
GILIPOJAZZ
Jamboree, Barcelona
15.05.2026
Nueva visita a Barcelona del trío afincado en Madrid, Gilipojazz, que en tan solo seis años ha conseguido revitalizar el panorama del sonido de fusión y progresivo en nuestro país, al saltarse todas las reglas en una mezcla de virtuosismo y humor ácido, hasta conseguir ganar una buena legión de fans que llenaron los dos pases de la sala Jamboree de la plaza Reial.
La noche arrancó con una locución grabada, muy en la línea del N.O.D.O. o las películas de Paco Martínez Soria, en lo que parecía una regresión total al sonar un tema folclórico, A lo Loco, de Luisa Linares y Los Galindo que nos sacó la primera sonrisa de la tarde. Al eco de cientos de Gilipojazz, salieron a escena los tres protagonistas: Iñaki García a la guitarra, Pablo Levin a la batería y Ángel Cáceres al bajo, con su propuesta básicamente instrumental, utilizando la voz tan solo de hilo conductor y difusión de su humor disparatado pero muy bien orquestado. Nada más empezar el primer tema, dejaron de tocar para realizar ejercicios de estiramientos por aquello de que habían venido en tren, además de reclamar Pablo, el baterista, que “necesitaba” que el tema se tocase en “do sostenido” y otras pájaras mentales del estilo, antes de ir a lio con Cohetes Vallejo, de su segundo disco, Progresa Adecuadamente, con marcados cambios de ritmo y líneas de bajo muy funkies, marco ideal para Iñaki volara sobre su mástil. Al finalizar, Ángel se erigió como el maestro de ceremonias en un rol que le va como anillo al dedo. Es un tipo muy simpático que denota un innato sentido del humor, añadiendo sus toques a cada uno de los temas que ofrecieron en el pequeño escenario de Jamboree. Y eso no restó un ápice de calidad; más bien contribuyó a darle cierto relajo a sus desarrollos instrumentales. Mantuvieron una complejidad sin fisuras, solventada con medidas exhibiciones individuales, nada tediosas gracias a las ágiles dinámicas que mantienen y al buen rollo que destilan entre los tres.

Por cierto, y para llevarles algo la contraria, sonó bastante cadencia jazzística de fondo en las partes iniciales del siguiente tema que interpretaron, Erzuín, aunque es cierto que saboreas de todo un poco. Nos pasearon por los pasajes más prog para pasar al funk rock en segundos, todo muy bien aderezado con el groove que aportaron las interacciones de la guitarra de Iñaki y el bajo de Ángel. Una locura de tema que adquirió una velocidad de vértigo que cortaron con ese mini estribillo que corearon al unísono los tres: “ka ka pa tu ka..o lo que sea que canturrean” antes de desacelerarlo y llevarlo a la parte más melódica para finalmente preguntarnos a cámara lenta: ¿Os – lo – estáis – pasando – bien? Y terminar con el silbido, absolutamente impecable de Ángel, que lo hizo con increíble tono y afinación. Ensayaron diferentes finales, con la coña de los idiomas y la escritura musical midi guitar pro 5.1 con metrónomo. Vacileo gracioso antes de acometer el siguiente tema, Frank Ferdinand, muy cañero, que elevó el ambiente. Un tema del último disco también, en esta llamada gira de despedida del mismo, y como no, siguiendo con la broma, disco inspirado en Pantera. El siguiente, lo será en Joan Manel Serrat. Así son: sus gags podrían ser la propia letra de sus temas, ya que hilvanan los silencios vocales con la mas ocurrente interacción con el público y eso conduce su propuesta de una forma muy amena y muy poco habitual en la escena actual.

La espiral en la que nos envolvieron nos llevó a Payasos, inspirado en un videojuego que nunca existió, de su primer disco, ¿Dónde está el Jazz?, nos hizo pasar de pantalla a ritmo de maquinita de los años 90, enlazando con Metalpatitos y su cua cua. Mi madre es azafata (y viajar me sale a la mitad), uno de los temas más melódicos de la actuación, en la que se intercaló el silbido de Ángel, que se marcó una escala impecable. Es un tema intimista y relajado que les dio un respiro para acometer la parte final con Lidyan Kreyfor a dúo de guitarras entre Iker y Ángel y el hombre orquesta en que se convirtió Pablo, dándole al bajo y al bombo o Jaco Malfoy inspirada, como reza el nombre, en Jako Pastorius y Drako Malfoy, el malo de Harry Potter. El vertiginoso ritmo que imprimen los riffs iniciales secundados por el bajo y la certera pegada de Pablo, no dieron respiro en todo el tema, más que al final, con una verborrea muy a lo Albert Pla al principio, para acabar canturreando las escalas de sus notas, provocando muchas risas. Aprovecharon también para presentar un tema de su próximo disco, con muy buena acogida por parte del público, con continuos cambios de ritmo y un tempo endiablado, marca de la casa y todavía sin nombre.

Si nos salimos de la mera cuestión instrumental, es realmente divertido no perder de vista sus caras y gestos. Uno de los gags más efectivos y agradecidos por el público, fue el de rescatar un teclado del suelo para hacer una parodia de duelo musical, como si de un sketch de El Tricicle se tratase, Iker empezó a tocar una melodía y tanto Pablo como Ángel peleaban por su espacio en el teclado. Así acabaron los tres en el Nord DStage 4 a seis dedos interpretando un fragmento de «Hocus Pocus» de la banda holandesa Focus y de la serie de animación «Dragon Ball» entre bromas varias y ese silbido tan singular de Ángel.
Después vino su llamada “canción de superación”, «Aguante y paciencia» en la que se saboreó ese toque latino combinado con estribillos vocales y melodía ciertamente festiva.

Finiquitaron entre negativas de los presentes con «Hasta mañana si Dios quiere», para volver rápidamente, y es que el tiempo apremiaba para el segundo pase, pero aún dio tiempo para tocar «Iker me debe un café» y la resolución de la deuda, «Iker ya no me debe un café». Nos quedamos también a los cuatro primeros temas del segundo pase y hubiésemos hecho doblete completo sin duda alguna, si no hubiésemos tenido otro compromiso.
La complejidad de las composiciones, la maestría con la que las llevan a cabo, así como su sentido del humor irónico y ciertamente mordaz, lleva a recordar a grandes como Frank Zappa, Primus o King Crimson, y las historias descabelladas, los conectan directamente con The Aristocrats.
Fueron un total de setenta minutos para ese primer pase que se nos antojó un suspiro, y que es otro de los grandes logros de estos músicos en mayúsculas, hacer que su relato musical, de enrevesados desarrollos y con estructuras de locura, sea muy adictivo para los oídos y la vista. Obviamente, los horarios oficiales de la sala delimitaron bastante la duración para cada uno de los dos pases previstos.
Lo que no cabe duda es que Ángel, Iker y Pablo, Gilipojazz, no dejan indiferente a nadie. También que es mucho más placentero verles en sala que en el escenario de un festival. Que ya están preparando el nuevo álbum del que nos adelantaron una pieza sin nombre, que continúa con su sonido propio y que siguen progresando mucho más que adecuadamente.
Gilipojazz son ingeniosos, dominan no solo sus instrumentos y composiciones, también, el espacio entre la excelencia y lo mundano que les permite llegar con mucha fuerza al público. La prueba más evidente fue cuando les vimos en el Carxofa Festival de El Prat, con un público de lo más variopinto, que se rindió sin condiciones ni peros a su propuesta. Aplaudimos esa gran capacidad de proyección y comunicación que gana enteros en sala y hacia un público más focalizado como fue la ocasión.
Esperamos nuevo disco y a buen seguro nos cruzaremos de nuevo en todos los directos que podamos. No hay que dejarles pasar de largo.
Texto y fotos: Lady P. / JL Bad






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