GYOZA
THE VIL VEINS
Sala Laut
, Barcelona
29.05.26

Vivimos en la Península una nueva ola de calor. El asfalto del Paral·lel quemaba. Un hervidero de gente entrando en Apolo para ver a Elliott Murphy; otros apuraban las últimas cervezas en las terrazas de los alrededores. Yo me acerqué a la sala Laut, a la que se accede por un pasillo oscuro. Al final del recorrido estaban los miembros de Gyoza en la taquilla, bebiendo cerveza y tranquilos, como si la noche no fuera con ellos. Venían del Isidro Sound de Madrid, con la muñeca caliente y ganas de tocar delante de los suyos en Barcelona. Presentaban su último trabajo, Beber y Soltar. Una maravilla de EP. Sencillamente perfecto. Qué canciones y qué sonido. Producido por Adrià Marvá y masterizado en Ultramarinos.

Abrían la velada The Vil Veins, que se encargaron de incendiar el ambiente. Rock del bueno. Buenas canciones, mucha energía y un carisma que no pasó desapercibido. Conviene seguir de cerca la evolución de esta banda porque tiene muchas cosas que decir. La sala estaba casi llena desde el principio. Se respiraba buen rollo y camaradería. Gente joven y también de mediana edad. Siempre he pensado que el rock, en cualquiera de sus variantes, atrae energía positiva. Desde los conciertos de los noventa hasta hoy, del heavy al rock duro, existe una legión de seguidores que viven cada cita como una misa donde la cerveza y el respeto fluyen a partes iguales. Tal vez sea una visión romántica, pero es exactamente lo que siento. Mientras tanto, el merchandising se vendía a buen ritmo.

Aparecieron los roadies para desmontar los monitores del escenario. Y es que Gyoza toca con in-ears; según ellos, para no quedarse sordos. Colocaron las tres pedaleras de efectos en primera fila y un ordenador encargado de lanzar secuencias. Se sentó a la batería Marina Berlanga y atronó la sala con dos golpes de bombo. Toda una declaración de intenciones. Esa es parte de la magia de esta banda: la tecnología integrada con absoluta naturalidad en su propuesta. Marina es un metrónomo. Los arreglos de directo de Gyoza son exigentes y ella es el complemento perfecto: energía, precisión y buen gusto. Al bajo, Àlex Cardellach realiza un trabajo impecable. Va a todas. Recio y contundente, posee un sonido procesado, marca de la casa, y un carisma indiscutible. Xavi Montferrer, a la guitarra, ejerce de escudero de Adri, aportando arreglos imaginativos y permaneciendo siempre atento a las necesidades de su frontman.

Son una banda que funciona como un reloj. Maquinaria perfectamente engrasada que Adri dirige con guante de seda. Me maravilla la pulcritud del sonido de Gyoza: guitarras afiladas, fuzz elegantes y omnipresentes, marca Lefa Pedals. Una mezcla aparentemente imposible entre la crudeza de las canciones y la limpieza de la producción. Gyoza no tiene prisa. Va cocinando el setlist a fuego lento. Combina destellos de rabia con momentos de profunda calidez. Y no te deja en paz. Sorprende constantemente y no puedes apartar la vista del escenario esperando el siguiente arrebato.

Arrancan con Soltar, el tema que abre su último EP. Una secuencia preciosa con base de piano que introduce al público en su universo. Mientras terminan de colocarse los in-ears, suena una melodía desgarradora y profundamente triste que desemboca en Error, una de las piezas más dolientes de su nuevo trabajo. A partir de ahí, una sucesión de grandes canciones. Llega Beber y Soltar, tema central del EP, donde la voz de Adri, cantando en castellano, termina de cautivar al público. También recuperan Song, de su primer disco. Adri es un gran frontman y un músico todavía mejor. Él es rock. Vibra y hace vibrar. Se mueve por el escenario con soltura y experiencia. Hipnotiza con sus gruñidos guturales, con sus guitarras y con una cercanía al público que resulta contagiosa. Juega y te invita a jugar con él. Propone un Wall of Death y el respetable responde lanzándose sin pensarlo dos veces. Repasan canciones de sus tres trabajos publicados: Killing GoodeNothing to Be Ashamed OfDeliverance o Magma, para volver después al EP Beber y Soltar con De Nada. El final llega con Yes Sir Yes Ma’am, de su primer LP, Gyoza, que desemboca en una inesperada fiesta colectiva. Banda y público acaban bailando y cantando Last Friday Night de Katy Perry. Así transcurrió una noche que me transportó a una Barcelona que ya no existe. Una de esas veladas donde el rock sigue siendo una celebración comunitaria. Una agradable fiesta del rock con mayúsculas.
Texto y fotos: Xavi Malacara


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