THE SWORD
EARTHLESS
Razzmatazz 2
. Barcelona
21.05.26

Se nos presentaba por delante una noche intensa de stoner rock y psychedelic hard rock, con dos propuestas de un interés indiscutible: Earthless y el regreso de The Sword. A los primeros los vimos por segunda vez en la sala Upload el pasado 5 de agosto, acompañados de los canadienses Heavy Trip, pero ahora eran ellos los acompañantes de The Sword.
La promotora Noise On Tour nos avisaba que se trataba de la gira de reunión de los de Austin, Texas, que llegaban con la celebración de los quince años del álbum War Riders debajo del brazo, reclamo más que eficiente para conseguir rozar el sold out en la sala mediana del Razz, pero que por una serie de factores no resultó como estaba planeado.

Puntuales a su cita, apareció el trío de San Diego, Earthless, formado desde 2001 por Isaiah Mitchell (voz/guitarra), Mike Eginton (bajo), Mario Rubalcaba (batería), representante del más genuino y puro San Diego psychedelic rock.
Juntos son una auténtica apisonadora de stoner rock, como decidieron empezar a demostrar desde el minuto cero. Con una distorsión de pedalera y un acople feedback de bajo, Rubalcaba inició un ritmo lento y aposentado en la calma que precede la tormenta, para de esta forma arrancar un repertorio muy corto, tan solo seis piezas unidas entre sí, donde el silencio no encontró ubicación en la que estacionarse y el ciclón de ruido del bueno que depositaron en nuestras cabezas se extendió a más de setenta minutos ininterumpidos de entorno psicotrópico.
Inauguraron su set con una improvisación que no se encuentra en ninguno de sus discos, y que es un ejercicio físico y mental para lo que tiene que llegar. Físico, al tratarse de ejercitar todos los músculos del cuerpo para algo más de una hora de hiperactividad; mental, porque se debe entrar muy consciente en el universo inconsciente en el que van a bucear.

Un show casi perfecto, de ejecución altamente creativa, en el cual el ambiente jamming prevalece acotado sobre una serie de códigos marcados por las miradas, gestos o golpes de wha-wha o bombo. Los tres manejan el lenguaje utilizado con total sencillez o al menos eso parece, pero la disciplina que deben mantener es uno de los puntos más interesantes de ver encima de un escenario.
Mitchell y Rubalcaba se marcan los interludios y puentes entre temas, o quizás está mejor dicho suites o rapsodias. Siempre en forma de bucle o loops, siempre con una estructura definida por la batería, que puede variar de camino a la improvisación de la guitarra, pero que regresa constantemente al origen, las veces que sean necesarias para terminar con un cierre pactado.
Rubalcaba maneja los tempos de forma magistral y es encomiable el trabajo de Enginton en el bajo, siempre con la mirada atenta hacia sus compañeros, pues en cualquier momento Mitchell puede levantar la palanca, estirar las cuerdas y transformar una melodía en éter, o bajar al wha-wha y electrizar el ambiente.

Juntos nos regalaron un concierto casi perfecto, tal y como he comentado al principio, y no lo fue porque en la última pieza del show, «Cherry Red», en la cual aparece la voz, hizo acto de presencia el fantasma de esa noche en el Razz 2, la falta de sonido, la ausencia de voz fue evidente y no hacía presagiar nada bueno.
Interpretaron «Intro Jam», «Uluru Rock», «Violence of The Red Sea», «Volt Rush» con una extensa coda en la que introdujeron el cover «The Ides Of March» de Iron Maiden, para finalizar con otro cover, «Cherry Red», de la banda de blues rock británica The Groundhogs, donde curiosamente marcaron unas líneas del «I Shot the Sheriff» de The Wailers pero cercanas a Eric Clapton.


Muchas ganas de ver a The Sword en directo, más si cabe porque el álbum de los quince años, War Riders, es fantástico y, para más inri, el viernes anterior al concierto, se publicó la edición remasterizada de Age Of Winters; para Bad Music es el mejor disco y se cumplían dos décadas de su primera publicación.
Ante estos hechos estábamos expectantes; igual pasaba al resto de la sala, representada por la gran ovación con la que recibieron a J. D. Cronise –voz principal y guitarra–, Kyle Shutt –guitarra solista–, Bryan Richie –bajo– y Santiago «Jimmy» Vela III –batería-.

Se inició el ritual con «Empty Temples», segundo surco del álbum de 2015 High Country, uno de los mejores temas de la banda, reconocido por el público que lo aplaudió como si no hubiera un mañana, pero la dicha duró poco más de medio minuto, lo justo desde que comienza el bajo y la caja de la batería, hasta que entra a cantar J.D.; tal y como sucedió con el último tema de Earthless, la voz brillaba por su ausencia.
Si te gusta The Sword, sabes que la voz de J.D. no es portentosa y que sus ecualizaciones están cargadas de graves y con puertas de sonido que provocan una sensación de alejamiento, de no presencia, que las hace encajar en el sonido global del grupo y forma parte de su personalidad; pero eso es una cosa y el que se escuchara más su voz por los monitores —estábamos en primera fila— que por la P.A., y que continúe la ausencia en «Tears Like Diamond», «Mist & Shadow» y «Sea Of The Green», resulta infumable, por lo que el equipo de Bad Music decidió moverse en «busca de la voz perdida».


En la mesa de sonido, fijándonos en la ecualización utilizada por su técnico, comprobamos, sin saber muy bien el motivo, que el vúmetro de salida no marcaba la zona headroom en ningún momento (led de color amarillo-naranja previa a los picos de saturación); pero es que los diferentes canales no tenían presión, es decir, la banda estaba tocando a un sonido muy bajo, y el canal de J.D. de forma extraña, balanceado a la izquierda. (Creo que era necesaria esta explicación para entender lo ocurrido).
Efectivamente, era el punto donde mejor pudimos escuchar el resto del bolo, aunque faltara solo media docena de temas. «The Horned Godness», el vitoreado y disfrutado «Tres Brujas», posiblemente lo mejor del concierto, «Lawless Lands», «Cloak of Fathers», «Freya» e «Iron Swan».
La banda estuvo irregular durante el concierto; desconozco si los problemas de sonido les afectaron encima del escenario, pero su sonido stoner, doom y progresivo se diluyó en riffs afilados cercanos al heavy, con un set list que prometía un repaso por diferentes etapas, comenzando por la última, más innovadora, y terminando por el sonido clásico.
The Sword lo han dejado dos veces; la primera en 2018, por agotamiento físico y bajada de ventas en sus conciertos; la segunda tras girar junto a Clutch en 2022, por notar falta de energía, estancamiento y motivación; razones a las que, si sumas el mal sonido, tienes un resumen de su show en Barcelona.
Menos mal que nos queda Earthless.
Texto: JL Bad
Fotos: BM


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