FM
TYGERS OF PAN TANG
Sala Wolf
, Barcelona
9.04.26

De nuevo se podía disfrutar de una gran noche nostálgica de hard rock melódico y heavy metal clásico de la mano de RM Concerts Promotions, en un cartel tan dispar como atractivo, formado por los caballeros británicos del AOR, FM, y uno de los supervivientes de aquella avalancha llamada New Wave Of British Heavy Metal, Tygers Of Pan Tang.
Era evidente que la parroquia heavy no podía faltar a la cita, y así lo hizo, sin tener en cuenta que en la sala mediana de Razzmatazz estaban Stoned Jesus, con un concierto que amenazaba con comenzar a las 6 p.m. Lo curioso del caso y muy positivo, pienso, es que a la abundante fauna de cabezas brillantes y cabellos canosos —entre los que me encuentro— se le unió una truculenta y fanática bandada de gente joven, en algunos casos, muy joven… Me tuve que cambiar de sitio porque el complejo viejuno comenzaba a afectarme demasiado, así como los gritos de júbilo de una panda de imberbes jovenzuelos que estaban gozando de lo lindo, como debe ser. Y es que el heavy, el hard rock, por muy maltratado que sea por las administraciones, y de eso sabemos mucho en Barcelona, por muy vilipendiado, apartado y esquilmado o perseguido, jamás morirá y se regenera por propio ADN, gozando actualmente de una estupenda salud, pues junta sin prejuicios a varias generaciones, para pasmo de otros géneros que suben y desaparecen como la espuma de una buena cerveza.


Abrieron la noche los Tygers, banda que no había tenido el placer de ver hasta la fecha, y por la que guardaba ciertas reticencias, pues he de reconocer que me queda un poco lejos la NWOBHM; pero fue comenzar las primeras notas de «Love Don’t Stay» y quedarme atrapado por la energía que desprenden encima del entarimado. Capitaneados por el veterano Robb Weir, único miembro fundador de la banda, aunque estuvo fuera del grupo durante casi toda la década de los ochenta, fue quien inició la resurrección del felino a finales de los noventa; la banda se completa con la excelente guitarra de John Foottit, el bajo de Huw Holding, la fuerte pegada de Craig Ellis en el set de batería y la energía que desprende el frontman, Jacopo «Jack» Meille, con una voz preciosa y potente, que no solo encandiló a este reportero dicharachero, sino más bien a toda la sala, donde se reconoció una nutrida parroquia que asistía al show por los Tygers.


Un repertorio que se basó casi en su totalidad en el directo Live Blood de 2024, con una actitud eufórica y entregada, más una aptitud refrendada por la experiencia y profesionalidad. Posiblemente, quien más me impactó fue Jack, pues su voz estaba por encima de todo lo demás, su simpatía lo magnificaba y su entrega era digna de elogiar; pero no podría ignorar a John Foottit, que marcó una serie de solos, muy vieja escuela, que dejaron maravillados al personal. Mientras, Tyger Robb, se encargaba de engrescar a la parroquia, pegándose la púa en la frente al final de cada tema o duchándose con cerveza al final del concierto; su guitarra rítmica pincha y corta el bacalao en concierto.
Temas como «Gangland», «Hellbound» o «Love Potion Number 9» sonaron pletóricos de fortaleza heavy, mientras que con «Back for Good», a base del tremendo bajo de entrada de Huw Holding y la fuerte pegada de bombo y goliat a cargo de Craig Ellis, se invitó a que el público jugara, aunque no hizo falta mucho esfuerzo, pues estaban predispuestos a gozarlo al máximo. Una banda que ha resucitado y se encuentra en un extraordinario momento; se les reivindica y ellos están entregados a perpetuar el legado. A finales de año, nuevo álbum en estudio.
El público pidió insistentemente un bis, que la banda estaba dispuesta a ofrecer, pero el rodie de la gira indicó que era imposible, aunque ni los músicos ni nosotros estábamos de acuerdo.



Llegó el turno de los caballeros británicos del hard rock melódico, aunque lo de Rock Orientado Para Adultos (AOR) no les quedaba muy bien esta noche, pues, como he comentado antes, varias generaciones se juntaron para disfrutar de su música, y brillaban los jóvenes con luz propia.
La banda comenzó con «Digging up The Dirt» y aquello sonó a gloria; si antes decíamos que Jacopo «Jack» Meille lucía una excelente voz, ¿qué podemos apuntar de la melosidad de Steve Overland? Su voz es inimitable y sigue resultando familiar, acogedora y con unos armónicos que ensalzan el estilo, un gentleman en toda regla.
La banda conserva en sus filas tres de los miembros originales, que llevan la friolera de cuatro décadas juntos, si bien es cierto que estuvieron once años inactivos, al mismo tiempo que cambiamos de siglo: Merv Goldsworthy al bajo, Pete Jupp en la batería y Overland a la voz y guitarra. Finiquitan el grupo el simpático Jem Davis con los teclados y el estupendo guitarrista Jim Kirkpatrick. A esta formación era la tercera vez que la disfrutaba encima de un escenario; la primera ocasión en la sala Bikini en mayo del 2014, concierto del que guardo un grato recuerdo al ser una enorme sorpresa, la segunda en noviembre de 2017 en una sala Razzmatazz 3, que no tenía el equipo de sonido que tiene actualmente, y fue un extraño bolo. Esta noche, la Wolf sonó de maravilla y eso siempre ayuda, pero si estamos hablando de hard rock melódico y de FM en particular, la nitidez del sonido es imprescindible.


El binomio OverlandKirkpatrick funciona a la perfección y el segundo demostró durante la noche que es un maestro a las seis cuerdas, ejecutando a la perfección el sonido que requiere FM, pero dejó muestras de su cara oculta en más de una ocasión, ya que estamos hablando de un maestro del blues rock y del fingerpicking y el slide, tal y como se pudo comprobar en temas como «Other Side of Midnight» o «Frozen Heart», en los cuales sus solos emanaban maestría rhythm and blues.
FM venía celebrando el cuarenta aniversario del álbum Indiscreet, y sabíamos que lo iban a interpretar íntegramente, como hicieron desde el tercer tema de su repert, pero no imaginaba que sonara mucho mejor que el álbum Indiscreet 30, lo que fue una gran sorpresa, así como un ejercicio de honestidad que me dejó perplejo. El teclado ha ganado presencia en su música, aunque «American Girls» me sigue sonando a Van Halen, y la decoración del teclado ya indicaba que Davis es un fan de los americanos; como ya he comentado, Kirkpatrick también ha aposentado su poderío, lo que deja mucho más libre a Overland, que despliega su personalidad de frontman y es el cordón umbilical con el público. Por otro lado, y en comparación con el pasado, Goldsworthy se me antojó como otro incitador al desmadre colectivo.



El setlist impagable, con una hora y media de concierto, en el cual cantamos, bailamos, palmeamos y seguíamos a pie juntillas las órdenes de Overland, quien cada vez que abría los brazos nos parecía enorme, un gigante.
FM es sinónimo de calidad, y lo volvieron a demostrar.
Un gran concierto, en el que las dos formaciones dieron una clase maestra de rock sin complejos.
Texto: JL Bad
Fotos: Karol Woytila


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