THE ARISTOCRATS
The Duck Tour 2026
Sala Apolo
, Barcelona
20.05.26

Una nueva visita de The Aristocrats, esa cita ineludible para su incondicional público, que se congregó para poder disfrutar de su particular derroche de impecable técnica que sigue sorprendiendo visita tras visita.  La gira europea, esta vez amparada bajo el nombre de The Duck Tour 2026, les sigue llevando a cosechar cada vez más seguidores de su particular proyecto, inicialmente creado para lucro personal. Ellos no necesitan demasiada presentación, nuestros particulares 3 Caballeros, son: Guthrie Govan a la guitarra, Bryan Beller al bajo y Marco Minnemann a la batería. Y así fueron apareciendo tras los primeros compases de la intro elegida para la ocasión, esta vez «Swan’s Splashdown» de Perrey & Kingsley, con ese aire electrokitsch y caricaturesco, en la que sonaba la guitarra de Govan, me atrevo a decir que, unido a los característicos sonidos de pato del tema, encaja como anillo al dedo a la gira.

Abrieron la noche presentando a miembros de la banda y empezaron por la composición de Minnemann, «Hey Where’s my Drink Package», uno de los temas del nuevo disco que ya nos adelantaron en su anterior visita. Rico en polirritmias y complicados contratiempos, Beller, siempre impecable con su balanceo de piernas en su personal groove, lo secundaba sin despeinarse y Govan simplemente se perdía en su mundo de escalas imposibles en un inicio espectacular. Como es bien sabido, siempre explican sus idas de olla detalladamente al presentar cada uno de los temas. Los cuentan para luego escenificarlos y esa noche no fue diferente, también muy de agradecer para saborear el primer bloque que conformaron los cuatro temas de su último trabajo, Duck. En «Aristoclub», el siguiente tema, su pato se lo pasa en grande en una pista de baile de un DiscoClub de New York.  Casi pudimos bailar con él en un atropellado ritmo donde un riff machacón nos metía en un aire disco-trance-dance, roto tan solo con distorsiones y el solo vertiginoso de Guthrie. Para los que lo recuerden, es el resultado de aquellos pasajes dance con los que Beller, en una de sus interacciones con el público en la visita anterior, ya nos testeó y nos metió en una disco. El tercer tema de la noche, «SGT Rockhoper», también nos lo adelantaron en dicha visita. El protagonista es el sargento pingüino que aparece en la portada de su directo, Freeze, precisamente el que detenía a sus figuras de Lego. En este excepcional tema, es el encargado de patrullar el escarpado hielo en busca del pato protagonista de su último trabajo. Guthrie muy british y, siempre tímido, o eso me parece, con su particular e irónico sentido del humor pero con voz temblorosa al dirigirse al público, sigue compartiendo sus locas inspiraciones que dan forma y se esconden entre los fraseos de su guitarra. Este tema fue una vorágine de transiciones en las que los desarrollos de Govan, con riffs muy marcados, vertebraron el tema. Lo cierto es que sus composiciones fueron las que más se identificaron con episodios de disparatados dibujos animados.  El cuarto tema que conformó el bloque inicial dedicado al último disco fue «Sittin’ with a Duck», es un tema de Minnemann muy particular, con un tempo exquisito y muy jazzístico al principio con unos desarrollos de Govan espectaculares, el tema viró hacia el rock en la parte más central y por un momento cerré los ojos y Guthrie parecía conversar con el pato a golpe de wah-wah antes de encarar un vertiginoso solo. La pequeña introducción que hacen sirve de hilo conductor y le da un patrón visual a lo que oyes en cada uno de sus temas, dándole sentido, como si de una letra se tratase. Eso hilvanó perfectamente el show y los acercó al público, dando un plus extra que permitió percibir imágenes más allá de su complejidad musical.  Ese es uno de los rasgos más personales de la banda: sus temas se asemejan a una mini banda sonora en la que notas el pulso de ciertas escenas.

Enlazaron con «Spanish Eddie», de su trabajo You know what..?; ahí Govan explicó que no eran los únicos con ese título de canción, una tal Laura Branigan ya lo había hecho en otra onda más disco e incluso sonó una pequeña muestra de su tema, sin tener nada que ver, la historia le gustó: un policía cuyo sueño era hermanar a todos los gánsteres de NY. El tema empezó con esos acordes de guitarra clásica española tan marcados, una absoluta maravilla, con un solo muy bluesy que viró a pasajes más jazz en cuestión de segundos y viceversa, para volver al patrón de acordes clásicos españoles del principio. Absolutamente brillantes los tres y una demostración de control de fusiones de estilos impecable.

Tras ello vino el solo de batería de Marco que nos sumergió en una locura total de polirritmias, control de las dinámicas y dominio absoluto de su cuerpo ¿Cómo se pueden mantener esos ritmos tan complejos y a la vez diferentes en cada uno de tus brazos y piernas? Pues llamándote Marco Minneman y siendo el puto amo. Y si a eso le añades que también sacas tus mascotas de goma: cerdo y pollo y con ayuda de Beller los grabas y te marcas la frikada de hacer un loop para atropellarlo como una locomotora con tu batería, pues además de pasártelo bien, consigues que el público se rinda a tus pies después de más de quince minutos. Además, lo finalizó con su pegada reproduciendo la sintonía de la Metro Goldwyn Mayer y el público coreándola a todo pulmón.

No faltó «The Ballad of Bonnie and Clyde», también del You know what..? presentada por Beller e inspirada en una historia personal y uno de los episodios más desoladores de su vida. Lo explicó una vez más: esos ladrones que le robaron sus bajos y pedales y que jamás pudo recuperar. La melodía de la canción nos situó visionando un corto en blanco y negro donde, a través de la estructura y métrica del tema, podías sentir los reproches a cargo del estribillo, la desolación en el trabajo de la guitarra y la terrible decepción con una impecable y acentuada línea de bajo, protagonista absoluta del tema.

La exquisita, «Flatlands», que escribió Beller en el primer álbum, tuvo los momentos más sosegados e intimistas de la noche, con una secuencia de acordes nítidos y una contención de Beller llena de melancolía. El solo de Govan fue excelente, qué tono tan limpio de principio a fin y cómo lo contrastó con el resto de ejecuciones de la noche.

«Here Comes The Builders» nos trajo de vuelta al último trabajo, donde Govan, con ese ácido humor, nos sumergió en los fastidios y las molestias que ocasionan todos los ruidos de derribos y edificaciones cuando estás tratando de crear algo bonito. El resultado fue un tema difícil de tocar y difícil de oír, como él mismo relató, pero agradecía mucho poder compartir con nosotros la experiencia de “su sufrimiento” durante meses.  El tema estuvo ciertamente denso, con patrones extravagantes en un ritmo angular de donde emergían las virguerías de la guitarra, que sí, realmente fueron como una apisonadora. 
 

«This Is Not Scrotum» cambió totalmente la cadencia anterior y empezó con un cierto aire folk zíngaro, alternado con una melodía arabesca hasta llegar a las pistas de violín, esas que la moldava Rusanda Panfili toca en el disco a modo de colaboración, y que sustituyó magistralmente Guthrie a la guitarra, con un timbre melancólico y una tonalidad de clásico violín con un espectro de armónicos sencillamente excelente. 

Se avecinaba el final, y nos presentaron «Get It Like That», de su primer álbum también, ahí sonaron muy jazz prog y Beller brilló especialmente, aunque el momento del solo absolutamente shred a cargo de Govan fue demoledor, hasta volver a las pautas de los riffs iniciales que enlazaron hábilmente con la interacción con el público, ahí sacaron sus famosos muñecos de goma y lo finiquitaron con un contundente final.

Tras la foto de rigor con una sala llena y entregada a sus espaldas, no descuidaron un magnífico encore, con «Desert Tornado» del Culture Clash, compuesto íntegramente por Marco, que salió con su coche cuando habían advertido de no hacerlo debido a un tornado. Según sus propias palabras: era el único idiota conduciendo y de esa experiencia, con el tornado de protagonista y de fondo el desierto de California, surgió esa maravilla en la que su batería vertebró una espiral de continuos cambios de ritmos donde bailaban las líneas de bajo y guitarra. Un final lleno de texturas que elevó su despedida. 

Siguen afianzando que su liga es otra. Su proyecto nació de hacer música para ellos mismos y disfrutarla. Eso se nota en lo que cuentan, cómo lo cuentan, en su complicidad encima del escenario, cada uno con su personalidad y con sus excepcionales dotes para comunicar su música. 

Se fueron como llegaron, con sencillez, pero despertando mucha admiración, esa que hace desear que sigan compartiendo por mucho tiempo sus locuras y las frikadas que inspiran su música.
Texto: Lady P.
Fotos: JL Bad

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