Graveyard
Razzmatazz 2
. Barcelona
23.04.25

Sant Jordi no es el mejor día para programar un temprano concierto en Barcelona pero allí estaban desafiantes The Mothercrow. La banda barcelonesa, claramente liderada por Karen, hizo un encomiable alarde de buen hacer a pesar del sonido de la sala. Hay cosas que no cambian y la 2 del Razz no se caracteriza por su buen sonido, sobre todo para los teloneros, que se antoja una lotería difícil de adivinar. La banda está en un estado de forma envidiable tras la aparición de su segundo disco, Foráneos y Karen coquetea todo el tiempo con su rol de animal escénico, envolviendo a toda la banda que desgranan una variada fusión de influencias. Se distraen, no obstante, ciertos detalles que harían un directo sin fisuras y donde se adivina margen sobrado para seguir creciendo como hasta ahora. A destacar también el trabajo desprovisto de artificios de Max Ericksson a la guitarra y una buena base rítmica a cargo de Daniel Ribeiro y Jaume Darder.


Se despidieron agradeciendo al público la entrega y el lujo de estar allá arriba, teloneando a la banda que había arrastrado a asistir a la mayoría de los presentes. Muy aplaudible su papel, que dejó un buen sabor de boca a juzgar por la repuesta del respetable. Mucha gente joven entre el público, que siempre es una excelente noticia para la continuidad de este tipo de eventos.
Retirada de back line y espera oportuna para comprobar que la sala se iba llenando antes de comenzar el show de Graveyard. La música de fondo seguía sin presagiar un buen sonido y es que apenas se distinguían los temas que sonaban en la espera!

Bajo un tono azulado que los dejaba medio en penumbra, aparecieron uno a uno los miembros de Graveyard. Breve saludo y empezaron sin mucha dilación con un contundente «Twice» de su último trabajo, 6. Como sospechábamos, el sonido no era el deseado. La guitarra de Joakim Nilsson apenas se escuchaba aunque el resto del grupo estaba en niveles adecuados, es decir, sonando con contundencia, aunque eso sí, en una amalgama poco agradecida para disfrutar del tema.


Afortunadamente el problema se fue subsanando a medida que pasaron los temas.
La banda volvió más revitalizada en escena que las últimas veces, sobre todo Nilsson y el juego de voces con el bajista Truls Mörck tuvo mucha más presencia a nivel vocal y le aportó una mayor riqueza de matices. Incluso se hizo cargo de algún tema como «Bird of Paradise». También se apreció la batería de Oskar Bergenheim poderosa en el tempo y fue una de esas ocasiones donde los tambores empujan al resto, lo llevan en volandas y resulta fácil pincelar tal y como hizo Jonatan Larocca-Ramm que estuvo pletórico. Y es que junto a Joakim Nilsson conformaron un tándem diabólico, hilvanando melodías con ese sello tan personal que los caracteriza. Muchos consiguen que sus riffs se alojen en las gargantas del público pero pocos consiguen que bajen al pecho y produzcan congoja sin ñoñerías. Y eso fue lo que ocurrió en temas como «Cold Love», «Hisingen Blues» o «Uncomfortably Numb». El tándem estuvo pletórico en «From a Hole in the Wall» o «Goliath» con esas carreras que te dejan sin aliento. Mirabas alrededor y todo el público estaba subido a su poderosa llamada. «Rampant Fields» estuvo dominado por el sustain, estirando cuerdas hasta el extremo, para dibujar esos pasajes tan adictivos por los que te conducen los lamentos de la guitarra de Ramm. Fascinó la facilidad con la que pasan de un blues arrastrado y oscuro a una secuencia de hard rock, rozando al instante el stoner psicodélico in crescendo en el improvisado, para acabar en la misma escala de blues en la que empezaron.


Una hora y veinte minutos de show que nos dejó con ganas de más, aunque hay que reconocer que tal y como están las cosas, fueron generosos. Impresionante la reacción del público con el encore de 3 temas: «Walk on», «Ain’t Fit to live Here», coronado con el icónico «The Siren» que no podía faltar. Aquí Nilsson, alma de la banda sin duda, nos regaló su canto desgarrado que nos sacudió desde un lamento adictivo mientras esos reconocibles riffs te llamaban y la banda al completo te empujaban a seguirlo hasta el fin.

Una estupenda noche de hard rock, psicodelia y blues oscuro. La banda ha vuelto al nivel esperado, a la adicción de ese amante angustiado y torturado al que no puedes dejar.

Texto: Lady P
Fotos: JL Bad


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