Texas
Sala Razzmatazz

7.09.22

En 1989 se editó «Southside», el álbum de una banda escocesa llamada Texas, portada negra con el nombre sobre una caja roja y el título debajo, sencilla como si se tratara de una autoedición, la hoja de promo decía que el grupo había extraído el nombre del film «Paris, Texas» de Wim Wenders, así que pensé de inmediato en un disco árido, áspero y con influencias de Ry Cooder, por lo que nada más desprecintar, coloque el vinilo en el tocadisco y voilà, sonó «I Don´t Want a Lover» y me estremecí. Se trataba de una canción pop, con buena voz, pero con un slide que se te clavaba en el tuétano y no salía, más adelante escucho «Southside» el instrumental que denominaba el trabajo y caí rendido. El primero de los temas es posible que fuera el surco más pinchado en el programa de radio durante aquel año, sin ser precisamente el sonido que más representaba al mismo. Ese año vi a la banda en directo en Zeleste y desde entonces he mantenido con Texas una relación de amor y silencio e incluso menosprecio que ni yo mismo entiendo.
Los tres primeros discos, el icónico «Southside», «Mothers Heaven» y «Rick Road», son trabajos privilegiados en mi discografía, el resto de su obra e incluso la corta carrera en solitario de Sharleen Spiteri han transcurrido en la más absoluta de las inopias, completamente indiferente a los numerosos discos y hits, sólo memorizados por las hediondas radiofórmulas de cada época, pero por el contrario, creo que no me he perdido ninguna de sus visitas a la Ciudad Condal, y alguna excursión con las cabras, perdón las vacas… Y ¿por qué cuento esto? Pues porque quiero y puedo, no es nada importante ni trascendente, pero me lo digo a mi mismo.

Dicho esto, apuntaré que lo del pasado miércoles 7 de septiembre fue fantástico, agotador y como todo en mi relación con Texas, maravilloso y desencantador. Saber que se iba a interpretar todo el primer disco era una sensación especial y quizás esperaba mucho, sin darme cuenta que los años han cambiado y con ellos la banda se ha transformado en un grupo que arrastra multitudes, no gracias a los primeros discos, más bien a los que no he contemplado. Eso se tradujo en varias cosas interesantes en la noche. El concierto estaba dividido en dos partes, la primera para «Southside», tras lo que vino el descanso con las indicaciones previas en le vestuario y salir a la cancha a comerse al enemigo, la segunda parte para el resto del repertorio en un claro recital de grandes éxitos, es decir casi dos horas y media en una sala con el cartel de entradas agotadas, un calor de la hostia y una media de edad que me hizo sentirme joven.
Sensación que no se corresponde con otras puntualizaciones, es decir, que si tenemos en cuenta la reacción del público ante las dos partes de la noche, el viejuno soy yo, pues la primera parte se mantuvo con un entusiasmo comedido e incluso diría que en ocasiones demasiado educado para mi gusto, mientras servidor flotaba y cantaba como un hooligan, la segunda fue una explosión de júbilo, cánticos y barahúnda colectiva, que me pasmó y en ocasiones me asombró por los vítores y aclamaciones del respetable, he de aclarar que todos no, pues las dos urracas que tenía detrás mío eran todo menos honorables, narrando a dos palmos del oído las características físicas y mentales de un tal Juan y las dudas que tenía una de ellas en referencia al mancebo, coño, fóllatelo de una vez y deja de joder a los demás.
De la primera parte, es decir la presentación de «Southside», salí inundado de felicidad y con una sonrisa de oreja a oreja, mucho más tranquila que la presentación oficial del 89, en el mismo lugar con otro nombre, pero con gran calidad interpretativa, si bien he de apuntalar firmemente que eche en falta la presencia de Ally McErlaine -miembro fundador- y su feeling con la guitarra, con esto no quiero decir que Tony McGovern no sea un gran guitarra, pero «Southside» necesita algo más de slide y un poquito de mojo. Sin lugar a dudas fue un lujo poder disfrutar de un disco emblemático de final de los 80 y hacerlo con un sonido de lujo, casi perfecto.

La segunda parte como he dicho antes, reflejó un tiempo al que quizás no me he sabido adaptar, destacando algunos toques de soul, un poco de gospel y la embriaguez y contagio que siempre produce Spiteri, que te hace bailar hasta con la música del Telenotices Vespre. Encantadora, simpática, con una voz en plenitud de facultades, con una complicidad con el público insuperable, sabiendo pausar los ánimos y manejando el entusiasmo colectivo hacia donde ella quiere, con una inteligencia escénica envidiable, como demuestra el bis arrollador, con un «I Don´t Want a Lover» muy bailable y un sublime «Suspicious Mind» de Mark James.

Tan sólo que quedó una duda que me corroe por dentro desde el miércoles; ¿la urraca se cepilló al tal Juan o no?.
Texto y fotos: JL Bad

P.D.- Aquí os dejo una lista de Spotify con todo el repertorio del concierto incluido.


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