A menos de 150 metros de donde hoy se levanta, el venerado templo del teatro de L’Hospitalet, Teatre Juventud, antaño, se escondía de la ciudad y de su Guardia Urbana, el más venerable templo de perdición y rock y rock and roll; el Pub Diablos.

El local, hoy reconvertido en un deshonroso y oscuro parking sin interés social, contaba de dos pisos unidos por una escalera sin paredes. El piso de arriba era el típico pub de los setenta, mezcla de local de alterne, puticlub y bar musical, mientras que el piso de abajo era un cine de pequeño aforo, con gradas como anfiteatro y una pantalla enorme de proyecciones. En aquella tela blanca podías encontrarte conciertos de Eric Clapton y acto seguido ver como un fontanero muy apañado, le limpiaba las tuberías a un ama de casa con problemas de cariño; Pink Floyd en Pompeya comulgaba con una de ciencia ficción donde los penes eran hinchables, y las vaginas tenían más cabida que la puerta el metro de Collblanc.
En aquel maravilloso entorno, siendo todavía menor de edad, pero con una fotocopia del carnet manipulada, por si se presentaban los pitufos; que siempre lo hacían en horario porno los muy cabrones, te tomabas una cuantas medianas, te fumabas los cien duros que acababas de pillar en Las Palmeras o el Oasis, y te relajabas alimentando el alma y el cuerpo, algunos de forma muy pública, íntima y desagradable al mismo tiempo.

Ya había visto a los Stones en directo, y tenía varios vinilos de la banda, siendo dos de ellos el Sticky Fingers y el Beggars Banquet, también sabía de la pareja de groupies que circulaba en su entorno, la tal Anita Pallenberg y Marianne Faithfull, pero la verdad es que nunca me preocupé de conocer las historias del corazón, para mí babosas, y me centraba en la música. Desgraciadamente, no supe hasta años más tarde que el tema «You Can’t Always Get What You Want» estaba inspirado en una de ellas, aunque no se ponen de acuerdo si era Anita o Marianne. Tampoco supe, más que nada, porque otros cabrones, como los pitufos o Jimmy Page, Mick Jagger y Keith Richards, le habían robado el derecho de autora a Marianne Faithfull; que hay que ser rastrero al tratar de esa forma a la persona con la que compartes lecho.

El caso es que una noche, seguramente después de embarrancar en Les Enfants, entramos en nuestro adorado Pub Diablos, llegando cuando había comenzado la proyección de una cinta en inglés y sin subtítulos, vete tú a saber de dónde la habían sacado, donde caí rendido ante el cuerpo de una de las actrices, a la que magreaba un viejo que no reconocí, y se ofrecía sexualmente al de Los Tres Mosqueteros y Tommy, Oliver Reed. Le pregunté al camarero si conocía a la chica de la pantalla, pero lo único que hizo fue darme la carátula del VHS, por la que dedujimos que no debía ser Carol White, la protagonista, pues era un papel muy corto, así que la única posibilidad era Marianne Faithfull, que pasó a ser mi mito erótico de post pubertad y juventud. La película era I’ll Never Forget What’s’isname de 1967.

Años más tarde visioné La Chica de la motocicleta, más adentrado en años, pero con la misma fascinación por Marianne Faithfull, que compartía protagonismo con Alain Delon, cinta que volví a revisar días antes de su óbito, y que no ha envejecido correctamente, pero de la que todavía surge de la mediocridad, el cuerpo, los ojos y la sonrisa de ella. A esas alturas, ya controlaba la carrera de Marianne, de sus caídas constantes, de sus romances y defenestrados amoríos, de su música y su carrera artística, no en vano, llevé en mis años perdidos de instituto, una carpeta en la que se visionaba una enorme foto de ella desnuda, encima de una motocicleta, compartiendo la tapa de cartón con Pink Floyd, UFO, Rory Gallagher y alguna que otra banda de melenudos.

Musicalmente hablando, la musa del Swinging London de Carnaby Street, jamás despertó mi interés por ella, más allá de «As Tears Go By», escrita por Jagger y Richards, bajo la supervisión y apropiación de Andrew Loog Oldham, uno de los chorizos más compulsivos de la historia de la música, que se fijó en una niña de 16 años con gran porvenir y rápidamente se pegó a ella como una sanguijuela, para poder chuparle la sangre.

Eso ocurrió en lo que la propia Faithfull denominó, años más tarde, una fatídica fiesta de los Stones. Allí se fraguó su porvenir durante el resto de la década, marcado por la ascensión meteórica al olimpo rock, y el descenso vertiginoso a los infiernos. «As Tears Go By» la presentó como la nueva voz del pop británico, y Oldham comenzó a proporcionarle canciones de otros, para mayor gloria de su cartera y popularidad de la groupie. Entre ellas podemos enumerar la desafortunada interpretación de «Blowin´ In The Wind» de Dyland, la casi infantiloide «Come And Stay With Me» de Jackie DeShannon, incluso la más acertada revisión de The Beatles, con «I’m Loser». No, la verdad sea dicha, no entré en su universo musical hasta que no escuché por primera ocasión «Ne Me Quitte Pas», alejada del pop y descubriendo, tras aquella voz angelical que no me atraía, una forma demoledora y profunda de interpretarla, como si los dos conceptos estuvieran reñidos entre sí.


No vamos a ignorar que mantuvo una relación con Mick Jagger de cuatro años, la cual marcó su vida para siempre, pues en un mundo tan misógino como el del rock, es imposible desprenderte de la fetidez que te colocan los medios, «La novia de Mick Jagger», como un tatuaje chino que te haces una noche de borrachera de licor de lagarto. No soy de los que piensan que Jagger la incitara a las drogas, más bien al contrario, ella fue instigadora de muchas cosas en la banda, sin ir más lejos, considero que Marianne Faithfull intervino decisivamente en la etapa oscura de The Rolling Stones, marcada por los álbumes Their Satanic Majesties Request, Beggars Banquet, Let It Bleed y Sticky Fingers. El tema «Sister Morphine» estuvo compuesto por ella, aunque la pareja Jagger – Richards lo reconocieran mucho más tarde y tras pasar por los juzgados, «Sympathy For The Devil» escrito por Jagger, está basado en el libro The Master and Margarita de Mikhail Bulgakov, novela oscurantista que le regaló Marianne, en pleno proceso de introducción al satanismo del vocalista de los Stones; no hay que olvidar que Faithfull seguía algunas enseñanzas de El Libro de Thelema de Alexis Crowley, ocultista demonizado como «El hombre más malvado del mundo» y que durante esa época, estaba involucrada en el proyecto cinematográfico Lucifer Rising, de Kenneth Arger, donde colaboraban Jimmy Page, Chris Jagger -hermano de Mick– y Bobby Beausoleil, asesino que perteneció a La Familia Manson; película en la que Marianne Faithfull interpretó a Lilith, la novia de Lucifer.

La vertiginosa y desenfrenada vida en la que se sumergió Marianne Faithfull, la aportó numerosos problemas, un aborto traumático, la perdida de la custodia de su único hijo, una demoledora anorexia y finalmente la ruptura con Mick Jagger. Sucumbió ante el machismo sensacionalista de la prensa británica, en la famosa redada en casa de Keith Richards, donde se la encontró desnuda y habiendo consumido drogas, algo que de haber sido el caso de un hombre no pasaría nada, como ocurrió con los Stones, pero era una mujer en un mundo chovinista, por lo que tal y como declaro años más tarde, «a una mujer se la tilda de puta y mala madre, a un hombre no se le cuestiona nada». A todo ello se le sumó un intento de suicidio, y el desinterés por ella de Andrew Loog Oldham, pues ya había agotado el filón que él mismo definió como «Un ángel con las tetas grandes». Marianne terminó viviendo en las calles del Soho londinense, lavando su ropa en un restaurante chino, que le daba de vez en cuando de comer, derruida por las drogas y sin perspectivas de futuro.

Vagabundeando por el Soho la encontró el productor Mike Leander y le produjo el álbum Rich Kid Blues, pero nadie quiso editar material de una musa que había perdido la voz angelical que enamoró al mundo. El disco se olvidó en un cajón hasta 1985, y en él se puede apreciar un enorme cambio de registro vocal en Faithfull. Otro intento de regresar al mundo musical fue con un álbum country llamado Dreamin’ My Dreams en 1975, pero con escasa repercusión, salvo en Irlanda, donde obtuvo cierto éxito. Todos los intentos de regreso fueron infructuosos, siendo el error más grave la no edición del single «Something Better» con una maravillosa guitarra de Ry Cooder, y en cuya cara B se escondía una fabulosa versión de «Sister Morphine», muy superior a la de los Rolling Stones.

Todo esto lo supe años más tarde, porque por aquella época, todo lo que rodeaba a Anita Pallenberg y Marianne Faithfull, estaba lleno de glamour, y esplendor rockero, que nos mostraban las revistas de la época como este número de Vibraciones, que todavía conservo; mientras ella, desaparecía del mundo en los setenta, de la forma más agria posible, aunque seguía plastificada en mi carpeta de instituto.


Muchos años más tarde retome mi relación ficticia con Marianne Faithfull, tras lustros de ostracismo y dedicado a otras músicas más violentas y demoledoras; los años del radicalismo musical, que quizás hemos sufrido todos, pero como la experiencia es un peine que te regalan cuando te quedas clavo, esa radicalidad desaparece y vuelves a creer que la música no tiene fronteras, etiquetas y sobre todo prejuicios.

Me volví a enamorar de Marianne Faithfull, pero en esta ocasión de su música, de su pasión por ella y su magnífica forma de interpretarla, de su maravillosa nueva voz, y es por eso que ahora, tras su deceso esta semana, quiero rendirle homenaje con los cuatro discos de estudio que considero imprescindibles en la carrera de esta mujer.
Asqueado de leer plumillas desbocados en ese nuevo machismo que nos asola, que vomitan sus aberrantes titulares sin prestar la mínima reflexión ante lo que expulsan. A Marianne Faithfull no se la puede tratar como «La novia de…», «La musa de los…», ella ha sido muchísimo más; si no te rindes a estas obras, ponte el tensiómetro, es posible que estés muerto y no lo sepas.

Broken English
Island Records

2 de noviembre de 1979

Significa el regreso de Marianne Faithfull al mundo musical, con un trabajo extraodinario, que ella misma declaro como su obra cumbre. Sumergida en plena explossión punk, este disco fascina por su mezcla de canciones que pertenecen a la llamada new wave, pero que están cantadas o narradas por una voz poderosa, que procede de otros géneros. La voz de Faithfull ha perdido varios tonos, debido a una laringuitis crónica y al desgaste de las drogas, pero supone el redescubrimiento de una maravillosa forma de interpretación, alejada de los años del Swinging London. Cuando estaba grabado el disco, ella misma pidió que se llamara a Steve Winwood, para introducir teclados que lo presentaran más asequible al momento. Sin embargo, en 2013, cuando se publicó la versión Deluxe con la mezcla original, Marianne declaró que aquella era su preferida. Momentos culminantes del disco son «Broken English», inspirada en Ulrike Meinhof, líder de la Fracción del Ejercito Rojo alemán, la desgarradora canción feminista «The Balland Of Lucky Jordan», que se utilizó al final del film Thelma & Louise, y la no menos sobrecogedora versión de «Working Class Hero», que supera con creces la original de John Lennon y cualquier otro cover que se haya grabado.


Strange Weather
Island Records

Junio de 1987

Descubrimos a una mujer que ha abandonado definitivamente su adicción a la heroína, que tras luchar contra los demonios que la acosaban en el pasado, reaparece calmada, sabiéndose sabia y sobre todo una sobreviviente. Tas colaborar en un proyecto tributo al compositor Kurt Weill, llamado Lost in the Stars: The Music of Kurt Weill, el productor Hal Willner, fascinado con la interpretación de Faithfull, le ofrece reralizar ese trabajo de versiones. Es un álbum de cabaret oscuro, que en numerosas ocasiones hace florecer el bello de la nuca. Ella conoce su voz y sabe como dominarla, aunque cada vez va perdiendo más tonalidad brillante, se enzarza en un rol medio cronner, del que sale no solamente airosa, brilla como una estrella fulgurante camino de la implosión.
«Boulevard Of Broken Dreams», «Strange Weaver» de Tom Waits, «I’ll Keep It with Mine» de Bob Dylan o «Hello Strange» de Dr. John, son piezas estremecedoras. Todo el álbum posee una perfecta orquestación y por ella camina el blues, el folk y la música de autor. Qué decir de la increíble versión del tema que la hizo popular, «As Tears Go By», que ella mismo declaró, «ese no era un tema para grabarlo con 16 años, es un tema para una mujer madura». Irresistible.


Before The Poison
Anti Records / Naïve

28 de septiembre de 2004

Han pasado diecisiete años desde Strange Weather, y en medio Marianne Faithfull ha publicado siete discos admirables, alguno de ellos memorable como el directo Blazing Away de 1990, o el íntimo Twentieh Century Blues – An Evening In The Weimar Republic de 1996. De la niña que enamoro el pop de los sesenta, ha pasado a la diva que enamora a nuevas generaciones de músicos, que se vuelcan con ella y la arropan. En este disco los protectores son PJ Harvey y Nick Cave, además de Demon Albarn y Jon Brion que ya colaboraron en el anterior Kiss Time.
Marianne compone a medias con PJ Harvey, quien además le regala algún tema. Nick Cave musicará alguna de sus letras, y saca a pasear a sus The Bad Seeds para cubrirle las espaldas.
Todo ello configura un álbum muy oscuro y trágico, marcado por los ataques terroristas del 11 de septiembre y el cambio que registro del mundo a posteriori. Un disco que suma fuertes personalidades, y se nota en temas como «My Friend Have», «No Child Of Mine» o el que da tema al álbum, que interpreta junto a PJ Harvey. Otros como «Desperado» y el fantástico «Crazy Love» junto a Nick Cave y los suyos, son casi perfectos.
Un trabajo, que con el permiso de Broken English, podría ser el mejor de su carrera.


Horses and High Heels
Naïve

7 de enero de 2011

Recuerdo que cuando me llegó el álbum y antes de arrancarle el precinto, leí que el primer tema era «The Stations» de The Gutter Twins, es decir con Greg Dulli y Mark Lanegan, extraído de un grandioso Saturnalia de tres años antes, pensé, madre mía como va a salir de esta, sana y salva.
Pues nada más colocar el álbum y escuchar la segunda ronda del tema, había claudicado. Con un tempo más lento y la voz más cavernosa que la de Lanegan, Marianne Faithfull se apodera del tema y no te acuerdas de la original. Así todo el álbum, hace lo propio con el «Going Back» de Carole King, añadiendo una voz completamente contradictoria con la de la autora, o la narración de «Past Present Future» de Jeiber y Stoler. El disco mezcla clásicos de los sesenta con canciones nuevas, la mayoría de ellas compuestas por Marianne Faithfull. Grabado en New Orleans, cuenta con las colaboraciones especiales de Lou Reed, Dr. John y Wayne Kramer. Es un disco donde la resignación del tiempo perdido y aceptación de lo que queda por venir, marcan un poso melancólico y triste, pero seductor y vivo.

Estos son mis discos, que no tienen porque ser los tuyos, pero que espero que puedan ayudar a comprender que Marianne Faithfull ha sido muchísimo más que la novia de…
Una artista grandiosa, con una vida desastrosa que ella misma eligió, jugando con las lineas peligrosas de las drogas, el oscurantismo… Una superviviente en toda regla que supero dos antesalas de la muerte por coma, el COVID, que le terminó de desrozar los pulmones, algo que se puede apreciar en su último disco, She Walks In Beauty de 2021, donde ya no puede cantar, pero narra las poesías de una forma que te hiela la sangre, con la misma voz que participó en el film Dune, una voz que solo los grandes han sido poseesores. La voz de una diva del rock and roll.
Dónde andará aquella carpeta de instituto con la foto de La Chica de la Motocicleta.

JLBad


Descubre más desde BAD MUSIC RADIO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde BAD MUSIC RADIO

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo