
FESTIVAL DE BLUES DE BARCELONA
QUIQUE GÓMEZ & HIS VIPERS
LLUIS COLOMA & HIS MUSICAL TROUPE 5
KIRK FLETCHER BAND
Pati de la Seu del Districte de Nou Barris, Barcelona
4.06.26
Un año más, y con este van ya veinticuatro ediciones, la Asociación Capibola nos ha deleitado con una buena dosis de blues y música negra, con independencia y militancia, tal como ellos saben hacer; es decir, sin someterse a patrocinadores que retuercen el cuello, ni a fondos buitre que blanquean actitudes deplorables, pero además con militancia de barrio, Nou Barris, acercando la cultura a la gente y gratis.
Desde Bad Music felicitamos de nuevo a Capibola por el éxito continuado, sabiendo que no siempre ha sido fácil, pero además por asegurarse la continuidad, con una legión de colaboradores muy jóvenes, que son el futuro.
No pudimos asistir a la primera jornada del festival, así que nos perdimos las actuaciones de SirJo Cocchi & Balta Bordoy – The Blues Way, Ster Wax + The Soulful Trio & Fede Alvarez y Ubangi Stomp.
Bajo un calor asfixiante, en lo que sigue siendo un paraje especial, la Sede del Distrito de Nou Barris, comenzó el espectáculo con Quique Gómez & His Vipers, pasadas las 20 horas.
Quique es uno de los grandes del blues en nuestro país, en todos los sentidos, armonicista de muy alto nivel, casi más reconocido fuera de nuestras fronteras que dentro, lo que viene siendo habitual, más alto que un día sin pan, que todo hay que decirlo, y un gran frontman, que en ocasiones se coloca el traje de crooner del blues, para nuestra gozada y felicidad.
Se presentaba con una poderosa banda, con Pascu de Red House Revival a la batería, el catalán David Salvador en el bajo y, si mi memoria no me falla, Curro Suñé en la guitarra.








Realizó un repertorio de rhythm & blues de calidad, adentrándose en terrenos más jazzísticos en ocasiones, posiblemente por la cadencia sonora de la guitarra, pero también ejerció esa faceta de crooner que tanto me agrada.
Asistir a un show de Quique es algo más que un concierto al uso, pues él se recrea en las explicaciones de las canciones, la mayoría de las veces con un humor negro que es irresistible, y aquí viene la única pega en su tiempo y en toda la noche: ¡Por qué la gente no se calla!
Que el concierto sea gratis no da derecho a nadie a joderle la noche a los demás; pero si encima, como hizo Quique, se ve en la obligación de pedir algo de silencio, porque las anécdotas que contaba no se escuchaban, debería darnos vergüenza como público.
A pesar del gallinero concurrente, fue una notable actuación.

Tras un descanso en el que aprovechamos para hidratarnos y salir del recinto para ver si corría algo de aire fuera, salió Lluis Coloma & His Musical Troupe 5, un supergrupo instrumental formado por el propio Lluis Coloma al piano de cola, Manolo Germán al contrabajo, Artem Zhuliev al saxo, Arnau Julià en la batería y la sorpresa de encontrar a Kid Karlos en la guitarra.
Acometieron un repertorio basado en el boogie-woogie, donde Coloma es uno de los maestros; no solo a nivel nacional, es todo un crack reconocido a nivel internacional.
La banda sonó poderosa y la presencia en escena del gran Artem dotaba al show de la movilidad que los espectáculos de este tipo no tienen; más la guitarra de Karlos aportaba sonoridades que empujaron el sonido al rhythm & blues. Aunque esquinado en un lateral, sus solos de guitarra fueron de lo más vitoreado de la actuación.
Otro gran concierto, que sin embargo lo palió el calor sofocante y el chibarri de parte del público.







Llegó el turno del concierto más esperado de esta edición, Kirk Fletcher Band, aunque, como contrapartida, comprobamos que parte del público se había marchado. Menos mal, pensé, se han ido los charlatanes, pero me equivoqué.
El californiano Kirk Fletcher está considerado como uno de los mejores guitarristas del blues moderno, y su background le lleva a bandas como The Fabulous Thunderbirds, The Mannish Boys, Joe Bonamassa y a ser el guitarrista de directo de Eros Ramazzotti, lo que demuestra la gran versatilidad de su sonido.
Fletcher combina el fraseo tradicional del blues de Chicago y Texas con la sofisticación del jazz de la costa oeste. Su sonido se caracteriza por un tono limpio, un control absoluto de la dinámica y un vibrato característico, que lo convierte en un guitarrista muy personal e inconfundible; a pesar de sus enormes dedos, es capaz de digitar a enorme velocidad cuando se precisa. En esta ocasión se hizo acompañar de Levent Özdemir en la batería y Simon Oslender en el teclado, que combinaba con sonidos de órgano Hammond.









Empezó el show con «Gotta Right», un blues lento y arrastrado que figura en su disco Hold On de 2018; ya entramos directamente en su imaginario blues, su guitarra volaba entre las palmeras del recinto, su voz dulce nos ponía la piel del revés y el sonido del Hammond construía la atmósfera de casi diez minutos de gloria; y acababa de comenzar.
Acto seguido, cambiamos la delicadeza por la fuerza del blues de Texas, con ciertos aires a The Thunderbirds y a The Vaughan Brothers con «Funnybone», rescatado de su disco Live At The Backed Potato Burning Blues de 2014. Aquí destaca la cadencia de la batería y la forma de manejar las baquetas de Özdemir, al mismo tiempo que el teclado suple la ausencia de bajo.
La simpatía de Fletcher la conocíamos cuando actuó en el Ciclo de Blues & Boogie hace muchos años, pero no ha perdido la capacidad para interactuar con el público, de forma amable, modesta y risueña. El equipo de Bad Music ya estaba casi en primera fila, lejos del palo del gallinero.
Todo el repertorio fue una exquisitez, distribuido de tal manera que pudimos disfrutar de la versatilidad de Kirk, como cuando a mitad de concierto se decantó por «Heartache By The Pound», tema intimista que juega con el blues tradicional y su mezcla con el jazz, eso sí, con un solo de guitarra afilado y descaradamente blues; maravilloso.
La complicidad entre los tres músicos y la generosidad de Kirk nos permitieron disfrutar de varios momentos en el show para la improvisación de órgano y batería, que arrancaron vítores entre el respetable que respetaba.

Otro gran momento fue el shuffle que dio inicio a uno de los pocos temas de su último álbum, Keep On Pushing, de este año pasado, «Every Dog Has Its Day», y que volvió a resaltar el potencial de improvisación del trío, que, además de demostrar la calidad como instrumentistas, se lo estaba pasando en grande, como nosotros abajo del entarimado.
Tras quince temas y más de hora y media de concierto, la banda se despidió con un rhythm & blues que nos dejó estasiados y nadando en sudor: «Rockwithme», que se alargaba en una sucesión de solos de los tres músicos como si no quisieran bajarse del escenario; lo cual no nos hubiera importado, porque encontrarse en una noche de verano con una propuesta como la vista en el Festival de Blues de Barcelona le alegra la vida al más pesimista… para todo lo demás, MasterCard.
Enhorabuena por la 24ª edición del festival, el año que viene la tenemos que liar bien gorda para el 25.º aniversario.
Texto: JL Bad
Fotos: McOkie






Deja un comentario