
Tyla’s Dogs D’Amour
The Jerrycans
Razz 3
12.09.26
Buena oferta rock en Barcelona que asignaba horario de tarde al concierto de Tyla’s Dogs D’Amour, debido a la convocatoria de Ronnie Wood en la sala grande del mismo complejo del Razz. De esta forma, pasamos de la justicia del sol de media tarde a sumergirnos en la oscuridad de la sala 3 para nuestra cita con Tyla, que presentaba un buen aforo a su temprana apertura de puertas.
La banda que abrió la velada fue The Jerrycans, grupo de Igualada, curtido en las tareas de acompañar alguna de las giras o como backing band del líder de Dogs D’Amour en el Igualada Rock Festival de 2023. De hecho, en el álbum Fuel Fragance On Friday Night de 2020, Tyla colaboró en el tema «Brooklyn Girl», y animó a pensar, a más de uno, que esa noche se podría unir a ellos para interpretar ese tema, pero no ocurrió.

Concierto sólido de los de Igualada, que marcan un sonido muy cercano a bandas como The Quireboys, The Rolling Stones e incluso Dogs D’Amour y no evitaron exhibir excesivas connotaciones sonoras con el grupo que encabezaba el cartel.
Casi una docena de temas que animaron al personal que casi llenaba la sala y que, por lo que se pudo comprobar, les arropaba una buena parroquia. Destacar que finiquitaron con «Brooklyn Girl» y un extenso cover de «Rockin’ In The Free Rock» de Neil Young.
Todo iba muy rápido, la prisa acuciaba y llegó el momento de reencontrarnos con Tyla de nuevo sobre un escenario; en esta ocasión se acompañaba del productor y guitarrista escocés, Jamie Turnbull, que ha producido varios de sus trabajos y colabora activamente como guitarra solista desde mediados del 2025; el carismático multiinstrumentista y cantautor irlandés Matty James Cassidy que colabora con él desde hace una década, y que también hemos podido ver últimamente con The Quireboys; y el batería Ace Carlton, que a su vez también toca en el proyecto en solitario de Cassidy. Así que no fue de extrañar que la banda sonase cohesionada, compacta y con el balance de frecuencias totalmente en su sitio, no solo arropando a Tyla , que, dicho sea de paso, está en un muy buen estado de forma. Sus registros aguantan el paso de los años, como el poso de un buen vino, ese que atempera su garganta, entre tema y tema. Ese que hace que las vicisitudes de la vida, el paso de los años y la pérdida de forma física que nos procura a todos la edad, no alteren el efecto que produce su curtida y personal voz al empezar a cantar en solitario la intro de cualquiera de sus himnos y que hace que merezca la pena disfrutar de una auténtica dosis de rock’n’roll en bruto, bohemio a momentos, pero sin perder el lado gamberro que heredó del glampunk de los Dolls con su crudo descaro.

Tyla venía a celebrar su 65 cumpleaños y las cuatro décadas del himno «How Come It Never Rains» bajo un nombre de tour que sonaba al regreso de los infiernos: «Celebrando 40 años de lluvias y 65 años de desgracias», como si fuera un réquiem, pero nada más lejos de la realidad, porque sabedor de sus limitaciones actuales, dosifica su voz, reservándose en algunos de los estribillos en los que Cassidy le tomaba el relevo sin que llegásemos a echar nada relevante en falta, y desplegando todos sus trasnochados matices en los momentos álgidos en los que debía estar, llenando todos los huecos de la sala.
«Last Bandit» y un largo trago de vino tinto de su botella abrieron la noche y a partir de ahí surgió esa colección de canciones que nos han acompañado todo este tiempo y que en Razz 3 sonaron sin peros, solo alguno que pudiesen poner los más puristas o los que quieran bucear en una realidad que el paso del tiempo no permite.
La dupla de Turnbull – Cassidy funcionó muy solventemente, el primero con mucho temple y oficio, solos efectivos y en su justa medida; mientras que el segundo tiene todo lo que Tyla puede necesitar, un gran trabajo en las segundas voces, su pose a lo Steve Conte pero armado con el bajo y esa arrogancia conjugada con coros melódicos que tan bien funcionan en el estilo. A destacar «Don’t Ever Stop Lovin´ Me», con segundas voces seguras y una guitarra que supo llorar cuando debía; «Billy Two Rivers», así como los cuatro temas que seleccionaron del álbum In The Dynamite Jet Salon, que para muchos es de lo mejor que ha surgido del cerebro de Tyla.
















Indudablemente, la sala se vino arriba con «Satellite Kid» con esas estrofas iniciales cantadas con voz profunda, acompañado tan solo de los acordes de su guitarra, tan reconocibles y queridas, en un tema que coge fuerza al incorporarse el resto de la banda y hermana. A esas alturas todo el recinto cantaba y bailaba. No era necesario salir a arengar al público, todos rozábamos ese estado de gracia que produce el rock cuando la comunión entre el público y el grupo se intensifica y se funde en un abrazo, pero para la sorpresa de la mayoría, nada más acabar el tema, ¡apareció uno de los músicos teloneros en la parte central del escenario a animar el show! Es algo que no hemos visto jamás y cuesta creer que el tipo asumiese tal protagonismo en un momento tan álgido del concierto, a no ser que pretendiese ser invitado a participar y por la cara de los presentes encima del escenario, no era probable que Tyla se lo hubiese otorgado. Nada más salir, se precipitó el final del show en el que no faltaron valiosas piedras angulares como «How Come It Never Rains» y «Errol Flynn».
No hubo bis a pesar de que el setlist que tenían los músicos en los monitores, contaba con algún tema más, pero la banda al completo abandonó el escenario y la luz de sala se abrió paso entre la penumbra para decirnos que hasta ahí había llegado una muy buena noche de rock, eso sí, algo escasa. Probablemente porque apremiaba la urgencia del cambio de sala para el inicio del show de Mr. Wood, o quizás fuese por el inexplicable espontáneo.
Tyla, dio gusto verte, viejo amigo. Pásate con más tiempo.
Texto: Lady P. / JL Bad
Fotos: K Wojtyla






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