QUENTIN GAS & LOS ZÍNGAROS
El mundo se quema
Autoproducción

29.11.24

Puntuación: 5 de 5.


¡Me explota la cabeza! ¡Qué puta maravilla de disco! Inclasificable, demoledor, opulento, asombroso, insólito, irrepetible… ¡Qué puta maravilla de disco!
Tercer trabajo discográfico de Quentin Gas & Los Zíngaros, o lo que es lo mismo, pero no es igual, nueva plasmación del universo de Quintín Vargas. Un álbum para el que se queda corta la definición de mezcolanza, crossroads o cualquier otro sinónimo. Se trata de una batidora centrifugando ideas y escupiéndolas a la misma velocidad que las tritura, sin permiso, sin avisar, sin remordimientos, ni complejos. Es definitivamente el disco más rompedor de la frontera del flamenco y cualquier otro género, un trabajo que me ha impactado de igual forma que lo hizo Veneno de Kiko Veneno con los Pata Negra dentro, o cuando escuché por primera vez «El Garrotín» de Smash. Aquí se mezcla el flamenco jondo, nada de la copla, rumbas o demás derivados comerciales, el puro, el de la calle, el de los gitanos, y lo hace con cualquier género que se le pasa por la cabeza, rock, krautrock, psicodelia, blues, o electrónica por citar algunos que me brotan entre las neuronas. Dieciséis temas de pura locura musical, que mantiene las raíces flamencas impertérritas, no en vano procede de una dinastía poderosa, es hijo de la bailaora Concha Vargas, y sobrino de la cantaora Esperanza Fernández. Curioso es el hecho de que Quintín quiso escapar de ese legado familiar e inició su andadura musical como punk, y ahora, en cierta forma, ha rescatado el do it yourself punk, para hacer lo que le ha venido en gana, rompiendo esquemas, derribando tradiciones, demoliendo barreras y levantando esta belleza de álbum.

Comenzamos en viaje con «El sermón de la montaña», un prólogo que mezcla la tradición religiosa y la pagana, bajo un manto musical orquestado. «Amén», primer dardo venenoso, como un canto hindú mitológico, pasando por una base rítmica demoledora, donde prevalecen unos coros celestiales que te elevan a lo más alto, con la colaboración de Enzo Leep. Podéis ver el videoclip.


«El Penal» es posiblemente el tema más insólito del álbum, con Perrate y Playback Maracas de colaboradores. Llega el primer dardo venenoso, «Hechuras», un surco zeppeliano en espíritu y alma, con un quejio de desengaño que desgarra el corazón. Aparece Miguelito García de Derby Motoreta Burrito Cachimba en «Säkais», un tema de puro krautrock con tonalidades arábicas, que deseas que no acabe, pero se esfuma sin dejarte opinar, para seguir con los mismos cánones marcados y dejar caer una declaración de identidad en «Zíngaro errante», pero en esa ocasión con aires hindús de nuevo. «La Virgen de los Dolores» se transforma en una saeta con aires de The White Stripes y el blues de Jack White.
No sabría decir cuál es el tema más impactante del álbum, pero un candidato muy serio sería «Fatigas», recordando a Los Módulos en la entrada de teclado, y construyendo una oda al rencor, que reivindica el mejor rock andaluz de antaño, entrando una guitarra muy Triana que te eriza el bello. Le sigue «Sentencia», con su hermano Curro Vargas metiendo una guitarra flamenca que por magistral no deja de ser un sueño pagano, en un tema cantado en inglés, con unas palmas que recuerdan de dónde procede todo en el universo Quentin Gas.

Otro de los momentos inalcanzables del disco, está guardado en el interior de «El Calvario» con la colaboración de Noni de Lori Meyers, que arrastra un texto sobre un piano angustioso, para poco a poco in crescendo, dejar paso a la electrónica y pasar de la pena a la rabia como del rayo al trueno. El cambio de ritmo es espectacular y aunque se mueve lejos de mi zona de confort, me abdujo a la primera escucha.


«El Camborio» te estremece por dentro; Quentin utilizó la inteligencia artificial, para separar de un viejo CD de su madre, con más de dos décadas de antigüedad, la voz de su tío Rafael Vargas recitando un poema de Federico García Lorca, e integrarlo dentro el tema, bajo una tormenta de manos repicando… escalofriante. Termino el repaso con «El mundo se quema», con su madre haciendo de metrónomo y la colaboración de Manu Flores y María Reina.
Es un disco que juega con lo divino y lo espiritual, con la religión y la tradición, con la fusión de culturas, pero dejando claro un sentimiento contestatario. Uno de los álbumes más brillantes que he escuchado en mucho tiempo. Os invito a dedicarle un poco de vuestro tiempo, que a buen seguro no será tiempo perdido, incluso si camina lejos de vuestra zona de confort, tener en cuenta que vale la pena, entre otras cosas porque El Mundo Se Quema y «Cuando tú te mueras todo va a seguir igual».
JLBad


Descubre más desde BAD MUSIC RADIO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde BAD MUSIC RADIO

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo