BAND OF FRIENDS
Razz 3
. Barcelona
14.01.25

Tenía ganas de esta noche, desde que se anunció el concierto hace meses. Iba a ser la primera vez que vinieran y que este reportero tribulete pudiera verlos, sin prohibiciones laborales de tres al cuarto, hecho que no hace otra cosa que constatar, la incapacidad intelectual de quien acuñó aquello de que el trabajo dignifica… ¡Los cojones! Todo el día escuchando Rory Gallagher, los pies no se aguantaban en casa y me sacaron a empujones al frío invernal de Cornellà —que ya os digo yo que hay varios grados menos—, llegando a la sala casi una hora antes de la apertura de puertas. ¡El ansia puta!, que diría mi abuela.
Tras pasar por el control de avituallamiento perceptivo, con el estómago caliente y la mente fría, entré en la sala, que ya registraba una buena entrada. De hecho, desde el concierto de Siena Root y Cachimira, de diciembre de 2023, no había visto la pequeña de Razzmatazz tan llena como esta noche, con público muy variopinto, tanto en estilismo como en edad… y mucho músico, a la postre público difícil, exigente y muy crítico.

Es posible que me equivoque en algunas puntualizaciones personales, pero creo que la sala se rindió a la banda antes de que saliera a escena. En el ambiente se palpaba una euforia altamente contagiosa, y las conversaciones deambulaban desde «cuándo yo vi a Gallagher» a «los Friends los he visto tres veces», reafirmando que el guitarrista irlandés dejó huella profundamente marcada en las generaciones que vivieron su tiempo, al mismo tiempo que las nuevas que lo han descubierto, cuando este se le escapó de las manos.

La visita como trío, personalmente, y teniendo en cuenta que se trataba de mi primera vez con Band Of Friends, se me antojaba mucho más atractiva que como cuarteto, y no es que me desagraden los discos de Gallagher con piano, de hecho no me desagrada ninguno, pero el formato visitante afianzaba mi esperanza de un rock más rugoso y áspero, más en una sala de pequeño formato, donde el sudor de los músicos te mancha las gafas.
Otro punto a tener en cuenta, es que el guitarrista de esta ocasión, Davy Knowles, es un viejo conocido de Bad Music Radio, desde que descubrimos su álbum Three Miles From Avalon de 2016, y que presentaría en julio de 2017 en el Festival de Blues de Cazorla. Sus influencias de Rory Gallagher son indudables, no las oculta y en varias ocasiones ha introducido en sus discos versiones del maestro. Era un sujeto especial, a priori, para acompañar al bajista McAvoy y al batería Brendan O’ Neil, compañeros de Gallagher, en esta ceremonia de reivindicación de su legado.


Todo estaba enmarcado para que saliera bien, ni siquiera el precinto molesto de la apatía crónica de luces, que padece la sala, pudo cambiar el resultado. Pero si a todo lo contado se le añade comenzar el show con «Doble Vision» y «Messin’ With The Kid», tema con el que Gallagher abría muchos de sus conciertos, la alfombra roja de la nostalgia y el entusiasmo, se deslizó entre los pies de los presentes, que ya no volvieron a pisar terrazo en toda la noche.

La banda era una apisonadora, no dejaba títere con cabeza y a un paso casi marcial, se apoderaban del espacio-tiempo de nuestros cerebros. Prácticamente, todas las canciones fueron berreadas al unísono, las manos solo bajaban por debajo de las cabezas para reposar el vaso de cerveza, o mirar la foto o video que acababas de hacer. Los temas iban pasando sin pedir permiso, «Lonely Mild», «Moonchild», y para cuando sonaron las primeras notas de «Cradle Rock» el público estaba enloquecido y Davy Knowles, se los había metido a casi todos en el bolsillo. Dónde radica el secreto del éxito de la formación de esta noche, creo que en la sencillez, que ya es mucho; el huir de buscar la calcamonía de Rory Gallagher, sí que estamos ante su música, pero él era único, intentar ser similar es una gran cagada, y como la sabiduría es un peine que te regalan cuando te quedas calvo, que si bien no es el caso de Knowles, sí que lo es de McAvoy. El bajista es el centro del escenario, el frontman de la noche, conduciendo su late night show por donde le apetece, y sabe que por muy buenos guitarristas que tenga a su alrededor, nunca serán el original, pero ha apostado por un chaval joven —37 años—, con clase, estilo y la música de Gallagher en las venas desde pequeño, y ¡anda que no!, la jugada le ha salido perfecta.

Una noche espectacular con la música del maestro de maestros, Rory Gallagher, llevada en volandas por dos viejos colaboradores y un joven aventajado y sin complejos. Un apunte más para este inicio de año, que está siendo formidable en lo que se trata de música en directo. Para elevar esta cita al olimpo de los recuerdos, tan solo remarcar en oro la última media hora de fuego amigo, un «Tattoo’d Lady» colosal, la que posiblemente sea la mejor canción de Gallagher, «A Million Miles Away» ¡Gallina de piel, oiga!, la destructiva «Bad Penny», ¡Ohhhhh! ¡Qué maravilla!, más la puntilla de «Shadow Play» empalmada con el arrebatador «Bullfrog Blues» y para casa, con una sonrisa más grande que la del Gato Risón de Alicia en el País de las Maravillas, y sin habernos comido ni la píldora azul, ni la roja… solo música, solo blues y rock en vena. ¡Tal como debe de ser! ¡Qué noche la de aquel día!

Texto: JL Bad
Fotos: Marta G. Adelantado


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Una respuesta a «¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!»

  1. […] donde os contamos qué sucedió en el concierto de Razz 3 en Barcelona, podéis leer la crónica aquí. RM Concerts Promotions anuncia una nueva visita de Band Of Friends para el próximo mes de […]

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