
SMITH/KOTZEN
KRIS BARRAS BAND
Apolo, Barcelona
4.02.26
Mucha expectación por ver a este dúo de guitarristas, defendiendo el gran disco Black Light/White Noise. Para abrir boca tuvimos una hora de Kris Barras Band, liderados por el guitarrista y cantante de mismo nombre, al que ya pudimos ver hace casi una década en Bruselas.
La transformación sufrida por la banda ha sido espectacular, caminando de un blues rock con toques de honky tonk, marcado en su álbum debut, Lucky 13, a un hard & heavy hipertenso y visceral de sus últimos trabajos, acentuado en escena por una banda que le gusta arrojar toda la carne en el asador.

Hay que decir que la propuesta enganchó al público asistente, aunque lamentablemente yo no lo conseguí, echando en falta algo de su sonido de antaño. Temas como «Dead Horses», «All Faces Down», «Devil You Know» o «Monster We Made» hicieron disfrutar al respetable de su largo show, sin reclamar la presencia de los protagonistas de la noche. De esta forma, se puede asegurar que en Apolo, la propuesta del exluchador de MMA de origen turco, Kris Barras, triunfó.


Llegó el turno de Adrian Smith y Richie Kotzen, dos guitarristas con un extenso y reputado currículum, que suponían un excelente atractivo, ya que si su segundo disco, antes mencionado, es excelente, esta era la primera visita a nuestro país en esta formación. La noche anterior, coincidiendo con el cumpleaños de Kotzen, actuaron en Madrid.
Los músicos que concluyen el resto de la banda son la bajista Julia Lage, que aportó presencia escénica, como puente entre los dos guitarristas, y un Bruno Valverde correcto en la batería. Buena base rítmica para que los dos amigos desplegaran su repertorio de solos.
El setlist, como era de esperar, se decantó por el segundo álbum en estudio, Black Light/White Noise, con seis piezas, dejando cinco para el disco Smith/Kotzen de 2021, un par del EP en directo Better Days…And Nights y otro par de sorpresas al final.

Los temas se iban sucediendo y era un no parar de mover el cuello de un extremo al otro del escenario; en el izquierdo, un Adrian Smith que me sorprendió con la voz, que si bien no es portentosa, tiene un dominio de la misma que le permite cubrir sus tramos con un sobresaliente; no es lo mismo tener buena voz que saber cantar. En la derecha, Richie Kotzen, con un chorro de voz más poderoso, que además se mueve como pez en el agua por el repertorio, más benévolo con su estilo.
No se trata de ninguna competición, pero la noche fue de Kotzen, tanto en la voz como con el instrumento de las cuerdas no vocales. Si bien todo fue un remolino de intercambio de elucubraciones, que si bien en ningún caso resultaron fuera de lugar, el escenario pesaba más en el espacio de Kotzen.
Otro dato a tener en cuenta, y que no deja de ser sorprendente, es la ausencia de egocentrismo y el caudal de generosidad que se respira entre los dos, no así con el resto de la banda, que podrían pasar desapercibidos si no fuera por la movilidad y complicidad de Lage. Esa comunión encima del escenario les augura un largo futuro, y es una verdadera gozada para los espectadores.

Momentos estelares de la noche fueron las interpretaciones de los dos temas que le dan nombre al último álbum: Black Light, que indudablemente es el tema de Smith, donde desarrolla uno de los solos más agresivos de la noche, y White Noise, descaradamente de Kotzen, en el cual nos deleitó con los agudos más llamativos de su voz y el que para mí fue el mejor solo del show.
Smith, más inmóvil en su zona de confort, era reclamado y buscado por Kotzen que lo arrastraba al medio del escenario una y otra vez. Así llegó otro de los momentos significativos del bolo, Running fue interpretado por los dos a pie de monitores, con generosidad y elocuencia guitarrera, para satisfacción de los presentes.

Llegados al bis de despedida, recurrieron a sendas canciones ajenas a la formación, You Can´t Save Me, una balada de Richie Kotzen, muy emotiva y que quizás no era lo que la mayoría se esperaba para un final, pero que identifico como otro ejemplo de generosidad que flotó durante toda la noche; sabiéndose más cómodo con el repertorio, dejó todo el protagonismo a su compañero y, sin embargo, amigo, que recibiría la ovación más sentida de la noche.
Porque el concierto terminó con Adrian Smith cantando Wasted Years de Iron Maiden, y Maiden es mucho Maiden.
Una gran noche de guitarras, amistad y generosidad. ¡Chapeau! ¡Me quito el cráneo!
Texto: JL Bad
Fotos: McOkei


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