ROBERT JON & THE WRECK
THE SLEEPING CIRCUS
Razzmatazz 2
, Barcelona
29.04.26

Menuda sorpresa nos hemos llevado todos, público, organizadores –Rocksound BCN – Acaraperro Producciones– y los propios músicos, a juzgar por sus caras. Venían de una gira europea que acumulaba un sold out tras otro, pero Europa no es Barcelona, aunque algunos se empeñen en parecerse, como tampoco es una plaza agradecida para el rock, si la comparamos con otros confines del estado. Sin embargo, unas semanas antes colgaban el cartel de «Entradas agotadas», abriendo el aforo de media sala a la totalidad del aforo y congregando un numeroso público que alcanzó el 80% de Razzmatazz 2. Algo ha cambiado y no es cuestión de dejarlo pasar de largo.

Los horarios europeos no siempre son homologables a este país, y suele pasar que no siempre se llega a tiempo. Tan solo pudimos ver los tres últimos temas de The Sleeping Circus sobre el escenario, pero pudimos comprobar que el grupo ha crecido desde la última vez, que el público que había pillado sitio para Robert y lo suyos se lo pasaba en grande y, como los propios músicos, tenían cara de satisfacción.

Tras el oportuno cambio de backline, que dejó la pancarta de fondo cojeando de la izquierda, salieron los cinco muchachos de las últimas citas, una cada dos años: Robert Jon Burrison como vocalista y encargado de la guitarra rítmica, Andrew Espantman como motor de precisión en la batería, Warren Murrel aportando el combustible necesario para que todo rodara como la seda, Jake Abernathie con mucho más protagonismo en los teclados y Henry James Schneekluth a las guitarras afiladas, desvaríos y demás gimnasia de mástil.

La última vez que nos visitaron fue en la Sala Wolf —podéis leer la crónica aquí— en junio de hace dos años, el día del cumpleaños de Warren, tiempo suficiente para que se hayan producido ciertos cambios en el sonido de la banda, todos ellos para mejor.

Comenzaron el show con «Pain No More», tema a medio tiempo que en su anterior visita servía de antesala del acelerado final. Seguimos con «Blame It On The Whiskey», otro medio tiempo que parece diferente, pero es posible que sea porque el sonido es casi perfecto y eso hace disfrutar. HJ aprovecha para realizar su primera exhibición de destreza en la guitarra, pero mucho más original que antaño, donde se acercaba demasiado al heavy; sonó más sureño de lo que esperaba, más clásico y mucho más reducido, pues debía regresar rápido al micro para hacer voces.

Llegó el bloque más esperado, aquel que pertenece al álbum Heartsbreaks & Last Goodbyes de 2025: «Sittin’ Pretty», «Highway» y «Long Gone». Ahora sí, es momento de reflexionar qué ha pasado en esta banda para esta gran mejoría, y que entre otras cosas consigue que el público cante como si no hubiera un mañana y que atraiga más oyentes que en otras giras.
La respuesta la encontramos en la mano que mece la cuna, es decir, Joe Bonamassa, quien además de ser mentor de la formación y editar a través de su sello discográfico, Journeman Records, ayudó a pulir el sonido hacia una evolución más clásica, más depurada y acercándolos mucho más al blues y sobre todo al soul, donde desempeña un rol importantísimo Murrel con su bajo, y la nueva presencia sonora de Jake al teclado, que te extrae un sonido Hammond, como hizo en «Lone Gone» o «Arroyo», donde fraternizó con la guitarra de HJ en una fase psicodélica muy setentera, que podía venir a la memoria el bueno de Jon Lord, al igual que se reinventa con un piano boogie o un fraseo netamente juke joints como el que colocó en «Bring Me Back Home Again», donde la guitarra y el teclado entablaron un duelo más psicodélico que en la Wolf.



Otro punto fundamental de la metamorfosis de Robert Jon & The Wreck es el nuevo tratamiento de las voces, donde ha ganado protagonismo HJ, que en la mayoría de los temas doblaba a Jon con un contrapunto de retraso o delay, consiguiendo una armonía especial con Jake o incluso Andrew, que desde la batería participa mucho más con una sonoridad grave.
Todo esto que indicamos deja mucha más libertad a Robert Jon, que ahora sí que ejerce de líder; es la quinta ocasión que los disfrutamos y en la mayoría de ellas creemos que HJ y su ímpetu distorsionaba algo la realidad. HJ es un gran guitarrista, no hay ninguna duda, pero incluso ha mejorado, primero dando un paso atrás, que todos sabemos que le cuesta, segundo desterrando los inoportunos solos estridentes y casi heavies y retomando el southern rock clásico, y tercero y más importante, comenzar a ser un músico de banda y no solamente un solista, aunque eso hay que entrenarlo más.


Lo positivo de este cambio es que, cuando llega el final del bolo y HJ tiene cancha libre, puede hacer cosas grandes como en «Oh, Cold Night», ofreciendo una exhibición de cerca de un cuarto de hora de solos vibrantes; metiéndose el aforo en el bolsillo e impidiendo que se marcharan del escenario sin otro tema, se disfruta mucho más. Porque lo bueno, si breve, no sé si será más bueno, pero sí es cierto que cuando llega el desmadre no estás empachado de ello.

El tema que más impactó en la memoria del personal volvió a ser «Oh, Miss Caroline», con un despliegue de poderío tremendo que, sumado a la complicidad del público, transformó Razzmatazz 2 en un mar de manos manteniendo el tempo, voces coreando el estribillo y un Jon que no pudo retener la emoción y dejó de tocar para llevarse su mano al corazón en agradecimiento.


Siempre nos han gustado Robert Jon & The Wreck desde que Antonio Celeiro, al final de una jam de blues en Rocksound y con unos chupitos delante, nos recomendó un concierto de unos tipos que hacían southern rock del bueno. Eso era en abril de 2015; desde entonces nos hemos reencontrado de nuevo en el añorado Rocksound en 2019, en Upload pasada la pandemia en el 2022, y en la sala Wolf hace dos años; sin lugar a dudas, este ha sido el mejor concierto de Robert Jon & The Wreck, una banda que ha abierto un nuevo camino y que ahora sí que creemos que no tiene techo. Si dentro de dos años retornan, estaremos de nuevo entre los acólitos del southern rock.
Texto: BM
Fotos: DBruc


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