cartel del festival. Tras una breve presentación a cargo de Ángel Elvira, aparecen Las Balas Perdidas sobre las tablas. Adaptados al formato teatral, plantean la velada como una obra de arte en tres actos. Arrancan con una preciosa versión de su tema 13/14, tranquila y arrastrada, como la voz de Agustín: a medio metro del micrófono, recitando frases dolientes como un tango y con licks de guitarra zurdos a lo Albert King. Ahí reside parte de la magia del grupo: Blues y música tradicional de raíces negras cantadas en español.

El primer acto avanza a fuego lento.  Eric, con guitarra acústica, aporta brillo a la oscuridad de la propuesta. El ritmo corre a cargo de Quico Hernández, denso como la melaza y sugerente a rabiar.  Taisen, siempre majestuoso al contrabajo, ejerce de maestro de ceremonias: todo pasa por él. Este inicio contenido enciende al público, que escucha en un silencio respetuoso hasta estallar en una gran ovación.

En el segundo acto Quico se pone al frente con el washboard y montan un pequeño Newport Folk Festival a lo Pete Seeger. Regresan a sus orígenes de banda callejera y vuelven los vagabundos. Ese es el primer gran encanto de Las Balas Perdidas: canciones que navegan entre el folk y el gipsy, con coros y estribillos perfectos. Con Pájaro Azul y uno de sus himnos, Pierde el que se enoja, deleitaron a un público cada vez más cómplice.

Tercer acto y final de fiesta.  Quico vuelve a la batería, Eric toma la guitarra eléctrica y Tai el bajo eléctrico. Tras una interpretación memorable de Escarabajo, arranca un swing maravilloso:  El Juego de las sillas, un instant classic salido de la factoría de la casa. Y entonces Eric rompe la baraja con You can’t catch me de Chuck Berry, un regalo para los asistentes.

Final eléctrico, bis exigido y una ovación cerrada para una auténtica obra de arte en tres actos.  Las Balas Perdidas son una de esas bandas que merecen todo el reconocimiento y, parafraseando su estribillo, estos tipos no conocen ni el miedo ni la desesperación.
Texto y fotos: Xavi Malacara


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