Hubo un tiempo que te bajabas en el metro de Universidad, le echabas un vistazo a las famosas taquillas de la plaza, donde podías comprar en papel la entrada del concierto que ibas a ver dentro de unas semanas o un mes; entradas troqueladas y de un diseño maravilloso, que doblabas y guardabas en la cartera como un tesoro que no todos podían tener.
Después bajabas a la calle Tallers e ibas entrando en las numerosas tiendas de discos que allí se encontraban, buscando reliquias de segunda mano o el último álbum del grupo que verías en concierto, eso sí, sin olvidarte de las cintas de cassette, porque cada colega se pillaba un elepé y grababa cintas para los demás; buen método de supervivencia musical. No era nada extraño que terminaras en el 13 de Tallers, donde Jesús, antiguo disc jockey de Les Enfants y ahora en Discos Revolver, te recomendaba lo que valía la pena escuchar.
Tras la compra, seguías tu camino, comprabas unas litronas de birra fresca en una bodega de las de toda la vida, no un badulake donde trabaja la misma persona las 24 horas del día y los siete días a la semana, y te las beneficiabas en las escaleras del puerto, acompañadas de unos petas y abriendo los vinilos para disfrutar del arte que allí se plasmaba.

Con el tiempo, tras las putas olimpiadas, lo primero que desapareció fue el quiosco de las entradas de Plaza Catalunya, no nos preocupamos, porque se podían comprar en las tiendas de discos de Tallers, pero esa fue una de las primeras señales de que Barcelona estaba en venta y que poco a poco dejaría de ser una ciudad bohemia, con personalidad y cultura, para convertirse en un gran pastel que se repartían entre políticos, empresarios y la burguesía catalana. Nos la metieron doblada y sin vaselina con el puto evento deportivo, y la supuesta transformación de la ciudad en una urbe moderna, que no modernista, europeizada, que no europea, culturizada, que no culta… la antesala de la enorme mierda en la que se ha convertido tres décadas después.

Tallers fue cambiado su fisonomía, cerraban las tiendas de discos y surgían como caracoles tras la lluvia, locales sin personalidad, de consumo pseudo intelectual y diseño frío y nórdico, en los cuales pedir una birra era signo del extrarradio y poco cool, mientras que una ensalada mojada con gin-tonic era modenno y cosmopolita. Pero siempre estaba el número 13 de Tallers, que al igual que el 13 Rue del Percebe resistía los envites del tiempo, la globalización, la digitalización de la música y toda la retahíla de nombres que adornan el genocidio cultural de la ciudad. Discos Revolver, La Roja, seguía siendo un símbolo de lucha y apostó por la venta directa, por el vinilo y por las rarezas, mientras que su antaño compañera, La Verde, lo hizo por la venta on line.

Aunque el revival del vinilo pudo traer tiempos mejores, tampoco ha sido tan importante para luchar contra especulación y la incorporación al reparto del pastel de fondos buitre, esos engendros del capitalismo caníbal que han esquilmado lo poco que quedaba, léase salas de concierto, bares de los de siempre, librerías, tiendas de barrio y cómo no, tiendas de discos. Discos Revolver «La Roja», cierra a final de mes y con la bajada de la persiana se pierde mucho más que un comercio, se nos va un punto de apoyo de la cultura musical de esta ciudad, y por qué no decirlo, sin sonrojarse, de todo el país. También se esfuma la esperanza de que luchando se resiste ante la mediocridad del capitalismo, la obscenidad del turismo de garrafa y despedida de soltero, de la gentrificación, de la desidia demostrada por el ayuntamiento, que se llena la boca de babas corrosivas mientras apoya el desguace de los ciudadanos a los que se supone que representa. Revolver cierra, pero falta muy poco para que se cierre la ciudad a cal y canto, al menos para los barceloneses.
Tan solo desear a Nuria y Jesús mucha suerte en su camino, y que se sientan orgullosos del legado dejado, claro que eso se dice muy fácil, porque del legado y el prestigio no se come.
La ciudad es un caso perdido, los eucaliptos sembrados han secado la tierra, las gaviotas se comen todo lo podrido que han dejado, los cruceros nos envenenan el aire, la música desaparece, y una ciudad sin música es una ciudad muerta.
Hagas lo que hagas, creas en lo que creas, luches por lo que luches, ten en cuenta lo que dijo Lemmy, «Dios nunca estará de tu lado»… siempre estará del lado de los ricos.
JL Bad


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2 respuestas a «EN UNA CIUDAD DECADENTE CIERRA DISCOS REVOLVER»

  1. Por suerte la tienda de al lado permanecerá abierta, esperemos tener Revólver para muchos años más🙏🏻🎸🔥

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  2. Quina merda tot plegat… Molta sort a la gent de Revolver!!!

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