
LOS LOBOS
Sala Apolo, Barcelona
5.02.26
Espectacular lleno hasta la bandera en Apolo para una cita ineludible con el rock fronterizo de Los Lobos, que llegaban celebrando medio siglo de carrera musical a sus espaldas. Quizás por eso, porque tienen una o varias edades encima, se les notó algo difusos en algunos planos del concierto, aunque a rasgos generales fue un show poderoso, comunicativo y de gran calidad.
Tan solo ver el backline y las mamparas de metacrilato que aislaban los amplificadores de guitarra, no así la batería como suele ser habitual, comprendí que el sonido iba a ser atronador y no me equivoqué. Desgraciadamente, la mayoría de las ocasiones, un gran volumen no lleva explícito un buen sonido, y en esta noche se volvió a cumplir la regla. Los cuatro primeros temas fueron un girigay del copón, donde las voces no se entendían, el saxo brillaba por su ausencia y las guitarras sonaban reventadas. Así no pudimos disfrutar como se merecen temas emblemáticos como «La venganza de los pelados», «Angel Dance», «Chuco’s Cumbia» o el primer cover de la noche, «Love Special Delivery» de Thee Midniters.

A punto estuvimos de marchar hacia atrás y perder un sitio privilegiado a pie de escenario. Por fortuna, el sonido comenzó a mejorar y, de forma cuantitativa y cualitativa a la vez, a partir de otro cover, «Flat Top Joint» de The Blasters. A partir de aquí fue una gozada el show.
Si bien es cierto que las cabezas visibles son David Hidalgo y Cesar Rosas en ambas guitarras y voces, que una vez bien acoplado el volumen se erigieron en maestros de ceremonias, indiscutiblemente, quien levantó el concierto y llevó todo el peso del mismo fue Conrad Lozano, bajista impresionante que nos deleitó con un manejo de los dedos y un groove inolvidable; él solo era capaz de hacer bailar a toda la sala, sin fallar ni omitir una sola nota.
Covers de Grateful Dead –«Bertha»-, Flaco Jiménez –«Ay te dejo San Antonio»-, o la ranchera «Volver, volver» de Vicente Fernández, que fue coreada hasta la extenuación por el respetable, mientras que alguien desubicado gritaba pidiendo «La bamba», se mezclaron con clásicos de su ajetreada historia: «Emily», «Dream In Blue», «Cumbia Raza» o «Don’t Worry Baby» entre otras.
Tuvieron un momento para la reivindicación con el tradicional «Carabina 30-30», dedicada al presidente más odiado de la historia, y, como no podía ser de otra manera, su reivindicación hispana, con Hidalgo endilgándose el acordeón.
Final de traca i mocador con un soberano homenaje a Ritchie Valens: «Ooh My Head», «Donna», «Come On, Let’s Go», «La Bamba» y «Good Lovin’», por cierto, tras escasos dos días del aniversario de su muerte.

Todo terminó por esa noche, donde Los Lobos nos regalaron una tremenda sonrisa y carga de felicidad. Poco importó que Louie Pérez se quedara en casa, pues ya no está para giras; que en varias ocasiones Hidalgo se fuera de los temas; que su Fender comenzara bien los temas, pero se fuera desafinando poco a poco, que lo llevó por la calle de la amargura toda la noche, o que una groupie dopada hasta el encaje de su corpiño irrumpiera en primera fila como un Caballo de Troya y el pobre Hidalgo la invitara a subir al escenario, para pasmo y vergüenza ajena de todos los presentes.
Fue una gran noche fronteriza, con sabor a despedida, pero una gran noche.
Texto y fotos: JL Bad


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