Festival de Blues de Cerdanyola
Cal Pintxo – Mercat de les Fontetes
8.10.23
Llegó la última jornada de la trigésima segunda edición del Festival de Blues de Cerdanyola, el más veterano de la Península, que pese a los problemas que ha tenido para realizarse y un considerable tijeretazo al presupuesto, ha conseguido una edición más modesta, cargada de coherencia y calidad musical, donde probablemente se echaron en falta nombres internacionales, como los que nos tenían acostumbrados, pero se suplió con una buena lista de actuaciones.
En un festival de este tipo, el solapamiento de actuaciones es inevitable, y esta última jornada no fue una excepción, por lo que nos perdimos algunos conciertos interesantes dentro de la programación de Blues Als Bars. Quizás la única queja posible, pero importante, es la ubicación del Bosc Tancat, con dos problemas evidentes y voz populi entre la parroquia asistente. La desaparición del escenario ubicado dentro del bosque, lo que hubiera evitado alguna que otra insolación en el concierto de La Perra Blanco y, la desastrosa gestión del servicio de hostelería del recinto; por lo demás, todo genial, sin novedad en el frente.


Comenzamos la jornada en Cal Pintxo, con un llenazo impresionante, que inundaba de cabezas desde el escenario, a prácticamente el carrer Sant Casimir. Allí se deleitaron los presentes, con una actuación pletórica de Txus Blues y César Canut, entre risotadas, cervezas, pinchos y algún que otro ciclista descerebrado que se empeñaba en cruzar por entre el público y que extrañamente no fue linchado. Sin lugar a dudas, una fiesta vermutera en toda regla, una apuesta segura, que alcanzaba el climax con temas como «El blues de la pendemia» o el clásico de fiesta y borrachera, «Estoy enfermo de blues».


No pude ver el final de su actuación y salí corriendo para el Mercat de les Fontetes, recinto que debería ser, en el futuro, el principal del festival, por ubicación y por el espacio, y porque el servicio de restauración era todo un lujazo, aunque el calor a las dos de la tarde era insoportable. Por un problema técnico, The Grassland Sinners comenzaron con un cuarto de hora de retraso, lo que me permitió ver su actuación completa.
Lástima del buen tiempo, que no es sano para el rock’n’roll, alejando al numeroso público hacia la protección de los árboles. Dato a tener en cuenta, la organización tenía su cámara de video, grabando en el set de audio, con una camiseta por encima para protegerla del criminal «lorenzo», que se nos echaba encima sin piedad.


Quizás por el calor reinante y porque el escenario no se libraba de la exposición psicópata del astro amarillo, The Grassland Sinners, fueron de menos a más, comenzando su actuación como a contra reloj. La calidad musical no se les podía negar, pues tienen un remolque de temas que pueden levantar cualquier bolo, pero la distancia de más de veinte metros con las primeras filas de público y la agobiante temperatura, parece que les hizo mella.
Afortunadamente, todo comenzó a cambiar a partir de «Dear Mary Jane», tema que aprovecharon para presentarse y que fue la chispa para comenzar a subir la cuesta con fuerza y actitud, desplegando temas como «Statues»,«Paradise», «Oh, Fulity» y «You Are The One», de su último disco, «Goin’ Fat».
Llegó el tiempo de las versiones, con un tema cantado en catalán, que no reconocí, pero que me ganaron el corazón con «Evil», de mis amados Cactus, «Can’t Find My Way Home» de Blind Faith, la banda fantasma de Eric Clapton y Steve Winwood, rematando la faena con «Stay With Me» de Ronnie Wood y Rod Stewart y sus nunca olvidados y poco valorados Faces.
Una buena actuación, que hubiera ganado enteros en horario adulto, o con sombra. Ganazas de verles en sala, con un feed back más cercano… deuda pendiente.


La tarde se iba apoderando del sol y mientras me tenía que conformar con un frankfurt, porque el ansia por no quererme perder nada, me hizo comer algo cuando las butifarras se habían agotado. Y aprovecho ese inciso gastronómico, para reivindicar el nunca olvidado Butifarra And Blues, evento organizado en Cerdanyola, que era una auténtica gozada y que podías disfrutar en familia y a la sombra. Todavía recuerdo que mi hija pequeña y mi sobrina, bailaron por primera vez al ritmo del blues en una de las últimas ediciones.


Era la hora del cabeza de cartel de la jornada, Ivan Singh Chicago Blues Quartet, que llegaban de triunfar en el Festival de Blues de Cáceres, con el argentino Ivan Singh a la guitarra y voz, acompañado del gran David Giorcelli al piano, Predicador Ramírez al bajo y el siempre sonriente y efectivo Reginal Vilardell tras la batería.
Una entrada más que efectiva en escena, a los mandos de una guitar box, construida en una lata de boniatos, que sonaba de muerte, nos levantó las orejas y puso en on nuestros sensores. Ivan sabe dar al público lo que necesita y es un showman en toda regla, que se mueve, juega con la gente y hace mil perrerías que son un billete seguro hacia el éxito.
Personalmente, me recuerda su postura en escena a la de otro gran showman guitarrero, Carvin Jones, marcando explosivos solos de guitarra, que el público blusero venera, arropado bajo su sombrero y saltando a la olla, para recorrer el camino entre el escenario y el set de audio, abrazado, vitoreado y guardándose al respetable en el bolsillo, tocando las seis cuerdas de forma eléctrica y volviendo a subir al entarimado sabiendo, que haga lo que haga, ya ha triunfado.


Desgraciadamente para mí, no consigo conectar con su repertorio en castellano, ni en disco, ni en directo, pero no es excusa para apuntar que su actuación fue de lo mejor que pudo disfrutar el público en esta edición.
Vaya por delante mi más sincera enhorabuena a la organización, por sacar adelante y con buena nota, una edición por la que muchos no daban dos duros. Ojalá la administración se dé cuenta de que el Festival de Blues de Cerdanyola es un valor importante para la ciudad y no meta más tijeras donde no son necesarias, sobre todo cuando habrá partidas menos necesarias, donde pueden ejercer su corte y confección, por aquello de ayudar aportamos «gastos de representación» como ejemplo.
El año que viene más, en la trigésima tercera edición, la edad en la que se cargaron a Cristo, algo que no debería ser una profecía, pues ya sabemos que el blues es la «Música del Diablo».
Texto: JLBad
Fotos y videos: Cecilia Blues


Descubre más desde BAD MUSIC RADIO

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde BAD MUSIC RADIO

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo