
Mirorock
The Screamin’ Cheetah Wheelies
Sol Lagarto
Silverflame
La Mirona, Salt -Girona-
11.10.26
Tras una jornada casi maratoniana en el Festival de Blues de Cerdanyola, como se suele decir, cogimos carretera y manta, para presentarnos en La Mirona de Salt y asistir a uno de los conciertos más esperados de esta segunda mitad de año, The Screamin’ Cheetah Wheelies, que llegaban celebrando las tres décadas del álbum Magnolia.
De entrada, me gustaría aclarar que soy más del álbum homónimo de debut que del Magnolia, aunque reconozco que el éxito que obtuvo ese segundo disco los colocó en el mapa de culto en el que se han movido. Dicho lo cual, nada tiene que ver con aprovechar la celebración que sea para degustar buena música.

Abrieron la noche Sol Lagarto, banda de Barcelona formada por Ernest Armengol como vocalista, Ramón Montardit al bajo y coros, Norman Cilento, batería y coros, más Frank Montasell y Oriol Ragull a las dos guitarras.
Aunque comenzaron mientras entraba el público, al poco de estar marchando el repertorio de los Lagarto, ya tenían la sala pequeña completamente abarrotada de público. Había ganas de verles de nuevo encima de un entarimado, pues en esta renovada juventud musical que disfrutan, se dejan ver poco y, por lo general, en grandes eventos. Atrás quedaron las penurias de antaño, cargadas de kilometraje, sinsabores y pérdidas económicas.








Es por eso que se les ve felices allá arriba, en ocasiones pletóricos, y no es para menos; es una de las bandas más queridas de nuestro rock.
Sonaron temas de todas las épocas de la banda, como en un Greatest Hits Tour, siendo las nuevas canciones las que menos engancharon con el personal, salvo «Perseguidos», que nos la sabemos al dedillo. Sonidos southern rock, con riffs potentes que combinan las dos guitarras, con un Frank que estaba con el día en estado de gracia.
El público, que en la mayor parte se desplazó para ver a Mike Farris y los suyos, encajó perfectamente en el repertorio de clásicos de la banda catalana.
«Una dosis más te ti», «Vampiros», «La ciudad del miedo», «Me faltas tú» y sobre todo «Radio Muerte» y «Mira adelante», más alguna cover, levantaron al público para iniciar la ceremonia del rock.
En definitiva, fue un buen concierto para los que conocemos al grupo y lo echamos de menos, y una grata sorpresa para aquellos que llegaban despistados y se encontraron con una banda sólida como pocas.


Una vez terminado el setlist de los Lagarto, se abrieron de par en par los muros metálicos que nos separaban de la sala grande, donde ya estaba todo probado y testado para un nuevo show. Como si de unas rebajas de grandes almacenes se tratara, parte del respetable dejó de serlo para correr como descosidos y apalancarse en la valla. Se respiraba amor al ídolo, Mike Farris, muy por encima del que supuestamente despertaba la banda al completo. Algo que se pudo comprobar en la ovación que recibió nada más aparecer en el escenario y que le obligó a plantarse delante del escenario para saludar.
La actuación llegaba acompañada de críticas excelentes en su recorrido por la península, así que era cuestión de relajarse y disfrutar; tampoco es que hubiera cancha a las sorpresas, pues el setlist había recorrido por las redes a nuestros oídos generosamente hacía días.
Como era de esperar, Farris pilla de un rac la armónica y comienza a esbozar «Backwoods Travelin’», inicio del álbum Magnolia, que interpretaron al completo y en el orden expuesto en el vinilo. La banda es un noventa por ciento la original, con Terry Thomas a la batería, Bon Watkins en la guitarra rítmica y doblando solos con Rick White, que ha realizado la gira sentado en un taburete, debido a su estado de salud, lo cual no le impide realizar sus complicados solos de guitarra y los arreglos que forman parte de la personalidad de la banda. Tan solo falta Steve Burgess, bajista original, porque fue diagnosticado de alzhéimer y tuvo que abandonar el grupo. Desde que se confirmó su baja, Screamin’ ha jugado con un bajista sideman, que no termina de pertenecer a la agrupación; en este caso era Dean Tomasek en las cuatro cuerdas.







Desde el primer tema, sorprende el estado de forma de Farris, que no para de moverse, bailar, incluso saltar, contrastando con la poca movilidad del resto de la formación, pero lo tremendamente sobrecogedor es la poderosa voz que sigue conservando, que le permite alzarse por encima de registros que nos dejan boquiabiertos. Y aquí, debo aclarar que era mi primera vez con los Wheelies, pero mi cuarta vez con Mike Farris —La Boîte en 2004, Festival de Blues de Cerdanyola en 2010, Bikini en 2016—, y os puedo asegurar que tuve el vello de punta en casi todo el show, siendo uno de los mejores que he visto del vocalista.
No habían pasado veinte minutos de bolo cuando sonó la armónica de entrada de «Magnolia», justa, precaria, ínfima, pero todos enloquecimos, algunos mucho más de lo deseado, pero es que el concierto era de una brillantez poco creíble, con un sonido casi perfecto que acompañaba al disfrute de los temas, aunque no apagaba los cánticos desfasados y desafinados.









La olla estaba entregada y, por poco que hicieran, la respuesta era extrema, más a medida que se iba acabando el álbum Magnolia. Yo me quedo con «Father Speaks» e «I Dreamed»; nunca he conectado con «You Are», aunque Farris desgarra la voz como un poseso… Se terminó el primer pase.
Y al cabo de un espacio de tiempo moderado, comienza la segunda parte, que entregaría siete temas y que, sin lugar a dudas, nos dejó mucho más rock. «Halcyon Days», del tercer disco, abre la antesala de la locura descontrolada en «This Is The Time», de una belleza magnificada por la gran voz de Farris, que aguanta como un cosaco, sin desfallecer; tan solo se enfunda de vez en cuando la guitarra para descansar, pero rápidamente vuelve a saltar, bailar y arengar a la peña.
Momento álgido es «Leave Your Pride», donde el soul y el funk se dan la mano, para seguir con un radical «Boogie King» e intentar abandonarnos con el medio tiempo de «More Than I Can Take», que solo consiguió que se vociferara más pidiendo lo que faltaba y que para servidor era lo mejor.
¿Cómo se puede superar un show que era casi perfecto? Pues con dos dardos venenosos de la talla de «Shakin’ The Blues»; impresionante y pletórico, más un hipnótico «Ride The Tide», con sabor a clásico y ese guiño en los coros al «Sympathy for the Devil» de los Stones. No creo que se pudiera encontrar un mejor final para el que, según la opinión de muchos de los que nos desplazamos a La Mirona, es uno de los conciertos del año… Yo no tengo ninguna duda al respecto.


Nada más terminar la actuación de The Screamin’ Cheetah Wheelies hubo desbandada generalizada, pero la sala pequeña resistió el embite y mostraba una buena asistencia, en donde comenzó la actuación de la banda de Girona Silverflame, que hicieron un repaso de sus dos discos editados hasta la fecha, First Flight de 2018 y Fly On de 2025.
Nacidos de los restos de La Banda del Yu Yu, se caracterizan por haber heredado el toque southern de los primeros, pero ampliando el sonido a un buen abanico de rock clásico de cosecha de los setenta.
La banda está encabezada por la vocalista Sheila Endekos, hiperactiva, que no para quieta ni un momento; Jordi Vila en la batería, Fran Esquiaga al órgano Hammond, Javi Galán al bajo, anunciando la banda que dejaba el grupo y era su último concierto, más las guitarras de Jordi Turon y Jep Vilaplana, que es sobre quienes se aposenta el sonido de la agrupación.








Buenos temas, cargados de southern, soul, blues y rock, con guitarras dobladas de mucho gusto y una base rítmica compacta y altamente eficaz, apoyada por un teclado que recrea atmósferas áridas y sudorosas.
No importó que mucho público abandonara el recinto, pues realizaron un set contundente y sin desánimo, algo que habla muy bien de unos músicos que salieron a escena pasada la una de la madrugada.
Un gran concierto, que contó con una nutrida parroquia que se conocía los temas y que acompañó al grupo en todo momento.
Algo provocaron, ganas de verles de nuevo en un horario más moderado.
Una banda con estupendo futuro.
Texto y fotos: JL Bad






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