MATTEO MANCUSO
Razz 2, Barcelona
06.05.26
Segunda ocasión que Matteo Mancuso acudía a una cita musical con sus seguidores de la ciudad condal, para presentar su último trabajo, Route 96, bajo la gira del mismo nombre y en compañía de sus compañeros de filas de los últimos años, el bajista Riccardo Oliva y Gianluca Pellerito a la batería, con formato en trío, aunque no desprovisto de algunas secuencias rítmicas y de ambiente pregrabadas, poco necesarias para el talento a las seis cuerdas del de Palermo y sus acompañantes. Arrancó la noche con un breve saludo para situarse detrás de su pedalera, lugar que no abandonó en toda la noche, excepto para el saludo final que hicieron juntos, situándose en medio de sus acompañantes. ¡Qué menudo es, pero qué grande al mismo tiempo! Es de ese tipo de guitarristas que acaparan toda la atención sobre sus dedos y que no buscan más protagonismo que el que brindan sus increíbles desarrollos, que te atrapan al instante por su personal técnica en la ejecución. Los dos primeros temas, «Solar Wind» y «Falcon Flight», esta última con un tempo frenético aportado por la sección rítmica, fueron un inicio totalmente killer que podía frustrar al mejor músico que se encontrase en la sala. Tras esa entrada se dirigió al público para presentar a la banda, saludar, hacer mención de su nuevo disco y expresar su admiración por su amigo Steve Vai, que colabora en el mencionado tema con el que abrió la noche, «Solar Wind», en el que se masca y rinde cierto guiño al universo Vai, con compases poco comunes pero muy melódicos y reconocibles claramente en su expresión.


Lo primero que llama la atención de Mancuso es la forma de usar su mano derecha para conseguir unos arpegios superrápidos; no usa púa y es ahí donde saca petróleo de sus dedos, que dirige con mayor precisión y autonomía a cada una de las cuerdas que los barridos que proporcionaría una púa y le permiten un trabajo que hipnotiza y, a momentos, con una velocidad endiablada.

Los temas se desgranaban con muy buena sonorización, aunque inicialmente la contundencia de la pegada del talentoso Gianluca resultaba algo prominente en las líneas generales del sonido del trío, que fue mejorando a medida que avanzaba el concierto y ya en el siguiente tema, que previamente nos había anunciado Mancuso, «Great Wall», dedicada a uno de sus discos favoritos, Heavy Weather de Weather Report; su pegada quedó más integrada en el sonido y Oliva cobró mucho más protagonismo en los desarrollos y sus líneas de bajo frasearon con Mancuso con mayor claridad. ¡Vaya base rítmica! Imponentes los dos, sería el adjetivo. Continuaron sin mucho ruido en los agradecimientos mientras afinaban, con «Fire & Harmony» y una bonita línea de bajo inicial, y volvieron los fraseos tan de guitarra clásica, palanca en mano con golpe de apoyo, espectacular. También se dio paso a lo que fue el primer solo de bajo de esa noche, parafraseando a su jefe de filas. Lo cierto es que le cedió espacio solista en más de un tema, dejando patente el innegable groove que gasta Oliva. «Silkroad» arrancó más acelerada de lo que la recordaba; en la parte central, Macuso nos regaló diversos momentos de tapping durante su arsenal Shred, y es que el tema cuenta con unos riffs finales muy ochenteros, por lo que arrancó una vez más la rendida ovación de los presentes. 


Otra de las características de Mancuso es el uso que hace de la palanca, que particularmente me resulta muy en la onda de Scott Henderson para conseguir ese plus en la profundidad del sonido y no hay mejor tema para demostrar habilidades que el cover, «Cause We’ve Ended As Lovers» del desaparecido y admirado Jeff Beck, maestro indudable en su uso. Aquí el tono fue brillante y el tema lo desarrolló con una gran carga emotiva desde los primeros acordes, incluido Oliva que contó con otro gran momento. Es un tema precioso, en el que se cuenta una historia y nos la contaron y no la desmerecieron en absoluto. A destacar los icónicos tonos de gran expresividad con los que acabó el tema en rendido homenaje.

Mancuso agradecía cada muestra de aprecio del público, muy escuetamente, muy tímidamente, y así fue como nos llevaba, persiguiéndole, en sus breves locuciones a las puertas de «Spain», una de las icónicas composiciones de Chick Corea, que confesó como una de sus bandas favoritas. Aquí se entremezclaron los pasajes más de fusión con ese pulso latino, latente en todo el tema, que imprimía con sus característicos barridos. El tema generoso para el lucimiento de todos los músicos lo aprovechó con creces su base rítmica. Oliva continuaba con sus réplicas que culminaron con un final con protagonismo absoluto de la batería de Gianluca, que conjugó contundencia, rapidez y una habilidad para manejar los ritmos con variaciones que te dejaban sin aliento. Qué independencia de extremidades y qué absoluto control dinámico y del tempo.

Durante el concierto se podía ver a Mancuso, a momentos, sacudir sobre todo la tensión de su mano izquierda, mientras los dedos de su mano derecha seguían moviéndose en el aire. Os aseguro que me resultó de lo más curioso ese no parar de sus dedos derechos que parecían no desconectar un segundo, como si tuviesen vida propia para seguir barriendo el aire. Y casi sin vacilar, nos sumergieron en «L.A. Blues One», que como contó después, la compuso dedicada a sus guitarristas favoritos del área de Los Ángeles, como Steve Lukather, Larry Carlton o Michael Landau, entre otros. Estuvo llena de matices, una elegante y melódica composición, donde hubo espacio para intercalar unos fragmentos de Misión Imposible, antes de meterse en la que nos definió como su composición más particular al conjugar guitarra clásica, acústica y eléctrica, aunque en esta ocasión lo interpretaría todo con una sola guitarra, «Isla Feliz», con largas líneas melódicas, con guiños muy bossa nova y unos maravillosos ligados.

La traca final llegaría de la mano de la deliciosa «In The Morning Light» y «Black Centurion», tema con el que se despedía, muy al uso de los guitar hero. Qué manera de volar sobre el mástil al más puro estilo shred de las exhibiciones de los 80. 


Mancuso estuvo haciendo una presentación de su catálogo de cartas con un set variado que daba protagonismo a su último trabajo, donde hay referencias muy claras de lo que está impregnado en su ADN de guitarrista.

El joven de aspecto aniñado juega a su antojo con sus dedos y lo más importante, te pasea por un amplio abanico donde mascas diferentes capas de texturas y te muestra a golpe de técnica en lo que ha convertido las influencias que ha captado en los pilares icónicos de variados estilos musicales, con predominio del jazz, rock y la guitarra clásica española, con vertientes muy shred pero sin descuidar las melodías, manejando la fusión en todas sus vertientes con un estilo muy personal y bastante más agresivo en directo que en estudio.

Cerró la noche con un bis con dos de sus interpretaciones más demandadas, y con las que muchos llegamos a Mancuso: el esperado «The Chicken», popularizado en su día por el gran Jaco Pastorius, y «Drop D», otra de sus interpretaciones más exitosas en redes, que con esos riffs metaleros antes de encarar el vertiginoso solo final, nos dejaron con una sonrisa de oreja a oreja, finiquitando su hora y treinta minutos.

Oí a varias personas decir al acabar el concierto que Mancuso era muy joven y todavía tenía mucho camino por recorrer: Sonreí, rondando la treintena, ha llegado con creces a ese olimpo de los privilegiados de las seis cuerdas. Otro tema será, ¡qué nuevas alquimias nos proporcione durante su merecida estancia! Sobre todo en creaciones que sienten poso y cuenten algo a las siguientes generaciones de guitarristas, más allá de su magnífica técnica. Eso sí lo hará más grande. El tiempo lo dirá.
Una servidora no piensa perdérselas. 

Texto: Lady P.
Fotos: C Wojtyla


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