Rambalaya rompe la barrera del idioma con Siete. El nuevo EP reúne a Tarque, Carlos Segarra de Los Rebeldes, Ovidi Tormo de Los Zigarros y Angie Sánchez en el primer trabajo íntegramente en castellano de la banda.

Hay discos que nacen como una anomalía dentro de una trayectoria. No porque renieguen de lo anterior, sino porque deciden tensar sus límites. Siete, el nuevo trabajo de Rambalaya, pertenece a esa categoría. Después de tres álbumes construyendo uno de los cancioneros más sólidos del rhythm & blues estatal contemporáneo (siempre en inglés, siempre mirando de frente a la tradición afroamericana), la banda decide ahora girar el volante y enfrentarse a su propio idioma. Y lo hace sin red.

Disponible a partir del próximo 22 de mayo, Siete no es un simple ejercicio de traducción ni un movimiento táctico para ampliar mercado. Lo que plantea el grupo aquí es algo bastante más complejo: desmontar siete canciones clave de su repertorio y volverlas a levantar desde otro lugar emocional. Cambia la lengua, pero también la temperatura de las canciones. El resultado conserva intacta la pegada del rhythm & blues clásico, el soul musculoso y el rock americano que siempre han definido a Rambalaya, aunque ahora todo parece suceder unos centímetros más cerca.

La transformación no habría sido posible sin un trabajo minucioso de reescritura. Los propios miembros de la banda han liderado la adaptación de los textos, acompañados por las aportaciones de Raquel Salvador y Dani Nel.lo, responsables de trasladar al castellano las canciones compuestas por Anton Jarl, Matías Míguez y Héctor Martín sin perder naturalidad ni nervio narrativo.

También hay algo profundamente simbólico en el propio título del disco. Siete remite al número de canciones que conforman el EP, pero también a la identidad colectiva de una banda formada precisamente por siete músicos que llevan años funcionando como una maquinaria perfectamente engrasada de soul sudoroso, vientos incendiarios y rock de carretera.

El viernes 22 de mayo podrás escuchar el EP

El disco cuenta además con cuatro colaboraciones que ayudan a ampliar el mapa estilístico del proyecto sin romper su coherencia interna. Carlos Segarra aporta su veteranía rockabilly y ese fraseo que parece salido de una carretera secundaria norteamericana; Tarque introduce gravedad y electricidad; Ovidi Tormo de Los Zigarros suma filo guitarrero y actitud; mientras Angie Sánchez añade textura, sensualidad y contraste.

Musicalmente, Siete funciona como una pequeña cartografía de las obsesiones sonoras de Rambalaya. Hay rhythm & blues clásico en “Estás a la que salta”, rock sureño en “Cantos de sirena”, aromas fronterizos, medios tiempos soul y baladas nocturnas como “Solo te soñé”, nueva encarnación de “Only In My Dreams”. También reaparece “Bootlegger Man”, convertida ahora en “Fuera de la Ley”, probablemente una de las canciones más inmediatas y magnéticas de todo el repertorio reciente del grupo.

Grabado entre estudios de Alicante, Valencia, Mallorca y Barcelona, el EP sirve además para poner definitivamente en primer plano las posibilidades vocales de Jonathan Herrero. Su interpretación, siempre intensa, encuentra aquí una dimensión distinta: menos impostada, más física, más cercana. Como si el castellano hubiese abierto una puerta emocional que permanecía entrecerrada.

Lo más interesante de Siete es que evita caer en la nostalgia o en el cliché de “hacer soul en español” como rareza exótica. Rambalaya entiende perfectamente que el soul no depende de un idioma concreto, sino de la manera en que una canción transmite deseo, pérdida, euforia o derrota. Y en ese sentido, este disco no suena a experimento: suena a evolución.

Con Siete, Rambalaya no abandona el territorio que llevaba años conquistando. Simplemente decide nombrarlo con palabras nuevas.


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