
PLAYS & CELEBRATE GARY MOORE MUSIC LEGACY
JACK MOORE BAND
Sala Upload, Barcelona
8.8.26
Sorpresa al ver una sala Upload abarrotada de público para disfrutar de una velada vestida como un tributo a Gary Moore, pero realizada por su hijo Jack. Me da la sensación, tras charlar con numeroso público, la mayoría músicos, de que la curiosidad y el morbo eran lo que primaba en el ambiente, añadiendo una predisposición a la dura crítica, que ya venía empaquetada en la mochila desde casa. Fuera como fuese, la sala registraba un ambientazo de las grandes ocasiones, y en realidad se trataba de una banda desconocida, pero con un apellido de leyenda, Moore.
Ya habíamos tenido contacto con Jack Moore y su inseparable compañero Quentin K. Kovalski el pasado 5 de enero en la sala Diobar. En aquella ocasión no se vistió la visita como homenaje a la música de su padre y así nos fue; más que un concierto, asistimos a una reunión de universitarios, donde iban subiendo al escenario combos diferentes, sin presentación, orden ni concierto. Allí pudimos ver al dúo Moore-Kovalsky en tres o cuatro temas, entre ellos un par de Gary Moore, que no resultaron del todo satisfactorios, pero que, sin embargo, los temas que no eran del padre provocaron mi curiosidad, llevándome a bucear en la música de Jack Moore.

Su propuesta está alejada completamente de la de Gary Moore, en una mezcla que todavía no está muy definida de rock y pop progresivo, con una inclinación muy efectiva al uso del wha-wha, y que en los temas más rockeros se inclina más hacia el sonido de guitarra de Hendrix que de su progenitor.
En esta ocasión, la promoción bajo el nombre de “PLAYS & CELEBRATE GARY MOORE MUSIC LEGACY” arrastró a mucho más público, aunque ya he comentado con cierta propensión a la crítica que, visto lo visto, y por la euforia demostrada durante el corto show y los comentarios postconcierto, no se casa de ninguna forma con la cantidad de haters que circunvalan las redes sociales. Por mi parte, sabía a lo que iba y la verdad es que me lo pasé muy bien; quizás porque en ningún momento busqué comparaciones. Dicho esto, soy el primero que reconoce que, sin el tipo de promoción con la que se ha vestido esta gira, que incluso la ilustración del cartel nos muestra a un Jack Moore mirándonos a los ojos desafiante y en postura energética -imitando una famosa foto de Gary Moore-, dos cosas incompatibles hoy por hoy con Jack, estaríamos comiéndonos los mocos como en el Diobar el día de La Cabalgata de Reyes.






La banda se completaba con un más que discreto Rafal Welenc al bajo, procedente de Polonia como Kovalsky, más el mexicano Pancho Campos en la batería, que se convirtió en el maestro de ceremonias de la noche, debido al mal estado de voz de Kovalski —ha arrastrado problemas toda la gira— y al ser el único que hablaba castellano, engrescando al público de una forma sorpresiva, que no paró de corear su nombre en todo el concierto.
Musicalmente, nos encontramos con una banda que discretamente cubría el expediente, pero que demostraba maneras y sobre todo esa esencia que te dice que probablemente pueden tener futuro, y que hemos encontrado en cientos de bandas locales a través de los años, pero que no tienen el trampolín necesario o apellido detrás para demostrarlo en, no ya una gira, en una sala como Upload que estaba cercana al sold out.
Personalmente, si colocas el teclado inerte en el centro del escenario, o eres Jake “The Preacher” Cavaliere de The Lords Of Altamont, o un auténtico crack del instrumento, que no es el caso, o estás implantando un monolito sedentario que anula el movimiento; que dicho sea de paso, es una de las debilidades de la banda.
Jack Moore es un buen guitarrista, pero la sombra de una leyenda es muy alargada y oscura. Que estuviera tocando a menos de un metro una Les Paul SG que su padre le regaló por su decimoctavo cumpleaños es digno de ver. Sin embargo, me gustaría destacar que, lejos de imitar, en cada tema cambiaba los solos de guitarra, lo que alejaba lo más posible las odiosas comparaciones al mismo tiempo que lo reivindicaba como un buen guitarrista.

Sin ir más lejos, «All Your Love» no fue una cover de la que aparece en el álbum Still Got The Blues; bajó el tempo del tema y con ello nos deleitó con un sonido más cercano a John Mayall & The Bluesbreakers, en uno de los mejores momentos del concierto, al igual que la «Instrumental improvisation», donde el guitarrista desbloqueó el wah-wah y realizó un pasaje instrumental estupendo, cargado de blues y reivindicando a quien le hizo obsesionarse con la guitarra eléctrica, Jimi Hendrix.
Es un guitarrista solvente, pero le falta carisma y, al menos lo demostrado en el escenario de Upload, no tiene madera de líder; se desenvuelve por lo general al fondo del escenario, la mayor parte del concierto con los ojos cerrados, acercándose en contadas ocasiones al público, incluso por delante de los monitores, lo que provocaba la euforia de los presentes en primera fila, pero acto seguido se retiraba a su zona de confort, con semblante serio y sin apenas sonreír; incluso pareció incómodo con un colega que insistía pesadamente en que le mirara y al que mandó callar durante el solo de batería de Pancho.
El repertorio me resultó bastante corto, y la verdad es que eché de menos algún tema propio más, sobre todo el magnífico «Love Is Thunder», grabado junto a Kovalski, Ian Paice, Don Airey más Bob Daisley; pero, como me comentó al terminar el concierto en la barra de la sala: «No hemos podido ensayarlo».
El repertorio:
«Heavenly Light». Tema propio que profundiza en el lado progresivo, con una atmósfera creada con el teclado, sobre la que camina libremente la guitarra de Jack.
«Pretty Woman». Tema del locutor de radio Andrew Charles Williams Jr., que popularizó en 1966 Albert King para Stax Records y que aparece en el álbum Still Got The Blues de Gary Moore. Jack volvió a ralentizar el tema, que conservó su estructura melódica, pero cambió por completo el solo de guitarra; normal, aquí tenía dos monstruos a la espalda: Gary Moore y Albert King.
«All Your Love». Como he apuntado anteriormente, más cercana a John Mayall & The Bluesbreakers; uno de los mejores momentos del bolo.
«In My Shoes». Otra canción de cosecha propia, de marcada tendencia folk, muy en la línea de Thin Lizzy, donde la guitarra de Jack deambula con diferentes sonoridades, creando atmósferas, hasta un precioso solo que puede recordar a David Gilmour. Un gran tema, que no brilló como se merecía por la dolencia de Kovalski y el impedimento que le suponía llegar a los agudos exigidos por la pieza.
«City of Gold». Tema extraído del álbum de BBM –Jack Bruce-Ginger Baker-Gary Moore-, que para Jack es el mejor álbum de su padre, junto al Still Got The Blues. Interpretación más bien modesta, pero con un buen solo propio de guitarra.
«Improvisación instrumental». Tal como he comentado antes, creo que fue el mejor momento de la noche, primero por el extenso solo blues que desgranó Jack Moore, acercándose al público y mostrando su buena digitación, por el uso magnífico del wha-wha que domina extraordinariamente; más por la parte de batería, que engrescó al respetable, más por la simpatía que obtuvo que por la instrumentación.
«Don’t Believe a Word». Cover de Thin Lizzy, en homenaje a uno de sus músicos favoritos, Phil Lynott. Posiblemente el único solo de guitarra que respetó al 100%.
«Why Does Love (Have to Go Wrong)». De vuelta al álbum BBM, en una interpretación más que acertada de la banda, con un Kovalski que se esforzó al máximo en alcanzar los preciosos agudos de Jack Bruce, ayudado inteligentemente con la guitarra de Jack, que bajó casi al final del mástil para apoyar la maltratada voz de su compañero. Extenso solo de guitarra que nos regaló, alejado del original, pero con personalidad propia.
«Walking by Myself». El clásico de Jimmy Rogers que Gary incluyó en Still Got The Blues, y que fue uno de los temas que sonaron muy parecidos, pero que sinceramente creo que si hubieran vuelto a bajar el tempo, hubiera sonado mejor. Sin embargo, fue uno de los que más gustó al público, o así lo demostró.
«Parisienne Walkways». Único tema de la época pre-blues de Gary Moore, si no tenemos en cuenta el de Thin Lizzy; y escogieron una balada. En fin, no fue nada destacable, salvo que la interpretó con su hermano Gus Moore.
«Midnight Blues». Volvemos al Still Got The Blues, para recaer en una balada blues, que posiblemente no sea la más apropiada para finalizar un show, pero que respetó la versión de Gary Moore. Supongo que Jack se encuentra más cómodo en estos temas más ralentizados.
Encore:
«Still Got the Blues». Parecía que no podía faltar y, ciertamente, el público enloqueció. Personalmente, hubiera preferido terminar el corto show con «Moving On», «Texas Strut» y sobre todo con «Too Tired». No podemos asegurar si el show terminó de forma premeditada o por el hecho de que en este último tema Jack rompió la cuerda prima, y a esas alturas de bolo, era complicado parar para cambiarla.


En resumen, se trató de un buen concierto, que si no hubiera sido el hijo de quien lo es, no hubiera llamado la atención de casi nadie; pero, como el propio Jack dice, “el apellido es una bendición y una maldición al mismo tiempo”; bendición porque nadie que no posea ese apellido puede estar codeándose con los músicos con los que se codea, y mucho menos realizar giras como las que está haciendo; maldición porque siempre tendrá la sombra de una leyenda sobre su cabeza, y las comparaciones pueden ser muy odiosas, demasiado.
Me lo pasé genial, me divertí, que es uno de los objetivos de la música; no lo comparé con nadie, pues es imposible igualar a su padre, y fui a disfrutar. No sé si la banda tiene futuro o no; personalmente, creo que cuanto antes abandone esta faceta y se centre en su propio estilo, mejor; pero claro, puede ser tímido, pero no tonto, y una plataforma como el apellido es un tesoro.
Pienso que quizás sería interesante ver de nuevo a la banda, solo interpretando su material, que me parece muy bueno, pero claro, seríamos cuatro gatos mal contados.
Texto: JL Bad
Fotos: K Wojtyla






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