VIII ROOTSOUND FEST:
BYWATER CALL
Sala Wolf
, Barcelona
5.11.25

Nuevamente, una propuesta de música de raíz en esta octava edición del Rootsound Fest, con la sugerente idea de disfrutar de nuevo de la banda de Toronto Bywater Call. No obstante, el público se hizo de rogar, aunque al final sobrepaso la media entrada, creando un ambiente cómodo para el disfrute y el baile.

Puntuales salieron seis miembros de la banda y comenzaron a improvisar una intro instrumental que nos dejaba adivinar por dónde iban a circular los movimientos sonoros de la noche; poderosa sección de vientos formada por Stephen Dyte en la trompeta y Julian Nalli con el saxo tenor, que se movieron libremente sazonando los temas con un sonido poderoso; en segunda fila Bruce McCarthy subido a la tarima de la batería y Mike Meusel machacando el bajo, impertérritos en su lugar marcando el tempo como una maquinaria de precisión suiza; esquinado a nuestra izquierda John Kervin como miembro más reciente de la formación a los teclados, que quizás no brilló como el resto, pero dejo caer algún piano honky de calidad; en primera fila como líder de la agrupación y arrancando el primer solo de la noche, Dave Barnes a la guitarra.

Una vez finalizada la improvisación comenzaron a sonar los primeros compases de «Talking Backwards», toda una declaración de intenciones, un southern soul de gran calidad y elevada ejecución, contando con la presencia en el escenario de Meghan Parnell y su poderosa voz, así como su personalidad arrolladora.
Con «As If» la batería se reivindicó como se merece y nuestras cabezas comenzaron a mecerse al compás de los golpes de caja y platos. El poderío de los vientos era impetuoso, pero la banda sabe cuando debe frenar casi en seco para dejar la sutil guitarra de este tema que parece estar llorando entre ráfagas de tempestades eólicas provocadas por la trompeta.

Los temas se estiraban tanto que en algunos casos doblaban el tiempo que ocupan en el respectivo álbum, de esta forma la bailable «Arizona» añadía casi tres vueltas al reloj de desenfreno soul con gotas de funk, y «For All We Know» intimista y emotiva dejaba la sala en un silencio funerario para asimilar como se debe el delicado tono de voz de Megham en el tema, entremezclada con la guitarra electro acústica de Dave, para poco a poco ese piano honky del que hablaba antes va dejando entrar los vientos y el resto de la maquinaria sonora, para finalizar en una ceremonia pentecostal rozando el góspel.

«Sweet Maria» fue como un nuevo bofetón de realidad con un southern soul desmelenado y agresivo, en el cual todos van in crescendo sin pisarse ni hacer pelota, y eso que el volumen en las primeras filas excesivo y algo sucio, que se soluciona con unos tapones adecuados.
Todo el concierto fue una montaña rusa de emociones, como cuando Megham soltó el micro, dio un paso adelante y comenzó a capela otro tema emblemático, «Holler», donde el slide de Dave te apuñala en alma. Pero esas sensaciones se cronificaron cuando Bruce empalma el tema con lo que parecía un solo de batería, pero termina siendo un maravilloso «Kashmir» de Led Zeppelin. Desde ese punto hasta el final todo era sudor, emoción y saber que estábamos disfrutando de una actuación pletórica, rematada con un memorable «Colours» y en el bis un épico «Everybody Knows» que nos dejó en el límite más alto posible a todos los afortunados que sudábamos como condenados, mientras que la banda desplegaba su espíritu jamming en más de diez minutos de orgía musical.
Una actuación de aquellas para enmarcar, hora y media de show con una banda que no solo están en estado de gracia, es que demuestran una profesionalidad y entrega a prueba de cualquier duda y especulación. Si tienes cerca alguna de las citas que tienen en la Península, ni te lo pienses, ves de cabeza.

Texto: JL Bad
Fotos: Mercè Carbonell


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