XVIII ANIVERSARIO DE ROCKSOUND
THE SOUTHERN RIVER BAND
RAZZ 2. Barcelona
8.03.26

Segundo de los conciertos con motivo del aniversario de la desaparecida sala Rocksound, con su espíritu más vivo que nunca y orgullosos de presentarnos, después de haber ido a ver su directo el año pasado en Francia, una de sus apuestas.

La sala presentaba un ambiente formidable y mucha expectación por una banda, The Southern River Band, que cosecha muy buenas críticas allá por donde pasa, tanto que pasaron de la sala pequeña a la sala mediana del Razz, con un rotundo sold-out. Y es que el momento hype de los australianos se saldó con un aforo más que merecido y congregó una nutrida parroquia de la escena rock catalana, dispuesta a pasarlo bien.

Y lo cierto es que la noche empezó muy bien, con la intro «Hot For Teacher» de Van Halen y eso ya era toda una declaración. Tras un breve saludo, empezaron desgranando sendos surcos de su último trabajo, Easier Said Than Done, «Don’t Take It To Heart» y «Something’s Gonna Give», con su vocalista y guitarra Cal Kramer, ejerciendo de líder absoluto. El segundo guitarra, Dan Carroll, sin abandonar su rincón y mucho más comedido, sorteaba los riffs y secundaba melodías con un destacable trabajo, mientras la base rítmica la conformaban un activo y sonriente Tyler Michie junto al bajista Pat Smith en un sólido tándem. 

Desde el primer minuto, se pudo comprobar la entrega del público. Así es el boogie rock de estribillos y coreables riffs con sólida base rítmica, que se torna una fiesta inmediata, como ocurrió al sonar el doblete del potente riff con el que empezó la bailable «Watch yourself (You’re Gonne Hurt Somebody)», claro ejemplo, metiendo al público en el bolsillo. Llegábamos a la cuarta canción, la adrenalínica «The Street Don’t Lie», y al finalizar, Cal, como buen aussie, se quedaba sin la parte superior de su atuendo. Y llegó el turno de «One Last Dance», donde la rítmica de Cal, tirando de flanger, sobrevolaba la sala, llevándonos a otra época. No se dejó ningún detalle, incluido un tapping en su solo central. Todo un guiño al que se adivina uno de sus referentes a la guitarra que ya dejaron claro al inicio del show.

El setlist estuvo principalmente dividido entre sus dos últimos trabajos, D.I.Y  y Easier Said Than Done; no obstante, echaron mano de algunos sencillos recogidos en sus directos como la comercial «Summer Song» y el mencionado boogie rock «Watch yourself (You’re Gonna Hurt Somebody)» o bien la sentida «When It Falls Apart» de su primer álbum Rumour & Innuendo donde lucieron especialmente las segundas voces del bajista Pat, momento de calma, para pasar a elevar revoluciones de nuevo con temas como «Stan Qualen», «Chimney» o «Vice City III».

Tras lo que parecía una despedida, o más bien un descanso, aparecieron para el bis de rigor con la dulce balada «One Of These Nights (I’ll Be Gone)», con un bonito solo desgranado íntegramente por Cal y que contó, una vez más, con las melódicas segundas voces de Pat y que, sinceramente, desbravó un poco el ánimo a esas alturas de la noche, pero lo solventaron con el potente «Fuck You, Pay Me». Ese estribillo pegadizo hizo desgañitarse a más de uno en lo que se preveía que sería el tema final. Pero, a su propio grito de ¿Una más?». Respondió con sus propios y siempre efectivos riffs con flanger, sobrevolando una vez más la sala, a la vez que Dan hacía su parte hasta enredarse ambos a dúo en los riffs iniciales que nos adentraron en «Vice City II», esta vez con mayor protagonismo de Dan a cargo del solo final y con la que finiquitaron el show. 

The Southern River Band es un buen exponente del hard rock aussie, cierto que a momentos coquetea con el lado más popero de la corriente, pero, obviamente, llevan marcado a fuego a los hermanos Young en muchos de sus riffs y también otra gran cantidad de influencias, que no hace falta nombrar, como muestran las armonías de sus guitarras a dúo, los riffs de gancho más glam, los efectos que usan o ese sencillo pero demoledor boogie rock que destilan los fraseos de sus guitarras. El éxito de las bandas radica en su habilidad para hacer suyo, mediante su personal alquimia, todo lo que ya está inventado del rock’n’roll. Es así como nace la personalidad en las bandas y es ahí donde les queda margen y trabajo por hacer.


La banda destila una actitud y una energía encomiables; cierto es que hay algunos tiempos muertos entre tema y tema, pero para nada preocupantes y totalmente asumibles, dado que era el final de una intensa gira. Últimamente, parece que es más apreciado y aplaudido interactuar en exceso con el público, consumiendo minutos interminables para alargar los descansos, sin que se perciban como tal. No es mi caso y no me molestó, en absoluto, lo parco de sus transiciones entre tema y tema porque se mostraron naturales y espontáneos, como si fuese una fiesta entre amigos; afinando y recomponiéndose con sus traguitos de Jameson, sus cervezas y lo que carajo bebiesen con aspecto de naranjada, que para eso lo estaban sudando.

Sí se echó en falta un poco más de engranaje entre algunas de sus canciones y consecución del setlist que, a momentos, perdía esa conexión tan necesaria para mantener el concierto sin fisuras, y no precisamente por temas más tranquilos. No un concierto de menos a más, pero sí se apreciaron desconexiones durante la ejecución de alguno de los temas. Eso que se percibe, comúnmente, cuando se rompe el hilo conductor de una banda que hace que el escenario, a flashes, se pueda quedar algo grande y que solo el rodaje de los directos, la habilidad al mezclar influencias y parir una identidad arrolladoramente propia, consigue paliar.


The Southern River Band es un buen grupo de rock’n’roll en crecimiento; cuentan con tres discos en estudio y otros dos en directo, van en constante y elevada popularidad. Dado su perfil de cierto high energy y habilidades; cabe esperar una buena proyección y pasarlo muy bien en sus directos.

Nuestra más sincera enhorabuena a Rocksoud-Acaraperro por un aniversario que nos ha hecho vibrar, emocionar y camaradear, ofreciéndonos su siempre genuina aportación que mantiene viva la llama del rock’nd roll en la ciudad.
Texto: Lady P.
Fotos: Mercè Carbonell / DBruc


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