ERIC JOHNSON
GUITAR BCN FESTIVAL
Razz 2
, Barcelona
6.07.26

Era la primera ocasión que Eric Johnson visitaba nuestro país, por lo que la expectativa despertada era enorme, sobre todo entre la parroquia guitarrera de la ciudad. Se nos presentaba con buenas críticas en lo musical, pero ciertos reproches de comunicación, lo que no impidió que la sala mediana de Razz consiguiera una entrada más que importante.

Presentándose en formato trío, acompañado por Tal Bergman en la batería y Daniel Kimbro en el bajo, comenzó el show sin apenas saludar, enfundándose su preciosa Fender Stratocaster Thinline e iniciando una primera parte de tonalidad eléctrica, que de inmediato convenció al público con ese sonido que le han bautizado como «Violin Tone», en el que no busca jamás la velocidad de ejecución, pero se obsesiona con encontrar sonidos que en ocasiones parecen imposibles.

De esa primera parte cabe destacar los temas «S.R.V.» en homenaje a Stevie Ray Vaughan, y el cuarto y último, «Friends», antes de cambiar de guitarra por una electroacústica y, sentado junto al bajista, desarrollar un set más acústico, al igual que el anterior, de nuevo de cuatro temas. Aunque fue preciosa la interpretación de «Once Upon a Time in Texas» en formato skiffle, no conseguí encajar con el ambiente tan íntimo del set. Sin embargo, el público recogió con agrado el homenaje a Chet Atkins y Les Paul con «Chester».

Cambio de guitarra, la Stratocaster por una Gibson Les Paul para acometer la tercera parte del show. Llegados a este punto, remarcamos la ausencia de comunicación con los presentes, no tan solo de palabra, porque visualmente Johnson no cruzó la mirada con quien estaba aplaudiendo sus ejecuciones; quiero creer que, como he leído sobre él, su timidez e introversión es el indicio que algunos entienden por prepotencia.
Comenzó con la cover de Duke Ellington «Caravan», pero muy cercana a la que grabaron juntos Chet Atkins & Les Paul en 1976.
Este tercer set se basó en sonidos jazzísticos, fusión y mucha improvisación. Johnson se apoderó del centro del escenario, junto a Kimbro y su bajo, como si estuviera tocando en el comedor de su casa; todo perfecto, un sonido limpio y asombroso, donde sí que apareció la velocidad de digitación, pero frío e impersonal.
Desconecté del todo, aunque evidentemente reconozco la calidad de los músicos y sobre todo de Johnson, que jamás pondré en tela de juicio.
Fue el set más amplio en temas, cinco, y tiempo; también fue donde dejó momentos de gloria a sus músicos, que resolvieron con calidad; pero en este set era complicado pedir una cerveza, lo cual quiere decir algo, creo yo.

Todo cambió con «Trueheart Blues», donde Johnson se desmelenó y configuró otro concierto, mucho más visceral, igualmente limpio y brillante, pero con ese punto de rabia que echaba tanto de menos.
De esta forma abordó el último set del bolo, que podríamos denominar de clásicos. Sonaron a gloria «Desert Rose», «Steve’s Boogie», donde vuelve a rascar sonidos cercanos a Vaughan, y «Cliffs of Dover», tema por el que le concedieron un Grammy. Parco en palabras y casi sin escucharle en las pocas presentaciones que hubo, por qué iba a cambiar al final, así que se fue, para regresar rápidamente, interpretar «Zap», desenchufar e irse hasta la próxima.
Quizás mi problema fue que esperaba un concierto en la línea del maravilloso directo Europa Live del 2014, y me encontré a un genio de la guitarra, Eric Johnson, que estaba en otro momento vital de su música.
Texto: JL Bad
Fotos: McOkie


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