
LARKIN POE
Razzmatazz, Barcelona
15.11.25
Las hermanas Lovell han conseguido reunir una excelente legión de fans y, si bien no llegaron a colgar el cartel de sold out como en Madrid, a punto estuvieron de hacerlo en la grande del Razz. Afincadas en Nashville, llegaban por cuarta ocasión a Barcelona, precedidas de mucha expectación y congregando varias generaciones de seguidores.
El show que presentaron estuvo basado en su último trabajo Bloom, que fue nominado a los Grammy esa misma semana y está repleto de efectivas canciones que en cierta manera se alejan algo de sus primeros discos, sin embargo, tanto el set list presentado como la manera de hacerlo, conectaron rápidamente con el público, que se entregó por completo a la banda desde su primer tema. Rebecca desplegó su bonita voz con ese fraseo suyo tan característico en el que canta, explicando, con un registro cálido y perfecto en modulación a la vez que usó la guitarra eléctrica con gran disfrute personal, mientras, Megan le replicaba con su lap steel colgado a la cintura, las dos con una incansable sonrisa en los labios. En segundo plano, la banda las cubría en todo momento; Brent Layman al bajo, Lucas Pettee a los teclados y Benjamin Satterlee en la batería, correctos y sin salirse del guion establecido, bajo un telón de fondo recargado de flores con cierto aire de ambiente folk.

De su último disco, sonaron «Nowhere Fast», «Mockingbird» y «Easy Love Pt.1» antes de presentar «Summertine Sunset» del Blood Harmony, para regresar de nuevo al nominado álbum. Era una sucesión de hits en toda regla, y las dos protagonistas del show sabían perfectamente cómo conectar con el público- hablando en castellano, recordando su maternidad, comentando sus influencias, diciendo lo que les gustaba la ciudad- que se lo estaba pasando en grande. Quizás demasiados parones entre los temas y demasiada interacción carente de otra necesidad más que de la de conectar. Hasta el momento todo era limpio y ciertamente comedido, tan correcto que no existían los riesgos de la mínima improvisación, tampoco se apuraban las notas ni se ensuciaban nada como suele caracterizar el género en el que basan sus temas. Así llegamos al pequeño set acústico que dividía el concierto. Colocaron en medio un micrófono dinámico de patrón cardioide para poder jugar con las dinámicas y toda la banda se agruparon en torno a él. Rebecca pidió silencio y argumentó que iban a interpretar unos temas en bluegrass, dando una serie de explicaciones. Una vez más las voces brillaban absolutamente en el silencio que se produjo, incluso Benjamin realizó unas segundas voces de baja frecuencia que arroparon todo el conjunto del tema, construyendo una atmosfera sutil y conmovedora. Con la sala rendida, intepretaron «Little Big» y sumándose a la mandolina que había sacado Lucas, Rebecca se enfundó un banjo y Megan un dobro pero el manejo de los instrumentos propios de bluegrass fue bastante testimonial aunque quedó muy efectivo. El tercer tema del acústico fue «Devil Music», rendido homenaje a la muerte de Ozzy y que anda medio camino del espiritual y una work song y fue uno de los momentos más bonitos de la noche, el tema flotaba en la sala alcanzando todos los rincones, ante un silencio encomiable.

Llegábamos a la última parte del concierto. Aquí se produjo una subida en la intensidad de los temas y la lap steel de Megan se entretuvo mucho más con la parte baja del mástil, mientras que Rebecca también se extendió con algún solo de guitarra. Así desgranaron «AC/DC», que la dividieron en dos partes, no como figura en el estudio. Otro tema visceral como «Bad Spell» levantó al público del suelo, mientras que «Pearls» servía para volver a comunicarse e interactuar con el público para corear los estribillos. Retomaron «Wanted Woman», separada de «AC/DC», contundente y enérgica y se despidieron con otro de los temas más conocidos del álbum Blood Harmony, «Bolt Cutters & The Family Name», dejando al público asistente con ganas de más.

No tardaron mucho en aparecer de nuevo, quizás porque los marcadores que se encontraban a los laterales del escenario marcaban ya los sesenta minutos. Decidieron finiquitar el show con «Bloom Again», otro tema donde volvieron a lucir su comunión con el público.
Pero algo hay que remarcar por encima de todo, Larkin Poe son las hermanas Lovell y ambas tienen un manejo de las voces que resulta conmovedor, es su mejor arma, te enredan en armonías vocales sencillamente preciosas, aunque resultan demasiado previsibles, sobre todo en sus directos; Rebecca no explora su guitarra más allá de la corrección de los temas de estudio, mientras Megan enfundada en sus finger picks metálicas usa patrones muy similares en la construcción de sus solos y las réplicas entre ambas no dan lugar a la intensidad que suele generar ese tipo de interacciones en directo y se diluyen en las partes más álgidas de los temas.
Probablemente es una banda que camina a pasos agigantados hacia el mainstream. Tienen todo lo necesario, buenos temas, muy buenas voces, saben lo que gusta a la mayoría de sus seguidores, interactúan con ellos constantemente, no entran en los riesgos que pueden resultar de sorprender en el directo y no se empapan de mojo sin filtro.
Una vez más un perfecto buen show de las hermanas Lovell que contentó a todos los asistentes.
Texto y fotos: Lady P. / JL Bad


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