
FESTIVAL IN-SOMNI
THE LORDS OF ALTAMONT
Upload, Barcelona
7.05.26
Al día siguiente del concierto de Matteo Mancuso en Apolo y la descarga de adrenalina a cargo de Nashville Pussy en Upload, con renovadas fuerzas, retornamos a la sala del Poble Espanyol para disfrutar de una nueva dosis de rock’n’roll con The Lords Of Altamont, dentro de una nueva edición del Festival In-Somni.
Poco público en la puerta pequeña del recinto, lo que nos recordó la última visita de la banda en la sala Estraperlo de Badalona, en la que se suponía que era su gira de despedida; afortunadamente, las dos cuestiones fueron erróneas: la primera porque la sala se llenó a poco de alcanzar el sold out; la segunda y más importante, fue comprobar que el grupo, lejos de estar para entrar en dique seco, se encuentra en un fenomenal estado de salud.



Bajo un fondo de luz roja, presidía el escenario una gran pancarta con el Flying Eyeball vigilando toda la sala, acompañado por detalles de la cultura custom de pandilla de Serie B; y abandonado en medio del escenario, donde más puede molestar, el órgano Farfisa.
Nada más aparecer en el escenario, mientras que el resto de músicos se colgaban los instrumentos, Jake «The Preacher» Cavaliere, usando la jirafa del micrófono, se impulsó encima del órgano para saludar al respetable, donde se escondían numerosos chalecos parcheados como los de la banda. La cosa prometía, ya que la actitud era la correcta.
Sin embargo, comenzamos mal; en «Gold A Hold On Me», uno de los mejores temas de su última entrega, el estupendo Forever Loaded, la voz de Jake no se escuchaba y era apagada por los coros de Barry «The Hatchet» Knapp en la batería y sobre todo por parte de Rob «Zim» Zimmermann en su bajo; pero para más inri, el Farfisa brillaba por su ausencia, lo que me obligó a comprobar si el Leslie estaba enchufado, cosa que efectivamente era cierto, pues su hélice giraba sin parar.


Los problemas de sonido persistieron en «Death On The Highway», «Going Downtown» y «Come Back Baby», clásicos coreados por los fans supliendo la invisibilidad parcial de la voz de The Preacher. La banda se lo estaba pasando bien pese a todo, porque en los monitores el sonido era perfecto. Dani Sindaco, aunque acomodado en un rincón, sin apenas luz, ensalzaba cada riff de guitarra y arremetía con la rabia que le caracteriza los solos de cada tema, destacando sobremanera el desarrollado en «Going Nowhere Fast».
Volvieron a reivindicar Forever Loaded con «Get Out Of My Head» y «Rusty Guns», donde los problemas de audio desaparecieron. Jake maltrataba su Farfisa, torturándolo a golpes, arrastrándolo por el suelo, volcándolo, subiendo en él, acercándolo al público para que las primeras filas dejaran los móviles por un momento y machacaran las teclas. El show subió en intensidad, comunión y grandeza… y aquí hay que aportar una aclaración importante.




Si bien los angelinos son exponentes del mejor garage punk, bebiendo de las fuentes de los mejores maestros; The Sonic, The Cramps, The Fuzztones, The Stooges, MC5, hasta el punto de que algunos miembros de esas bandas han pasado por las filas de The Lords Of Altamont, una parte vital de su personalidad es la psicodelia, necesaria para entender el universo del grupo y conseguir esa simbiosis que alcanzan con su público, pero si desaparece el órgano, se ausenta el sonido embrujado, hipnótico y psicotrópico. Jake utiliza un Farfisa con Leslie, que en principio no lo necesitaría, pues el Farfisa funciona adecuadamente sin ese complemento; pero es precisamente la unión de esos dos accesorios lo que añade grandeza al sonido de la banda, tal y como hicieron en su día Ray Manzarek de The Doors, Richard Wright de Pink Floyd, The Sonics y The Fuzztones. The Preacher no es un gran organicista, pero con los pedales fuzz arremete atmósferas impecables para el conjunto del sonido, distorsiones envolventes y golpes de efecto que definen la identidad de la banda; si eso no se encuentra en el ambiente, se pierde la esencia. Eso pasó incomprensiblemente en fases largas del bolo.

Los numerosos errores técnicos fueron suplidos por la energía y actitud arrolladora de la banda, revitalizada de nuevo y con suficiente background para mantener un show contra viento y marea. Curioso que solo interpretaran cuatro temas del último álbum, el cual por calidad podría haber estado más representado. Por el contrario, basaron la mitad del show en el disco de 2005 Lords Have Mercy, segunda entrega de los angelinos y pieza clave de su discografía. Quieras o no, eso aposentó un set list de clásicos, recibidos por la parroquia con bullicio y algarabía, no parando de gritar, saltar y bailar en toda la hora y poco que duró el concierto.
Momento para el despiporre colectivo fue cuando Jake acercó el órgano al público, lo volcó con las teclas en vertical y se marchó para que algunos osados aporrearan las teclas. Afortunadamente para nuestras orejas, fue uno de los momentos Guadiana del Farfisa, que desapareció hasta el final del concierto, igual que la voz, que por mucho que Cavaliere se desgañitaba gritando, no se le escuchó en el bis, compuesto por «Like a Bird», «Velvet» y «Twisted Black».
En poco más de una hora, disfrutamos de una descarga adrenalítica de alto nivel, con una banda en un gran momento, y pese a la deficiente actuación de la técnica de sonido, que aparte de pasearse con un iPad bailando entre el público escenificó un autismo sonoro de campeonato.
Enhorabuena, una vejez más, a la gente del In-Somni por apostar siempre por propuestas de calidad.
Al finalizar el concierto, un amigo me comentaba que bajo y guitarra habían estado muy estáticos; normal, si tenemos en cuenta que The Preacher maneja la jirafa del micro como si fuera un arma de destrucción masiva. Deberían salir a escena con casco… de motorista parcheado, por supuesto.
Texto: Lady P. / JL Bad
Fotos: Mercè Carbonell



Deja un comentario