XVIII ANIVERSARIO ROCKSOUND
RAMBALAYA
Razz 3, Barcelona
7.03.26

Primero de los dos conciertos de celebración de la mayoría de edad de Rocksound

“Se bajó la persiana, pero sigue vivo su espíritu” y qué mejor manera de empezar las celebraciones con una banda como Rambalaya, y es que tenemos bandas con una calidad impecable.

La formación la integran el sueco-catalán Anton Jarl a cargo de la batería y fundador de Rambalaya. A su lado, el argentino-catalán Matías Míguez al bajo, sabedor de su aplomo y destreza. La sección de vientos la forman dos veteranos de la escena catalana; Pol Prats en el saxo y Álex López en la trompeta, colaboradores de diferentes proyectos, como la Barcelona Big Blues Band o como asiduos de Dani Nel·lo en cualquiera de sus transformaciones escénicas. Sentado a los teclados encontramos a Alberto Burguez, un uruguayo-argentino afincado en Barcelona y que cuenta con un experimentado currículum: Ha tocado con James “Bogaloo” Bolden (trompetista de BB King), Kirk Fletcher, Slam Allen o Sax Gordon, entre otros muchos. Finalmente, y sin que apenas necesiten presentación, tenemos a Héctor Martín con su Gibson y Jonathan Herrero, una de las mejores voces de este país, ambos miembros de A Contra Blues y otros tantos proyectos paralelos.
Con semejante formación, solo puedes esperar una velada especial cada vez que se juntan encima de un entarimado, como resultó ser la noche de sábado.

Nada más empezar, un regalo, «Back in the Race», tema que grabaron en las sesiones del álbum Plays for the Brokenhearted pero que no llegaron a incluir en el disco, ni tampoco han editado en formato single. A partir de ahí todo fue rodado, sencillo, amigable y sobre todo entrañable y mágico. Un show de ochenta minutos que consiguió embaucarnos desde el inicio e hizo que una sala a rebosar, disfrutara de un repertorio de lujo.

“Barcelona, qué jodidos y caros sois de veros”, un lamento de felicidad, que Jonny soltó entre tema y tema, reflejando el goce que sentían los músicos por estar en ese escenario, y lo difícil que es para una formación como Rambalaya actuar en esta ciudad; de hecho, era la segunda ocasión que lo hacían con el último disco publicado hace un año; la anterior fue en octubre en la sala Upload.
Sorprendía que muchos de los parroquianos habituales de Rocksound, era la primera vez que veían y oían a cualquiera de los músicos que ocupaban el escenario pero rápidamente se percataron de que Rambalaya es sinónimo de calidad y disfrute. Y lo cierto es que esa noche atraparon a un buen puñado de nuevos seguidores.

Podríamos destacar todas y cada una de las canciones del concierto pero lo haremos con momentos especiales, como «Shadow», que rozó directamente el corazón de los presentes con una entrada de bajo preciosa y un Jonny aportando esa voz que te desgarra el alma, casi susurrando al principio, para ir subiendo al mismo ritmo que la guitarra de Héctor, consiguiendo esos momentos álgidos que llevan una buena canción a un nivel superior. «Bootlegger Man» fue la pieza que nos acercó a un New Orleans bohemio, con una sección de vientos que provocaba tempestades. Brillaron también en «The Border» y qué simpáticos resultaban ambos al unísono en sus coreografías de rincón, momento que aprovechó Jonathan para subir a tres de sus alumnas de canto para participar en los coros. En «Can’tTake it No More» desataron la bestia y la banda estuvo incendiaria. Héctor con esa clásica mirada suya amenazante de duende endemoniado volaba sobre su mástil, mientras la banda lo daba todo en perfecta comunión con el público. Energía pura, como en «Telephone», posiblemente el tema más rockero de su discografía, y que dio paso al final del setlist con uno de los momentos más bellos de la noche: el sentido «Lonesome Land», compuesto a raíz de algunas pérdidas familiares como explicaron. Fue un arranque góspel que Jonny interpretó a capela, con esa voz de quiebros preciosos que emanaron puro sentimiento. Administró su voz a base de giros vocales con una potencia contenida que te encogía, con perfecto control y al soltarla, atravesó el alma de todos los presentes arrancando lágrimas de emoción a más de uno a mi alrededor, tan solo el piano rompió el momento y el resto de la banda se enredó en una animosa deriva musical, tan propia del género. Simplemente espectacular. 
Inevitable, visto lo visto, un bis. Se quedaron en escena Jonny y Héctor para interpretar «Only In My Dreams», llenando al completo todo el espacio de una sala muda de emoción ante otra demostración salvaje del gran poderío vocal del grandioso Jonathan Herrero, que simplemente domina a su antojo sus cuerdas vocales. Cuando se unieron los metales al tema crearon una atmósfera empapada de soul en otro gran momento de la noche.

La historia terminó en tono festivo, como si estuviésemos cantando por las calles de New Orleans, cual cortejo detrás de ellos, con «Ain’t Gonna Put No Flowers on Your Grave».
Y nosotros no pusimos flores en su tumba, pero sí que fue la losa que cerró el show. Los llenamos de aplausos, gritos, silbidos y mucho, mucho, muchísimo agradecimiento por hacer la primera noche de celebración del añorado Rocksound tan emotiva y especial.
Se vienen cosas bonitas en Rambalaya, y ya tenemos hambre por descubrirlas. Esperamos que sea más pronto que tarde. 

Un placer verles siempre, caballeros.
Texto y fotos: Lady P./JL Bad


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