
Capsula
Primitivo Astral
Silver Recordings
11.10.24
El trío vasco-argentino ha creado, desde la portada al último surco, un álbum con sabor clásico, que combina una belleza psicotrópica y surrealista, con unas poderosas fragancias hard rock, que se metabolizan en la cabeza, a modo de elixir de la felicidad instantánea.
Su larga trayectoria musical, a través de un túnel del tiempo, que les traslada en un viaje mágico de veinticinco años, ya consigue el respeto de los acólitos del sonido poderoso del rock, como trueno aglutinador. Por otro lado, los amantes de la psicodelia, siempre hemos visto en sus discos, una revitalización de los anhelos más lisérgicos, que engrandecen un universo negado a los no iniciados. Pues este Primitivo Astral, entrelaza esos dos conceptos con una fuerza inusitada hasta la fecha, como muestra unas gotas de sangre, vertidas en «La luz azul». Y no estoy diciendo que este sea su mejor álbum, para definir eso, hace falta algo más de tiempo, pero creo firmemente que es el mejor disco que podían editar en esta época de locos que estamos viviendo.
El riff de guitarra sigue siendo el tótem sobre el que circulan todas las danzas paganas que, sabiamente, rocían el ambiente, con una base rítmica contundente y penetrante. El hard rock setentero, fornica bajo melodías, con el garage más histriónico y demencial, donde apuesto que en directo, se les une el hijo bastardo del stoner rock. Temas como «Spelling Love», pertenecen a esos universos paralelos que, incomprensiblemente, confluyen, se tocan y bailan juntos.
«Rayo Oscuro» podría haberse grabado, sin problemas, en la época dorada de los dinosaurios, con paso machacón y seguro, épica infiel y melodía infecciosa.
«Automatic Soul» es una anfetamina psicodélica de larga duración, aunque su espacio-tiempo sea de nada más que 2:47 minutos. Un tema que probablemente soñó Jim Morrison, mientras bailaba con Ian Astbury y una tribu de arapajoes.
Las influencias de Black Sabbath se reconocen en los fósiles de las canciones, repletos de carbonatos y silicatos, que los conservan en perfecta mortificación. Uno de los mejores, o quizás el mejor tema del álbum, es «Estrellas Dobles», con un inicio que es imposible que un melómano, no recuerde la entrada de «Children Of The Sea», de los de Tony Iommi. Sirve de un agradable cambio a una marcha corta, con una guitarra desgarradora y sollozante, que despelleja el espíritu.
¿Es adictivo? ¡Joder, ya lo creo que es adictivo! Llevo sin poderme sacar de la cabeza, la pedregosa y desértica «Hacia el Sur», que desencadena micro infartos en mi hipotálamo, sin que pueda hacer nada por borrarla de la memoria temporal.
Es un trabajo espléndido, fortalecido por el carisma sonoro de esta banda, que además, está realizando sus particulares aquelarres de brujería, este mes de noviembre por la Península, qué visto lo visto en algunos videos, sirven estramonio a granel, por lo que la levitación es ineludible.
JLBad

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