
Sigue el goteo de cierres de locales de cultura en nuestras ciudades, invadidas hasta el centro de su ADN por la cangrena de la gentrificación, mientras que las autoridades miran hacia otro lado, o en el peor de los casos y mayoritario conniven con la especulación, ayudando a construir un modelo de ciudades a gusto de los fondo buitres y dándole la espalda a la ciudadanía, aquellos que les pusieron en su vida de Channel, Don Perignon y cocaína a trote y moche. Ahora nos llega la noticia del cierre del Café Central de Madrid, no porque atraviesen complicaciones económicas, ni tan siquiera porque no puedan permitirse complacer al casero con su nuevo alquiler astronómico, es tan sencillo como el caso de la sala Milano de Barcelona, porque el casero se niega a renovarles el contrato.
Por qué pasa esto, pues es bien sencillo, porque seguramente que alquilará el espacio a un negocio más guirilandia, quizás a una cadena de comida basura, que a la presidenta de esa comunidad le gusta mucho, aunque sea en tupper en un chalet de superlujo pagado por los madrileños para sus baños checo-checo, su espolvoraciones de nariz, o vete tú a saber qué tratamiento dermatológico a base de excrementos de unicornio sagrado.
Porque dentro de la gentrificación caníbal que padecemos, la cultura se lleva la peor parte. De siempre hemos sabido que el poder, sea del color que sea, prefiere un pueblo inculto que poder dominar con dogmas de peligrosidad, de monstruos antirreligiosos o simplemente comunistas o anarquistas mal pensantes, prefieren un populacho aborregado que sea capaz de irse a Torre Pacheco de cacería Ku Klus Klan, antes que cuestionar cualquier información, ley o actuación pública. Por eso hay que eliminar cualquier reducto subversivo de cultura y le declaran la guerra a librerías, universidades, salas de concierto, etc…
El Café Central de Madrid lleva la friolera de 43 años ofreciendo un oasis de libertad cultural desde la Plaza del Ángel de la capital del reino, con más de 14.000 conciertos entre sus paredes. En un epicentro valiosísimo para los asesinos de nuestras ciudades, pues en su radio de acción carpanta se encuentran putos tan vitales para la invasión turística como el Museo del Prado, El Retiro, ese que las incompetentes autoridades cierran en verano, la Plaza Mayor, repleta de locales gentrificados, pues ya no puedes localizar un local de los de antaño, y evidentemente la estación Puerta de Atocha, que todavía no han podido erradicar el nombre de Almudena Grandes, pero tiempo al tiempo, porque las hienas parecen bichos ridículos -en algunos casos con cara de pene trasnochado-, pero son muy peligrosas, pues muerden cuando menos te lo esperas.
El 12 de octubre cierra el Central, para más gloria de la facción más retrógrada de esta asquerosa piel de toro. Queda la esperanza de encontrar una nueva ubicación, que es lo que están buscando los propietarios de ese pedazo de historia madrileña, y para lo cual han puesto un correo electrónico en el que aceptan sugerencias –central2.0@cafecentralmadrid.com-. Quizás sea posible lejos de las miradas criminales de aquellos que venden nuestras ciudades a trozos y siempre al menor postor, quizás reubicándose fuera del epicentro del dinero, quizás…
Poco a poco la gentrificación asesina nuestra cultura, expulsa a nuestros vecinos, y alimenta las élites político sociales de las mismas. Esto es una guerra, aunque todavía pocos lo sepan.
Por el momento, simplemente podemos desear que tengan suerte los madrileños y que el Central encuentre una nueva localización; mientras que eso pasa, recordar algunos de los conciertos que os recomendamos:
27 de julio. Jeff Espinoza & The Gypsy Runners
28 y 29 de julio. John Nemeth
6 y 7 de agosto. Adrián Costa Blues Band
Puedes consultar su programación en Café Central


Deja un comentario