
CURTIS HARDING
Sala Paral·le 62, Barcelona
3.07.26
Me gusta el ambiente de los conciertos de verano. Me gusta la programación de Houston Party. Y esperaba con expectación la visita de Curtis Harding. Su último álbum, Departures & Arrivals: Adventures of Captain Curt, me había dejado muy buenas sensaciones. La expectación aumentó cuando la organización anunció que el concierto se trasladaba de la sala La [2] de Apolo a Paral·lel 62, una sala de mayor aforo. Buena señal.
Llegué con tiempo y la platea ya presentaba una magnífica entrada. Apareció primero la banda: una formación de cuatro músicos de estudio, de estética noventera, impecables en la ejecución. Todo sonaba perfecto. Quizá demasiado perfecto. Durante todo el concierto transmitieron la misma sensación: músicos eficaces, precisos y excesivamente contenidos.


Curtis Harding abrió el concierto con algunas de las mejores canciones de su último trabajo: Out in the Black, Banh Me y Time. Un repertorio donde mezcla un soul denso con pinceladas de funk contemporáneo. La interpretación fue impecable, pero también terminó resultando previsible y un tanto aburrida.
Harding alternó momentos de frontman —en ocasiones algo forzados— con incursiones a la guitarra que apenas aportaban matices al conjunto. Su repertorio viaja constantemente entre el soul clásico de Otis Redding o Al Green y pasajes que recuerdan al rock psicodélico de Sly & the Family Stone.
Este magnífico músico forjó buena parte de su carrera como corista de CeeLo Green, una escuela de primer nivel, antes de emprender su trayectoria en solitario a partir de 2014. Tiene una voz impresionante. Elegante, cálida y llena de personalidad.

Aunque el concierto giró principalmente alrededor de Departures & Arrivals: Adventures of Captain Curt, también hubo espacio para recuperar canciones de Face Your Fear, como On and On o Until the End. Uno de los momentos más inspirados llegó precisamente con Need Your Love, perteneciente a ese mismo álbum.
El resto del concierto transcurrió por terrenos conocidos: un soul luminoso, elegante y reposado, adornado por un acompañamiento de saxo tan correcto como previsible. Todo sonaba bien, pero pocas veces llegaba a emocionar.
Hubo que esperar a los bises para encontrar lo mejor de la noche. Tres canciones magníficas: The Drive, Keep Shining y una emocionante interpretación de Hopeful, donde el gospel y la psicodelia se daban la mano. Tres temas que dejaron un buen sabor de boca y maquillaron un concierto al que, en mi opinión, le faltó un punto de riesgo, de espontaneidad y, sobre todo, de chispa.
Texto y fotos: Xavi Malacara






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